El blog de Ramón Tamames

475. Los españoles en Dinamarca en 1808.- Y II. El retorno a la patria y la evocación de Andersen

22.02.08 | 09:38. Archivado en Artículos

De Estrelladigital, del 21 de febrero de 2008, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

La retirada de la División Española de tierras danesas fue de una gran complejidad, como puso de relieve el General Arteche en el Volumen I de su monumental “Historia de la Guerra de la Independencia”. Una aventura llena de conjuras, maquinaciones, incluida una rebelión antifrancesa en Roskilde, el lugar donde precisamente radica el mausoleo de los reyes de Dinamarca. Habiendo sido más recientemente Magnus Mörner quien ha relatado todo ello con gran detalle en su libro “El Marqués de La Romana y el Mariscal Bernadotte”. Y del propio Mörner tomamos la proclama del Marqués ante una concentración de tropas celebrada en Rudkjöbing el 17 de agosto, antes de embarcarse para retornar a la patria:

Soldados: Toda España ha tomado las armas para humillar a sus opresores que pretendían forzarnos a prestar un juramento de fidelidad absoluta… Allí seremos recompensados con la admiración general y el agradecimiento eterno de nuestros conciudadanos; aquí solo nos espera la infamia y el envilecimiento, insoportable para el soldado español, que nunca retrocedió, en cambio, ante una muerte honrosa”.

El viaje de retorno de los soldados hispanos a la patria (sin olvidar a los casi 5.000 que quedaron prisioneros en Dinamarca con toda clase de avatares subsiguientes), tuvo una primera escala en Suecia. Allí, en Helsinborg, la ciudad les recibió con gran entusiasmo. A los siecos les fascinaban los españoles fumando grandes cigarros. Y por las noches, las jovencitas de Halmstad aprendían a bailar al acorde de la música interpretada por una banda regimental española. Así las cosas, mucho tiempo después de su salida todavía existía una pieza denominada “el vals de los españoles”.

No se excluyó a los más jóvenes oficiales de la vida social que se desarrollaba intramuros del palacio del gobernador. Uno de ellos, el subteniente catalán Antonio Fábregues Boixar, se enamoró de una hermosa rubia, institutriz de las hijas del gobernador. En la tradición local se conserva todavía la bella frase de despedida que le dirigió en francés en el momento de su partida:

Divina Carolina: Tu imagen celestial nunca desvanecerá de mi memoria, me seguirá hacia la otra orilla del mar, en mi patria, en los combates ¡hasta en la muerte.

El 10 de septiembre partió de Gotemburgo el bergamín Calypso con el Marqués de La Romana a bordo, quien al arribar a Londres mantuvo una solemne entrevista con el rey Jorge III, el 27 de septiembre de 1808. Mientras tanto, la gran flota británica llevó a 10.000 soldados españoles a los puertos del Norte de la patria. Adonde el Marqués arribó, tras su escala en Londres, en la fragata Semiramis, que fondeó en La Coruña el día 19 de octubre. En esa ciudad recibió de la Junta Suprema su nombramiento de general en jefe del llamado Ejército de la Izquierda, con el cual no tardó en entrar en combate. Debiendo subrayarse que Don Pedro Caro y Sureda fue uno de los verdaderos creadores del nuevo arte de la guerra de guerrillas, que constituyó la base misma de la resistencia española, que tanto contribuiría a la derrota definitiva del gran corso.

Otro libro: el de Christian Andersen, de su Viaje por España, donde Marisa Rey, traductora y comentarista, nos describe cómo el autor no era más que un niño de tres años, cuando tuvo la noción de su «princesa», España, a través de la persona de un soldado español.

Aquello que especialmente se imprimió en mi memoria, y que, luego, a fuerza de contarlo, he revivido tantas veces, fue la estancia de los españoles en Fionia, en 1808... Un buen día me alzó un soldado español en sus brazos y apretó contra mis labios una medalla de plata que llevaba colgando sobre su pecho desnudo... A mí me gustaban la medalla y que el extranjero aquel bailara girando conmigo en sus brazos mientras lloraba; él tenía niños en España…

Es obvio —subraya Marisa Rey en sus comentarios— que el recuerdo de aquellos soldados dejó profunda huella en el mayor escritor de cuentos de la Historia, pues el tema de los españoles en Dinamarca se repite en su obra. En 1833 publicó dos sainetes: Los españoles en Odense y Veinticinco años más tarde. En 1835-1836 se representó tres veces un tercer sainete, Separarse y volverse a encontrar, en el que pinta el revuelo que armaron los soldados españoles entre las enamoradizas y ardientes muchachas de una ciudad de provincia danesa. El propio Andersen (nuestro icono de hoy) escribió:

Mi libro Viaje por España empezará así: «Yo me había dicho a mí mismo, si gano a la lotería, hago un viaje a España. Pero no gané, y de ese modo no quiso el Señor que obtuviese el dinero. Pero un día hizo que mi editor dijese: sus Cuentos ilustrados se han agotado, tenemos ya una edición nueva completa que le da derecho a honorarios. Fue como si del cielo me hubiese llovido la beca para España.

Y una referencia del viaje de Andersen por España, cuando se despide de su princesa soñada y ya reconocida:

El mapa nos muestra a España como la cabeza de doña Europa; yo vi su preciosa cara y no la olvidaré nunca. Dansk y spansk riman y forman poesía, como la del recuerdo de mi infancia que asocia en mi mente a Dinamarca con los españoles del Regimiento Zamora.

Y para terminar, incluimos aquí parte de un elogio fúnebre que figura en los Fondos Arteche que están en depósito en el Senado, en Madrid (que amablemente nos facilitó la Bibliotecaria Jefe, Rosario Herrero), la elegía pronunciada por José Accursio das Neves, de la Academia Real das Ciencias de Lisboa, el 23 de noviembre de 1811, diez meses después de la muerte de La Romana:

Religioso sin fanatismo, infatigable en el trabajo, austero para consigo, indulgente para con los otros, benigno, afable, tan firme en los peligros, y valeroso en las adversidades, como moderado en las prosperidades, procurando siempre encubrirse, y llevando siempre consigo el amor, y el aplauso universal, fue el verdadero modelo de un hombre virtuoso, y sabio, y de un guerrero valeroso.

¡La desgracia persigue a España!”. Asi esclamó Wellington al oir noticia tan infausta de la muerte de su amigo el Marqués de La Romana, a quien rindió honras fúnebres, acompañando su cadáver por espacio de dos leguas, hasta embarcarlo sobre el Tajo, para ser conducido a Lisboa, y de Lisboa a Cádiz; por entre lágrimas de los que lo veían, que bien lejos de procurar disminuir, el mismo Lord Wellington aumentaba con las suyas.

Y ya de nuestra propia cosecha. Y pensando en Diego de Alcazar, y su esposa, María Benjumea Cabeza de Vaca, novenos Marqueses de La Romana agregamos, como final los versos inmortales de Jorge Manrique:

Dio el alma a quien se la dio
(el cual la ponga en el cielo
y en su gloria),
y aunque la vida perdió,
nos dexó harto consuelo
su memoria.

Ramón TAMAMES

3 comentarios

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Comentarios
  • Comentario por Cordura 22.02.08 | 17:49



    FJL: El gran político disfrazado (II): ¿Un liberal?

    http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/posts

    El Blog de Cordura

  • Comentario por abe 22.02.08 | 13:30

    Y el de Andersen, claro... si es que existe edición.

  • Comentario por abe 22.02.08 | 13:28

    Hoy día, cuando tanto payaso patético o vulgar tarado falsificador de la Historia de España y sus claroscuros vierte su veneno impunemente; cuando hasta está mal visto pensar en una patria común que modere los egoismos de clase, que esté por encima de banderías y partidos... RECONFORTA LEER textos como "Los españoles en Dinamarca". Es más anima a buscar el libro de Don Pío y a devorarlo.

    Gracias Don Ramón.

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