De Estrelladigital, del 13 de marzo de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
“Censores, inquisidores y maledicientes” es el libro donde se recoge, en segunda edición, las columnas publicadas en el diario El Mundo por Erasmo (nom de plume de José Luis Gutiérrez), a lo largo de nueve años y un día (del 15 de octubre de 1998 al 16 del mismo mes de 2007), en la línea con los pensamientos del autor de subrayar su condición “de justiciable recalcitrante, víctima tantas veces de inquisidores muy parecidos a los que perpetraron la salvaje mutilación de los dos grabados de Erasmo de Rotterdam”.
En el prólogo de esta obra, los textos que hoy comentamos son descritos por el filósofo Eugenio Trías, como columnas de las que “emergen radiaciones que proceden de diversos filones, cabalgando sobre consideraciones morales, militancias escépticas, tropezando con aventuras especulativas, y siempre al borde de la noticia del día… aderezándolo todo con el bagaje enciclopédico de una larga, extensa e intensa trayectoria lectora de todos los rincones de nuestra cultura”.
Estoy básicamente de acuerdo con Don Eugenio, pero yo diría algo más, relacionando estos escritos de José Luis Gutiérrez con otros microartículos que han surgido y circulan hoy en la prensa española. En ese sentido, no cabe duda de que, Ramón Gómez de la Serna fue un maestro con sus greguerías, y como botón de muestra menciono una de las que más me gustan: “La Y, es la copa de champagne del alfabeto”. Pero tales greguerías, tienen, a mi juicio, el carácter de átomos idiomáticos, cuando José Luis Gutiérrez tiende más a construir moléculas muy complejas, llegando incluso a fracciones de tejidos, por hablar en términos de citología, e histología.
Otro caso de microartículos es el de Arrabal, que me parece no tienen el carácter sintético, ni alcanzan las trascendencia que él presuntamente les asigna, porque se cree que es el centro del universo mundo en una concepción nada copernicana. Y por último me referiré al compañero de página de José Luis en el diario El Mundo, esto es, Antonio Gala, cuya sección La tronera tiene más bien el tono de denuncia concreta, con un lenguaje bien construido .
En realidad nuestro escritor y periodista Mister Gutiérrez (a quien tanto gusta entreverar sus escrituras con palabras o frases en inglés), ha conseguido un producto sui generis, aunque eso no significa que sea posible patentarlo. Cualquiera de sus erasmos, son pequeñas obras de arte, donde hay una verdadera trama, seguida de un nudo, y a final del inevitable desenlace, pero siempre sin caer en las moralinas de los corolarios; todo lo más, alguna invectiva de provocación sino erga ommes, por lo menos contra algún individuo o agrupación de ellos.
Los erasmos de este erudito matutino que es Jsoé Luis Gutiérrez, yo los relaciono con el buen oficio del periodista, por la razón que explicaré. Siendo muy pequeño, me acuerdo de una película que vi, cuya acción era en los años 30 en EE.UU., cuando había tantos filmes sobre periodismo. En ella un superior dice a un meritorio: “resúmeme la historia del Imperio romano en 300 palabras”. Y así había que hacerlo, a través de una especie de proceso de destilación del mejor microtratado de aquella experiencia única de la Historia, que luego escribiría Isaac Asimov.
En relación con el libro que hoy nos ocupa, debe recordarse que el pseudónimo de Erasmo, escogido por José Luis Gutiérrez en octubre de 1998 para firmar la columna diaria que entonces iniciaba en las páginas editoriales del diario El Mundo, no fue una escogencia casual. Se trataba de homenajear la figura de Desiderio Erasmo de Rótterdam (1467-1536), el colosal humanista del Renacimiento.
Erasmo fue uno de los pilares renacentistas de la idea europea, que sentó las bases de movimientos tan importantes como la concepción del “cuerpo místico”, el pacifismo y la propia idea de democracia europensis. Y por ello mismo, Erasmo sería una de las primeras víctimas de la censura, de la persecución contra la libertad de palabra y pensamiento, al sufrir la condena brutal del Santo Oficio que, tras su muerte, incluyó todas sus obras en el Índice de libros prohibidos.
No estará de más recordar, para la valoración que podamos hacer de aquel singular personaje por estos pagos, que Erasmo fue con Tomás Moro y nuestro Luis Vives, el mejor trío que pudo tener el pensamiento cristiano, quizá en jamás de los jamases: profundo, clarividente, y generoso. En contra de las miserias de las sedes pontificias y de los maximalismos exigenciales de Lutero.
No es extraño que se eligiera a Erasmo como educador principal de quien luego sería Carlos V, y que el erasmismo tuviera tanto éxito en España durante el reinado de quien nació en Gante y murió en Yuste. Con la particularidad de que esa fase de librepensamiento que se extendió por España, desafortunadamente, por los vientos tridentinos y las angustias de Felipe II, se diluyó, e incluso se incendió con las hogueras de la Inquisición. Como de mano maestra nos hizo revivir Miguel Delibes en su mejor novela, que es El hereje.
Pero algo de lo que nunca he hablado con José Luis Gutiérrez, y que me sigue inquietando es por qué Erasmo, que fue invitado tantas veces a venir a España, nunca lo hizo. E incluso dijo aquello de “Hispania non placet”, no me gusta España. Expresión que tenemos que lamentar, procediendo de un sabio, sobre todo al no explicar sus porqués.
Escritor y periodista, José Luis Gutiérrez pertenece a la reducida nómina de informadores y opinion makers de la transición política española. Y de su dilatada biografía, hemos de mencionar su labor como redactor, enviado especial, corresponsal, columnista, articulista, editorialista, director de periódicos (entre ellos Diario 16 en una fase muy importante del periodismo de investigación), y revistas. Como también es un paladín del comentarismo político en prensa, radio o televisión. Y también editor, en la actualidad de la revista Leer.
Pero por encima de cualquier biografía más o menos oficial, oficiosa, o de Wikipedia, yo diría que José Luis Gutiérrez es un inconformista nato, desde sus tiempos de soldador de la empresa Nacional Hidroeléctrica Ribagorzana, cuando trabajaba en el Alto Pirineo; o cuando estudiaba inglés en Irlanda, seguramente enfrentándose a James Joyce, no sé si con éxito. En ese sentido, y espero que no me lo tome a mal, en un breve diálogo que tuvimos hace tiempo, yo le dije:
— José Luis, lo que pasa es que tú, como yo en mayor medida, eres un ególatra. Lo que sucede en mi caso, lo dice Carlos Zayas, es que yo me río de mi egolatría…
— Bueno, Ramón, eso son fantasías tuyas. Yo no soy un ególatra. Si hablo de mí, es en defensa propia, frente a Felipe González, Hasam II, o el Sursum Corda.
Y es posible que tenga razón José Luis. Y lo dejo ahí, para no meterme en más honduras, lo cual no me impedirá que como últimas líneas de este artículo, diga, urbi et orbi (¿ven Vds. como soy un ególatra?): no dejen de adquirir la segunda edición del libro de Erasmo. Para poder leer, cada día, dos o tres de sus microdramas. Es algo así como lo que, servata distantia, recomendaba Sthendal: quien para serenarse y perfeccionar el estilo leía todos los días un artículo del Código Napoleón.
Ramón TAMAMES
Por si ERASMOSPOCOS llegó este a darnos
clase de fantochadas de la mano del insig
ne Tamames, este maestro liendres "que de
todo sabe y de nada entiende" ya le oigo
en punto.radio chaqueteando por demás, y
roneando de sapiencia. Este ilustrísimo
catedrático de la nada, excomunista, ex-
centrista, y ahora puede que exultracapi
talista. sr. Tamames le vendo otra chaque
ta, ¿de qué color será?
Fusia ROSA DIEZ.
Que tu hables de censura me parece un sar
casmo. Y si es de insultos una imnominia,
ya que eres el insultador por "DE MOL" in
tertuliam, afeitate esa barba y todos vere
mos tu propio "rostro pálido" todos sabe-
mos de donde vienes, donde estas y a donde
vas, y quien te paga, por cierto que muy
bien. Lavate la cara para estar en público
Viva Diario16. y dale gracias a
Esperanza Aguirre tu valedora.
Sábado, 26 de julio
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Alfonso Agís
Invermanía
Ramón Tamames
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero