De Estrelladigital, del 15 de noviembre de 2007, reproducimos el artículo del epígrafe, de Ramón TAMAMES, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
1. Introducción
La semana pasada tuve ocasión de intervenir en Valencia en las II Jornadas con las Comunidades Autónomas que organizó la Asociación Española de Recuperación de Envases y Embalajes (Ecoembes), y para la cual me solicitaron una ponencia que me parece puede ser interesante extractar para los amigos de Estrella Digital. Sobre todo porque Ecoembes es una entidad sin fines de lucro, que tiene el importante cometido de recuperar los envases metálicos, de cristal, papel y cartón, y plásticos, de las poblaciones de todo el país. Para transformar esas basuras, que de otra manera contaminarían suelos y acuíferos, en nuevas materias primas, a fin de darles entrada, de nuevo, en el ciclo productivo. Además, de esa forma se logra aumentar la eficiencia energética y gestionar mejor, en definitiva, el acervo de recursos naturales, convirtiéndolos prácticamente todos en verdaderamente renovables.
Daremos el texto en dos entregas sucesivas, la próxima el jueves 21 de noviembre, y de esa manera podremos ir apreciando la base teórica que obliga a una política muy estricta de recuperación de desechos, para después, ya en el segundo artículo ocuparnos de cuál es la situación al respecto en España.
Y como el texto en cuestión requiere una cierta especificación estructural, en contra de lo más frecuente en esta columna, mantendremos una serie de secciones correlativamente numeradas.
2. Antecedentes del tratamiento de desechos y ética ecológica
Empezando por el principio que dicen los castizos, fue en la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (UNCED, Estocolmo-1972) cuando con carácter internacional se planteó iniciáticamente el tema de los contaminantes. Ya por entonces una ardua cuestión a resolver, habida cuenta de que en la era del consumo en masa, en los países más avanzados, la producción de desechos de todas clases aumentaba de forma vertiginosa; dañando seriamente el entorno, y afectando incluso la posibilidad de disponer de manera continua de materias primas indispensables para toda clase de actividades con incidencia en la vida cotidiana.
En esa dirección, de 1972 para acá se ha progresado de modo espectacular, considerando que el desarrollo sostenible —la conciliación de las técnicas humanas con la Naturaleza—, obliga a reciclar toda clase de productos ya usados y consumidos. En contra de la idea, aún prevaleciente entre algunos, de que no existe problema para que todo lo desechable acabe, sin más tratamiento, en los vertederos, que a veces se consideran controlados, cuando a largo plazo ninguno lo es realmente.
En el sentido que apuntamos, es bien conocido el hecho de que la mayor parte de los productos ya utilizados en el consumo, pueden tener desde una segunda a una enésima vida: madera, papel, cartón, plásticos, caucho, aceites minerales, vidrio, chatarra de hierro y de otros metales, etc. Incluso los llamados inertes de la construcción tienen hoy nuevas posibilidades en el desarrollo de las infraestructuras.
En el sentido que apuntamos, hace tiempo que los economistas norteamericanos Boulding y Heilbroner ya anotaron la necesidad de administrar de manera conveniente los recursos naturales; enfrentándose así a la llamada “economía del cow-boy”, consistente en derrochar sin ninguna clase de prevenciones ni paliativos, como si los recursos fueran inacabables. De ese modo se soslayaba que la humanidad vive en el Navío Espacial Tierra, donde el único input inacabable es la radiación solar que recibimos cada día. Como igualmente lo puso de relieve el Club de Roma, en 1972 con su publicación ampliamente difundida de Los límites al crecimiento, que puede resumirse muy sencillamente con el siguiente axioma: no es posible el crecimiento infinito con recursos finitos.
Con base en todo lo anterior, debemos dejar explícita que resulta fundamental un comportamiento conservacionista, base misma de la ética ecológica. Que cabe formular con la idea de que el mundo de que disfrutamos, sólo lo tenemos en usufructo, con la obligación de legarlo a las generaciones venideras sin más deterioros. Proposición que la Comunidad Europea asumió por primera vez en su V Programa de Medio Ambiente para 1991/2000, en el cual se aclaró que las diversas contaminaciones y sus secuelas —deterioro de la capa de ozono, lluvia ácida, desertificación, etc.— no son, en sí mismas, la verdadera enemiga del ambiente. Sino que resultan ser los síntomas de los comportamientos inadecuados por parte de las empresas productivistas y de los consumidores manirrotos.
En el caso de las empresas, se trata de que en general aspiran a conseguir los máximos resultados económicos, sin interiorizar los altos costes ambientales. Con secuelas como la acumulación de residuos y la alteración del espacio aéreo, los mares, y los suelos, incidiendo esto último en las reservas hídricas.
En cuanto a los consumidores si se les califica de manirrotos, es por sus actitudes negligentes de absorber sin freno toda clase de productos, generando y desparramando desechos. Un efecto en el que ya se enlaza definitivamente con el tema de los envases y embalajes, que hoy preservan la calidad y la duración de miriadas de productos para consumo y cuya disponibilidad final recicladota es el fundamental objetivo de Ecoembes.
3. La tragedia de los bienes comunes y el Protocolo de Kioto
La filosofía conservacionista que estamos enfatizando, cabe plantearla desde otro enfoque, en términos de tragedia de bienes comunes. Se quiere decir con ello que la administración racional de ciertos recursos naturales brilla por su ausencia. Al considerarse que por ser bienes libres, no pertenecen a nadie, en casos como los mares con sus riquezas ictiológicas, la atmósfera con su calidad del aire, y los depósitos hídricos freáticos. De forma que en la mentalidad de que tales recursos son de todos, nadie tiene que ocuparse de su conservación, por lo cual se derrochan neciamente, al tiempo que se llenan amplios espacios de vertidos y emisiones de todas clases.
En definitiva, ha de irse a una gestión racional y eficiente de esos bienes comunes, convirtiéndolos en bienes globales. Un contexto en el cual el caso más paradigmático es el Protocolo de Kioto de 1997, como desarrollo del Convenio Marco sobre el Cambio Climático de 1992, que se articuló en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de ese año.
Con el célebre Protocolo pretende resolverse, o al menos paliarse, la desastrosa utilización de la atmósfera que por obra y gracia de la ya mencionada tendencia productivista se convirtió en escenario de una progresiva acumulación de gases de efecto invernadero (GEIs); que según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), generan la mutación de las características básicas del clima del planeta, con clara incidencia antrópica. En esa dirección, el Protocolo configura una primera contabilidad internacional para administrar el aire que respiramos, a base de compromisos de que los países adheridos al sistema no superen determinadas cuotas de emisiones.
Claro es que frente al Protocolo puede decirse que los propósitos de poner freno definitivo al calentamiento global no se alcanzarán nunca. Sustentándose esa postura con el algoritmo TL2: too little, too late. Porque podría suceder que llegáramos tarde desde el punto y hora en que ya existe un grave daño en curso (too late). Con la particularidad de que las cantidades que se asignan para los logros formulados son demasiado pequeñas (too little).
Pero la tesis de que vamos a acabar con el calentamiento global no es la realmente importante. Lo que en verdad importa es que si las metas de Kioto se renuevan, como todo parece indicarlo, en 2012 de cara al 2030, se reforzarán los propósitos de reducir los GEIs. Con lo cual, podemos estar seguros, se mejorará la situación detestable de la salud pública en muchos entornos, mejorando la calidad de vida en general, con una mejor gestión de los recursos naturales, y una eficiencia energética cada vez más elevada. Algo que de por sí ya justifica el Protocolo.
Seguiremos el próximo jueves 21 con lo que resta de la ponencia que expuse el pasado 8 de noviembre en las ya citadas jornadas de Ecoembes. Para examinar los aspectos finales de carácter general de la cuestión, y en entrar en el tema de España.
Ramón TAMAMES
Los comentarios para este post están cerrados.
Hubbert hace ya como nedio siglo.No le he oido ni un comentario acerca de la imperiosa necesidad de fomentar la agricultura y ganaderia ecologicas.Si he leido encendidos elogios suyos a la biotecnologia y los transgenicos.
Me temo que estoy en franco desacuerdo con sus doctas posiciones. Mi postura esta exhaustivamnete expuesta a lolargo demas de cien bloggs,mas de600 paginas,que he escrito en PD a lo largo de los cinco ultimos meses.Tarea que tengo, de forma provisional, detenida porque estoy metido en un proyecto positivo de apoyo a pequeños agricultores ecologicos que espero se materialice en breve. Porque tengo el casi absoluto convencimiento de que es la ùnica via posible de defensa de la supervivencia de la humanidad. Por cierto tambien apoyo, con todos sus problemas, el uso de la energia nuclear con fines pacificos.¿Usted que opina? ¿Me hara alguna vez el inmenso honor de descender del Parnaso para dar contestacion a alguna de mis numerosas preguntas y afirmaciones?
...
Coincido con profe descontenta,pero preciso mas.De forma habitual usted elude la contestacion al problema del establecimiento de precios justos,no oligopolicos,en un falso mercado competitivo del que ya he hablado al menos diez veces.Reitera su erudicion y conocimiento de Foros y conferencias
internacionales,que sabe perfectamente se realizan para tapar bocas y no hacer nada. Empezando por Kyoto.
En cambio sistematicamente silencia que el cambio climatico es un pequeños subproducto del universalmente consentido empleo de pesticidas, transgenicos y biocombustibles. Consentimiento delque a partes casi iguales son responsbles,politicos y periodistas corruptos y cientificos vendidos Estos si que son la verdadera causa de las crisis economicas,
,financieras,alimentaria y de mortandad genocida que se avecina.A la que los chuscos cientificos denominan graciosamente como catastrofismo
Tambien ignoran las consecuencias del Pico del petroleo puesta de manifiesto por Hubb...
AGRADECERÍA RESPUESTAS, NO ELUCUBRACIONES...
¿Por qué no se incrementa el precio, de aquello que tanto contamina, en la cantidad suficiente, que permita un reciclaje completo? Yo creo que ese es el precio real de una cosa. Como cuándo se va a un Hotel, desde que se entra en la habitación, hasta que lo dejan listo para el siguiente, esos es lo que se paga, todo el servicio.
Lo que sin duda, haría que se usasen otros materiales biodegradables en la mayor parte de los casos ya que resultarían más baratos, al ser más baratos los costes de reciclado.
¿Por qué si el gran problema es el CO2, no se apuesta por unas CENTRALES NUCLEARES SEGURAS? ¿Y en vez de cómo disminuir la producción de CO2, estudian qué condiciones tienen que reunir, y qué revisiones han de seguir para permitirles seguir funcionando? Más del 80% de la energía del Mundo, podría salír a por ésta vía, i.e., ¿casi el 80% CO2 se podría reducir? ¿Por qué no se hace?
¿Por qué no se plantean llevar los residu...
Sábado, 2 de junio
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Rolando Rodrich
Jaime Noguera
ClickTrade
Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames| Junio 2012 | ||||||
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| << < | > >> | |||||
| 1 | 2 | 3 | ||||
| 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
| 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 |
| 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 |
| 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | |