El blog de Ramón Tamames

490. El líquido amniótico nacional

24.03.08 | 10:50. Archivado en Artículos

Del suplemento Verde de La Razón, del 16 de marzo de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

¿Saben Vds. por qué, entre otras cosas, nos resulta tan placentera la inmersión en el agua, ya sea en un baño, una pileta, el río que nos lleva, un calmoso lago, o en la mar bravía? La respuesta que voy a dar, no sé si sería también la de Freud: en gran medida, eso se debe a que recuperamos, en el subconsciente, la tranquilidad prenatal de encontrarnos en el líquido amniótico del claustro materno, todavía sin obligaciones ni deberes, y casi navegando a nuestras relativas anchas.

Tenemos casi un 80 por 100 de agua en nuestro cuerpo de bípedos de larga duración, y para los colectivos humanos, el líquido elemento es la primera necesidad. En ese sentido, en el caso de España, disponemos de cantidad suficiente, porque la baja densidad de población, comparativamente con la Europa transpirenaica, compensa las menores precipitaciones. Y esa suficiencia será real incluso aceptando las tesis de que el cambio climático va perjudicar muy seriamente a la península ibérica, como si fuéramos el centro de un futuro mundo de sequedades. En vez de continuar siendo aquello que dijo Hans Christian Andersen en su autobiografía, “El cuento de mi vida”: “el mapa nos muestra a España como la cabeza de Doña Europa”.

Con sus precipitaciones medias de algo menos de 800 l/m2, en nuestro territorio peninsular se diferencian la Iberia seca y la húmeda, con más de la mitad del país de zonas áridas y semiáridas. Por lo cual, hemos de operar de modo racional, y no desbaratando la política hidráulica cada cuatro u ocho años, “por un quítame allá esas pajas” de políticos más o menos eruditos a la violeta como los Maragall y los Carod Rovira.

En cambio, a finales del siglo XIX, el regeneracionismo español supo ver con perspicacia el tema de los recursos hídricos, desde Lucas Mallada a Joaquín Costa. Cuyo libro “Política Hidráulica” (como también el “El arbolado y la patria”), sigue siendo lectura imprescindible. Una política a la que dieron continuidad personas como Lorenzo Pardo, el Conde de Guadalorce, e Indalecio Prieto —sin olvidar las decisivas obras hidráulicas del régimen anterior—, pero que se visto sustituida por un hacer y deshacer comparativamente estéril, que es preciso rectificar. Sobre todo cuando nos acosan las predicciones del ya aludido cambio climático, y surge de tiempo en tiempo el pánico ante escaseces hídricas, lo cual genera ideas tan extravagantes como la de llevar agua de Almería a Barcelona.

En definitiva, lo que necesitamos, eso está claro, es una especie de “Pacto de Toledo” para el agua, a fin de que el manejo de los recursos hídricos deje de ser, de una vez, un repertorio de dardos arrojadizos a efectos de batallas electorales. Y eso hay que decirlo ahora, cuando los resultados del 9-M aún están bien frescos: vayamos, pues, a un “Pacto Nacional del Agua”, con la aquiescencia de los dos grandes partidos políticos nacionales.

Ramón TAMAMES

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Comentarios
  • Comentario por Fidel Torras 25.03.08 | 10:11

    Estoy de acuerdo en que deben aprovecharse mejor los recursos hídricos de nuestra nación.
    A mi modo de ver y para que ello sea posible,lo primero que se debería analizar es quién o que sector utiliza más agua.A partir de ahí,se invierte como sea pero teniendo en cuenta de que las inversiones deben ser rentables,es decir el dinero que se utilice para mejorar nuestros recursos hídricos deben ser pagado por quien más se beneficie de dicha inversión.

Sábado, 30 de agosto

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