El blog de Ramón Tamames

508. El Estado y las regatas

22.04.08 | 10:25. Archivado en Artículos

De la revista La Clave, de esta semana, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

Hay cierta unanimidad entre los historiadores, sobre el hecho de que, aparte de algunos antecedentes, la era de las empresas públicas de ámbito estatal empezó con las fábricas reales de la protoindustrialización; asociadas, especialmente, a la figura de Jean-Baptiste Colbert, quien para satisfacer los lujos y las necesidades de los ejércitos de Luis XIV, creó una serie de unidades públicas de producción en áreas tan diferentes como textiles, tapices, porcelanas, armas, pólvora y municiones, navíos de guerra, etc.

En el caso de España, el nieto del mentado Luis XIV, Felipe V, hizo lo propio, con fábricas como las de cristal de La Granja, porcelanas del Buen Retiro, paños de Ezcaray y otros lugares; sin olvidar las fábricas de tabaco y cañones de Sevilla, y los astilleros reales de Cartagena y otras ciudades marineras.

Pero siendo interesantes esos antecedentes, que en nuestro caso se arruinaron definitivamente con la Guerra de Independencia entre 1808 y 18014, y sin olvidar experiencias decimonónicas como las del mercurio, de Almadén, las salinas de Torrevieja, el monopolio del tabaco, y algunas fábricas militares, lo cierto es que fue con la Dictadura de Primo de Rivera cuando las empresas públicas se desarrollaron activamente en España. En asociación o no a monopolios concretos: Telefónica, CAMPSA, Tabacalera, Banco Exterior de España, Paradores Nacionales de Turismo, etc.

Pero, la gran eclosión llegó con la autarquía de la postguerra incivil, con el Instituto Nacional de Industria (INI), nacido en 1941; y que ante la poca iniciativa privada, o por el mero intervencionismo del franquismo, entró en los sectores más diversos: carbón, hidrocarburos, energía eléctrica, siderurgia, aluminio, construcción naval, automóvil, aeronáutica, celulosa y papel, textiles, etc. En todo un proceso al que fui refiriéndome evolutivamente en Estructura Económica de España; hasta llegar a la 25 edición actualizada (en coatoría con Antonio Rueda), que acaba de publicarse por Alianza Editorial.

Esa eclosión de empresas estatales de la era de Franco, fue trastocándose con las privatizaciones derivadas de la nueva ola de liberalismo económico, que se extendió a partir del primer choque petrolero de 1973. Y también por la exigencia de la Comunidad Europea de suprimir los monopolios comerciales. Doble impulso al que se unió con gran fuerza el cuarto criterio del Tratado de Maastricht (1993), sobre reducción de la deuda pública, hasta situarla por debajo del 60 por 100 del PIB. Para lo cual eran necesarios recursos extraordinarios de capital, a fin de amortizar; que se arbitraron con la enajenación de empresas estatales. Proceso que se inició en tiempos de Felipe González y se aceleró con José María Aznar, hasta quedar hoy reducida la presencia del holding SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) a una veintena de empresas, en bastantes casos de difícil o imposible venta y de problemático cierre.

La historia nos revela cómo a lo largo del tiempo, las tendencias de actuación del sector público en el sistema productivo de bienes y servicios, han ido variando. En función de necesidades o doctrinas, o en una combinación de ambas cosas. Pudiendo decirse además, que en la hora presente, cuando las ideas de planificación desde los poderes públicos brillan por su debilidad o su ausencia, las empresas estatales no gozan de ningún favor ambiental. Entre otras cosas, porque la eficacia (hacer las cosas) y la eficiencia (hacerlas bien), son dos aspiraciones que generalmente se desarrollan mejor con criterios empresariales privados, por propietarios que asumen el riesgo.

En última instancia, quedarán empresas públicas estatales en áreas como seguridad, defensa, emprendimientos internacionales (espaciales, telecos, etc) o de impulso de altas tecnologías. En línea con lo que se preconiza desde el pensamiento económico más generalizado de nuestro tiempo con la metáfora de las regatas: los empresarios, que remen, para avanzar lo más rápidamente posible; con el Estado al timón.

Ramón TAMAMES

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