De Estrelladigital, del 10 de abril de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
No me prodigo, ya lo saben mis queridos lectores de Estrelladigital, en comentarios sobre literatura, y lo hago, ciertamente, mucho más sobre viajes y otros avatares. Por mucho que sea consciente del hecho de que recomendar buenas novelas, y sobre todo con gancho, al respetable, es de lo más aconsejable. Por ser muy gratificante, al menos para algunos de quienes reciben el mensaje. En ese sentido, no puedo por menos de valorar en alto grado, ya lo digo desde ahora, el reciente libro de Manuel Hidalgo, que lleva por título “Lo que el aire mueve”, que ha sido I Premio Logroño de Novela, editada por Algaida.
El epígrafe de este artículo ya introduce la tesis: estamos, seguramente, ante una especie de El Jarama de la España actual, en línea con lo que fue en su momento, en 1956, ese título debido a Rafael Sánchez Ferlosio. Donde se relataba la excursión de un grupo de amigos al río del citado nombre, para bañarse allí un buen domingo de verano. Una obra que tuvo especial resonancia, porque en ella supo recogerse el lenguaje de la juventud de entonces, ya un poco descarnado y alejado también de las pautas literarias al uso. Tal vez se diga que exagero en esa comparación, y que la novela de Hidalgo que comentamos aquí, es más liviana. Pero eso lo dirán los críticos del futuro.
Precisamente una de las cosas más interesantes, por no decir la que más en el libro a que nos referimos, es la forma de hablar de sus personajes, que se corresponde con la juventud un tanto esteriotipada de nuestros días, se supone que en la capital de las Españas. Gente que no utiliza muchas palabras de nuestro extenso vocabulario, y que se expresan a la pata la llana, en un lenguaje que ya no es el cheli que dijera Paco Umbral, sino una jerga más deteriorada; idioma de quienes viven a salto de mata, esperando que un día —no se sabe si por obra del destino, la providencia, la casualidad, o qué— llegue la solución definitiva para sus propias vidas, que como dice un amigo mío, son un tanto arrastradas.
La novela de Manuel Hidalgo, que me enviaron de la editorial a petición mía, cosa que agradezco, de leí de un tirón. En un fin de semana en el que abandoné mis ocupaciones habituales —ahora lo que más tiempo me lleva son mis propias “Memorias”—, y disfrutando mucho, porque página a página, la cosa va complicándose, y los personajes, que se lían la manta a la cabeza de vez en cuando, no saben de las honduras en que van metiéndose.
El tiempo dedicado a la lectura de Hidalgo creo que ha sido fructífero, para ponerme al día no sólo en el lenguaje al uso entre ciertos colectivos, sino también acerca de la forma de vivir de mucha gente joven, que son una especie de nómadas de nuestras ciudades, yendo de aquí para allá, en un deambular sin rumbo fijo; sucediendo que cuando quieren fijarse en su trayectoria, acaban dándose cuenta de que su hoja de ruta está errando a efectos de solución de sus vidas.
La novela de Hidalgo me parece que es más bien existencialista, si se me permite la expresión. No por aquello del cogito ergo sum de Don Renato, sino porque las vidas de los personajes son una cosa delicuescente, que no se ahorma a un patrón determinado, sino que tiene una especie de fluir ajeno a la voluntad de los protagonistas. Camus y Sartre, sin halagar a Don Manuel Hidalgo, me vinieron a la cabeza algunas veces, por aquello de “El Extranjero” y “El engranaje”, respectivamente.
La novela que nos ocupa se desenvuelve en torno a Javi y Tere, dos hermanos que frisan los veinte años, y que se buscan la vida en la gran ciudad; en contra de la voluntad de su familia, mucho más tradicional, a la que le gustaría verlos trabajar en un bien frecuentado y mantenido bar de pueblo. En ese contexto, Javi tiene una novia estudiosa de informática, quien aparte de las promiscuidades hoy tan habituales, lleva una vida casi de joven burguesa. En tanto que Javi trabaja en una tienda de alimentación, donde su propietaria convierte el acoso sexual en una práctica mecánica y cotidiana, entre cajas de cartón y botes de conserva en la trastienda, al parecer con gran fruición. Por su parte, la hermana, Tere, se mete en cualquier clase de líos, llegando a situarse en medio de dificultades insuperables.
Y hasta ahí, escuetamente, la trama y parte del nudo de la narración, porque no hay nada más abyecto que destripar, en un comentario así, el intríngulis de la novela, llegando al desenlace. Desde luego, no vamos a caer en aquello que decía el acomodador sadomasoquista cuando con su linterna llevaba al cinéfilo hasta su asiento, y si no le daba propina, comentaba con voz queda: ”el asesino es el mayordomo”.
Lo que si diré, en cambio, es que en la parte última de su narración, Don Manuel Hidalgo da muestras de unas ciertas prisas, para darle la puntilla a sus personajes casi en un santiamén, dejándonos con la miel en los labios. Aunque también se agradece que la novela no sea demasiado larga, porque como yo le digo a mi mujer, Carmen, las cosas no se hacen solas, y del ocio hay que pasar al negocio, en mi caso, a las “Memorias” ya aludidas.
La verdad es que de cada diez novelas que cojo para leer, nueve se me caen de las manos, a pesar de mis propósitos de perseverancia, más que de amortización del precio de tapa o de la generosidad de los editores. Por eso, cuando se lee algo como lo que ha hecho Don Manuel Hidalgo, si no es tampoco para tirar cohetes, sí que se queda uno bastante reconfortado. No por la moral de la lectura —en la que aquí no voy a entrar—, sino por esa sensación global que se tiene al final de la misma, y que podría resumirse en frase tan sencilla como: este señor sabe escribir y el tiempo que le hemos dedicado merecía la pena.
Como nota biográfica del autor, tomamos parte del texto, mucho más amplio, que figura en una de las solapas de la obra: Manuel Hidalgo (Pamplona, 1953) es periodista y columnista en El Mundo y otros medios, y crítico de cine, e igualmente guionista. Ha escrito libros de narrativa, ensayo, y tiene dos antologías de sus siempre legibles artículos.
Ramón Tamames
"Camus y Sastre, sin halagar a Don Manuel Hidalgo, me vinieron a la cabeza algunas veces, por aquello de “El Extranjero” y “El engranaje”, respectivamente".
Supongo, Señor TAMAMES que hace referencia a Jean-Paul SARTRE y no a Alfonso SASTRE (aunque estos escritores tiene algo en común en su inspiración).
Saludos de Versailles, Francia
"Camus y Sastre, sin halagar a Don Manuel Hidalgo, me vinieron a la cabeza algunas veces, por aquello de “El Extranjero” y “El engranaje”, respectivamente".
Supongo, Señor TAMAMES que hace referencia a Jean-Paul SARTRE y no a Alfonso SASTRE (aunque estos escritores tiene algo en común en su inspiración).
Saludos de Versailles, Francia
Sábado, 26 de julio
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Alfonso Agís
Invermanía
Ramón Tamames
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero