El blog de Ramón Tamames

479. El que no llora, no mama...

29.02.08 | 10:30. Archivado en Artículos

De Agrocope, del 19 de enero de 2008, reproducimos la segunda parte del artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

Desde el pueblo de Tamames (de la Sierra), en Salamanca, cerca de la Peña de Francia, (y del que no procede mi apellido, que en realidad proviene de Tamame, de la comarca del Sayago, en la provincia de Zamora), me escriben en los términos que reproduzco, en lo que es una manifestación muy clara, me parece, del panorama que está viviendo nuestro campo:

¡Estimado Ramón!

Soy una ganadera de Tamames, que como los demás ganaderos de esta zona, al igual que los de todo el resto de Castillla y León, sufrimos la grave crisis del sector. Necesitamos que alguien de su valía y prestigio reconocido nos ayude a denunciar, ante España y ante la CEE, los problemas que estamos sufriendo los pueblos a raíz de las pérdidas tan grandísimas que tiene el sector, y de la reconversión encubierta de la agricultura y la ganadería que se está haciendo.

Nos duele mucho lo que está pasando, porque la Agricultura, además de ser nuestro único medio de vida, es por la que llevamos luchando muchos años, y lo único que sabemos y queremos vivir.

Le pido que lo escriba y lo comente, porque desde la Junta de Castilla y León no nos escuchan (pertenezco a la “Asociación 19 de abril), atendiendo sólo a sus propios intereses, aprovechándose de la desunión de la gente del campo, y con un caciquismo continuo de sus directivos. Son años de lucha, y ni siquiera cuentan las cosas como son.

No le voy a decir a usted como quedará la reforma de la PAC, ni que la mayoría de las ayudas que dan para el campo, se las llevan las casas rurales u otros programas que quedan en manos desconocidas.

Le agradezco de antemano su atención. Atentamente.

Ana Polo Hernández

Aparte de los comentarios sobre mi persona, que agradezco, la carta que hemos reproducido, una de las muchas que se reciben por los artículos que voy publicando en Agrocope o de lo que digo por la propia emisora, Doña Ana Polo expresa la situación de desánimo que está extendiéndose entre la gente del campo en España y de otros países europeos; donde por igual se considera que la PAC, como tantas veces hemos denunciado desde esta tribuna oral y escrita, es un continuo sobresalto.

Resultan disparatados los cambios que se reiteran uno tras otro, las burocracias insoportables, y últimamente, los fuertes descuentos para financiar el llamado segundo pilar, el desarrollo rural; que ya se ve el juicio que merece en la carta que he trascrito. En lo que coincido, pues si la sociedad quiere disponer de más apoyo en las zonas antes conocidas como rústicas (lo que me parece muy bien), debería financiarlo con otros fondos comunitarios ad hoc. Y no con los que indebidamente se extraen de la producción agraria, con grave impacto en los resultados de las explotaciones.

Los problemas básicos de la situación apreciada, radican en dos puntos fundamentales:

- El sentimiento oficial de que la agricultura ya no es un sector estratégico, porque significa poco en el PIB (no más del 4 por 100 en la mayoría de los grandes países comunitarios). Lo cual supone un grave error, puesto que de los productos agrícolas, que comemos mayormente, se deriva los inputs más importantes para la industria agroalimentaria. Y quienes decía que los precios guía de la PAC eran muy altos, ahora guardan silencio, cuando en gran número de casos han quedado muy por debajo de los internacionales, y ya no sirven para nada.

- La idea de que los agricultores son un colectivo de perpetuos mendicantes, cuando la realidad es que cualquier implantación de multinacionales en países europeos, conlleva aportaciones supermillonarias por parte de los Estados miembros. Por no referirnos a los ingentes beneficios fiscales con que se exonera a la producción industrial.

Además, desde las alturas de la Administración se contempla la agricultura como un sector dependiente de una superestructura que componen las grandes superficies, así como poderosas entidades agroalimentarias. Sin que se haya hecho nada verdaderamente serio (las cooperativas escandinavas son tema aparte), para que los agricultores puedan capturar una proporción más elevada del ínfimo valor añadido que hoy perciben; cuando los precios en origen se sitúan en tantas ocasiones en 100, y para el público, en destino final, a 500 o más.

En definitiva, confirmando lo que plantea Doña Ana Polo, en las Administraciones Públicas los agricultores se llevan la peor parte. Y a veces, para mayor inri, con un trato por los altos funcionarios y los políticos –con las honrosas excepciones existentes— que más se parece al de las antiguas satrapías y tiranías, que no al que debe corresponder en un régimen verdaderamente democrático.

Y todo eso, porque prefieren ignorarlo, sin contar con que la agricultura sigue siendo una industria a la intemperie, en la que se trabaja en ocasiones de sol a sol. Siempre pendientes del cielo para la lluvia en el secano, o incluso para el agua respecto de los embalses, de los cuales, a las primeras de cambio se recortan, sin contemplaciones, los suministros a los regadíos.

Mirar al campo con mayor racionalidad es una asignatura pendiente en casi toda Europa, que hoy por hoy queda muy lejos de lo que se dijo en el artículo 39 del Tratado de Roma que debe invocarse de nuevo.

Ramón TAMAMES

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