El blog de Ramón Tamames

400. Octubre de 1977: Cómo nacieron los Pactos de La Moncloa

24.10.07 | 10:04. Archivado en Artículos
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

De Estrelladigital, del 20 de septiembre de 2007, reproducimos el artículo del epígrafe, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:

Dentro de pocos días, ya en octubre, se celebrarán los treinta años de los Pactos de La Moncloa. Y precisamente, para conmemorarlos anticipadamente, he elaborado, de mi memoria personal, un relato de los aspectos más interiores del tema. Por eso, no voy a entrar en los contenidos de los Pactos, más que conocidos (y que pueden encontrarse en mi libro, Estructura Económica de España, Alianza Editorial, 24 edición, Madrid, 2000, pág. 328 y sigts.).

El caso es que después de un largo debate sobre el documento presentado por Enrique Fuentes Quintana como Vicepresidente del Gobierno, aquel sábado de octubre de 1977, y después de un breve refrigerio tipo buffet, nos dispersamos en los varios salones de la planta noble del Palacio de La Moncloa, incluida la sala del consejo de ministros, para tomar café. En una pausa en la que nadie sabía muy bien si serviría o no para preparar la segunda parte del proceso en marcha. Y fue en ese tiempo de indecisión, cuando al pasar por una de las áreas del salón principal del Palacio, vi a Suárez y Carrillo hablando tranquilamente, e hicieron señal de que me acercara.

—Y ahora, Ramón, ¿qué vamos a hacer? —preguntó Suárez con la mayor naturalidad.

—Pues muy sencillo, Presidente: a mi juicio lo mejor sería elaborar un buen resumen, escueto, de lo tratado, de los temas suscitados por la ponencia, y de los muchos otros que fueron surgiendo en la discusión. Para utilizar esas bases en los próximos días a fin de elaborar una serie de medidas que nos permitan continuar desarrollando este bendito país.

—Eso está bien —dijo el presidente sonriendo, con el pleno asenso de Carrillo, muy atento a la conversación—. Así que, manos a la obra… ¿Cómo lo vais a hacer? ¿Por qué no os ponéis de acuerdo José Luis Leal y tú y preparáis ese resumen?

—Perfecto, Presidente: ahora busco a José Luis, localizamos a una secretaria, y hacemos el papel de síntesis…

—Pues ¡hala! —dijo Suárez—, que no tenemos mucho tiempo… la tarde se nos está echando encima…

En no más de un minuto localicé a José Luis Leal y le puse al corriente de lo hablado, y él, como Director General de Política Económica —creo que ese era su título en el ministerio del ramo y persona muy próxima a Suárez—, en seguida agenció un despacho y encontró a una secretaria que luego se revelaría de lo más experta. Y juntos hicimos la síntesis de la larga sesión de debate, en la que yo traté de dar especial relieve a las cuestiones más importantes que habíamos aportado desde el PCE, de modo que en un momento determinado yo dictaba, por ejemplo:

Reforma agraria con los ajustes económicos, técnicos y sociales correspondientes, para modernizar la agricultura española y cambiar la tradicional situación del campo, especialmente en las zonas latifundistas…

Y José Luis Leal —que vivió las jornadas de mayo de 1968 en París, siendo miembro, así lo recuerdo, miembro del FLP (Frente de Liberación Popular, coloquialmente el Felipe), para muchos años después llegar a Presidente de la ADB, la Asociación de Banqueros de España—, reaccionó con toda lógica:

—Hombre, Ramón, eso es demasiado, y no alcanzaríamos consenso. Mejor, si te parece, ponemos algo así como: política agraria adecuada para modernizar la agricultura española en términos económicos, técnicos y sociales.

Sabiendo que, efectivamente, lo de la reforma no iba a pasar, por las resonancias históricas que aún producía tal expresión, ya en un contexto muy diferente de los tiempos republicanos más reivindicativos, acepté la propuesta.

En otro momento, y siguiendo las ideas del programa que habíamos discutido unas semanas antes en el Congreso de los Diputados, hice la siguiente proposición:

Código de los trabajadores, con los derechos sociales que para los obreros implica la reincorporación del país a un sistema democrático de sindicalismo libre…

—Bueno, bueno —comentó sesudamente José Luis—, mejor, si te parece: Estatuto de los trabajadores, fijando sus derechos y obligaciones, que también las tienen —subrayó—, así como las de los sindicatos, en la nueva sociedad democrática.

—Pues no está mal, lo de estatuto. Me recuerda aquello de Martínez de la Rosa, y no me tomes por un erudito a la violeta, al hilo del comentario que te haré sobre “el pastelero real”, como le llamaban…

—¿Y eso?

—Muy sencillo: cuando la regente María Cristina —la reina gobernadora, viuda de Fernando VII y madre de Isabel II—, ya sabes, recibió a su primer ministro, Francisco de Paula Martínez de la Rosa, que le iba a dar cuenta de un proyecto de semi-constitución que estaba preparando, y sobre el cual aún no tenía claro qué nombre asignarle, la reina le preguntó en su italiano marcadamente siciliano: “Sta tutto?”.

En ese momento, a Martínez de la Rosa se le iluminó la faz: habrá recibido la inspiración sobre cómo denominar su proyecto, y dijo a la regente:

—Efectivamente, Majestad, aquí se lo traigo en bandeja: el Estatuto Real.

José Luis recordó mi pequeña evocación histórica. Y tras ella, seguimos avanzando, y para no alargar mucho esta crónica de interiores, citaré un caso más, con la propuesta por mi parte y la réplica correspondiente:

—Consideración de la empresa pública como instrumento de planificación para impulsar el desarrollo de la economía española.

—Otro estatuto, esta vez el de la empresa pública, si te parece, Ramón. Con el cual podrían igualarse las condiciones de todo orden —fiscales, laborales, etc.— entre sociedades del Estado y privadas, para acabar con las discriminaciones actuales…

—¿Y lo de planificación?

—Bueno, eso puede ir en otra parte, y más que planificación, que no pasaría fácilmente después de las experiencias de Don Laureano López Rodó, tal vez tengamos que hablar más bien de coordinación de inversiones públicas, y de concreción de la presencia estatal en el sistema de producción sólo con un carácter muy selectivo…

—Pues no está nada mal…

Así fue quedando la cosa, con la secretaria de lo más diligente con su máquina electrónica IBM de gran capacidad y ya con posibilidades de corrección sobre la marcha. De tal manera que en poco más de una hora concluimos el escrito, del cual se hicieron inmediatamente copias para llevar a la mesa del plenario, por así decirlo. Expusimos el trabajo realizado, y se hicieron algunas pequeñas correcciones. De manera que el documento resultante se constituyó en base de los Pactos de La Moncloa.
—¿Y cómo llamaremos este principio de acuerdo? —preguntó Suárez, con ganas de ir terminando la sesión que tanto se había prolongado.

Y antes de que nadie pudiera decir nada, González que aún tenía más ganas de finiquitar la cuestión que el Presidente, dijo de manera resuelta y con un cierto deje de sequedad:

—Pues sencillamente, Programa de Trabajo…
—Así quedará… —ratificó Suárez.

Acto seguido, desde el PCE, Carrillo propuso que hubiera una comisión de seguimiento de los Pactos, pero González, que no estaba exultante por los acuerdos en perspectiva, emitió otra de sus lapidarias frases que tanto le gustaban por aquellos sus entonces años juveniles:

—Nada de comisiones de seguimiento. Ya va a funcionar una ponencia dentro de la comisión de economía del Congreso y con eso basta. —Y enfatizando más, agregó—: ¡Ahora, que el Gobierno gobierne!

Con breves frases para dar las gracias a todos y despedirnos, Suárez levantó la sesión. Y a la semana siguiente, empezaron a trabajar las comisiones sectoriales para desarrollar el acuerdo. Así nació la base de los Pactos de La Moncloa, en un atardecer de otoño con el fondo de los paisajes velazqueños divisables desde el palacio periurbano, que desde pocos meses antes era la flamante residencia del Presidente del Gobierno seguramente con más clarividencia que ha tenido España.

1 comentario


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Vicente Torres 24.10.07 | 17:29

    ¡Qué tiempos aquéllos y qué diferencia entre Adolfo Suárez y los que han venido después! Yo creo que Leal y los demás fueron mucho mejores de lo que lo habían sido antes y después mientras colaboraron con Suárez.
    Saludos

Sábado, 2 de junio

BUSCAR

Editado por

  • Ramón Tamames Ramón Tamames

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Junio 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930 

Sindicación