Del diario El Economista, del 20 de septiembre de 2007, reproducimos el artículo del epígrafe, en la idea de que pueda ser interesante para los lectores:
En el actual escenario económico español, dentro del marco general globalizado en que vivimos, cabe destacar la comparativamente elevada tasa anual de crecimiento del PIB, cifrada por la Comisión Euro-pea para 2007 en el 3,7 (después de un primer trimestre, en torno al 4 por 100 y el segundo al 4,1).
Con ese trasfondo y el de la crisis bursátil que se desató a partir del 23 de julio en la NYSE, la gran discusión se centra ahora en cuál será el tenor de expansión de cara a 2008, cuando se dejen sentir más agudamente los efectos de la apreciable reducción de actividad en el sector vivienda; donde ya tenemos indicadores de un crecimiento mucho menor de los precios, e incluso de caída de los mismos en segmentos como las segundas residencias de costa/playa. Incluso hay un indicador más claro: “No se vende nada”, dicen algunos inmobiliarios.
Además, está la cuestión del consumo, de si va a seguir tan fuertemente al alza como en los últimos años a causa de la amplia incorporación migratoria –no menos de 4,5 millones de personas en apenas un decenio— o si, por el contrario, podríamos flexionar a un declive en los ritmos de expansión; sobre todo por la renuencia de la banca a conceder créditos para consumo duradero con la misma facilidad que hasta hace bien poco.
Se habla, además, del ambiente fin de ciclo que se supone nos rodea. Como si estuviéramos en la fase terminal de una onda larga Kondratief de 40 años o más. Pero algo parecido se dijo en otras ocasiones no tan lejanas, sin que al final sucediera nada especialmente dramático en la economía mundial en su conjunto: 1987, crisis bursátil en EE.UU.; un decenio más tarde, 1997/98, turbulencias del S. E. asiático y en Rusia; seguidas de los episodios secuenciales sudamericanos de los efectos Samba y Tango de 1999; para entrar a la postre en la coyuntura, mucho más gravemente deteriorada, de la Nueva Economía en 2000/2002. En todos esos momentos, se hicieron las más negras predicciones y, a pesar de lo cual la economía mundial acabó recuperándose en relativamente poco tiempo, sin pasar ni por las graves recesiones anunciadas, y mucho menos por la nueva gran depresión que llegó a augurarse por los más agoreros.
“Ahora, la cosa es distinta –se manifiesta—, porque llevamos catorce años de crecimiento ininterrumpido en España, desde 1993; y el sistema da muestras de evidente cansancio”. Sobre lo cual cabe reflexionar: un sistema no se cansa así como así; ni súbitamente sin ningún síntoma previo, ni de forma necesariamente irreversible. Es como el corazón, la víscera vital que funciona las 24 horas cada día, pero que descansa de continuo, entre sístole y diástole. De modo que si tuviera que detenerse para reposarse con el consiguiente paro cardiaco, obviamente sucedería lo peor. Y eso ocurre con la economía: no se cansa, porque está cambiando todos los días.
Sobre esas tesis de que nos hallamos en una coyuntura rupturista de la onda de crecimiento, ha de subrayarse la circunstancia novedosa de que la locomotora estadounidense ya no es lo que era. Entre otras razones, porque el PIB de EE.UU. ya no representa el 40 por 100 del mundial, sino apenas el 20. Un guarismo al que va acercándose la UE. Y en la línea también de avance se sitúan países emergentes co-mo China, India y todo el Sudeste asiático, que configuran un vasto sistema, en el que se ensamblan igualmente con Japón, Australia y Nueva Zelanda, lo que podríamos llamar el APEC sin las Américas, y que en su globalidad suponen cerca del 20 por 100 del PIB universal.
Pero aparte de todas esas realidades, sigue funcionando la inercia de que todo depende de la locomotora norteamericana, de naturaleza en gran medida mental más que real, por los cambios de magnitudes macroeconómicas que acabamos de reseñar. Por ello, no tienen razón de ser las pretensiones de que entre EE.UU. y el resto del mundo haya de existir una sincronía del ciclo, y casi siempre sólo para la ra-ma adversa del mismo.
Lo que sucede es que en la UE aún no se ha tomado conciencia de la enorme fuerza económica de la Eurozona, y mayor aún del conjunto de los 27. Algo que sucede porque se carece de verdadera dirección común, como se ha visto una vez más los días 14 y 15 de septiembre en la reunión informal del Ecofin en Oporto: buenos vinos, paseos fluviales por el Duero, faltando sólo decir, como hizo el Pangloss del Candide de Voltaire, comentando el terremoto de Lisboa de 1775: “vivimos en el mejor de los mundos posibles”. Y no es que el mundo sea tan malo para la UE, pero podría ser mejor y, sobre todo, menos dependiente, con un poco, bastante más, de coordinación.
Otro tema a debatir, son las posibles inconveniencias de los bancos centrales, con su independencia virtualmente absoluta, y siempre en la línea del ortodoxo criterio de luchar contra la inflación. Lo cual, a veces, puede significar que se pierde de vista la cuestión del crecimiento; contexto en el cual Trichet, el gobernador del BCE, estimaba hasta hace bien poco que sería bueno seguir subiendo tipos. Ahora, después de la decisión de Bernanke en el Fed, la cosa podrá cambiar.
En tales condiciones, algunos han llegado a hablar de la actitud perversa (en el sentido estrictamente económico, claro) del BCE, que de continuar en su errequeerre de arriba los tipos, podría inducir una recesión en la UE; que sería desastrosa cuando Francia y Alemania, los países centrales, todavía están recuperándose de un largo periodo de lento crecimiento.
Por eso estimo que debemos pronunciarnos por una rebaja de tipos en la Eurozona, de por lo menos 25 puntos básicos de manera inmediata, en la senda que abrió el Fed el pasado día 18 al bajar de 5,25 a 4,75. Sería un buen mensaje psicológico para Europa, dirigido a todos los agentes económicos, a fin de mejorar la confianza en un futuro que no es tan dramático como algunos lo pintan.
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Los europeos podrían haber seguido comprando viviendas en España, si no hubiera sido por la desaforada publicidad contra "el urbanismo depredador". Un gobierno serio se hubiera limitado a perseguir la corrupción y a crear modos de vida alternativos a la construcción. Sin embargo, han buscado desacreditar al PP valenciano, aunque por esa causa vaya mucha gente al paro.
Sábado, 2 de junio
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