Hoy publicamos un artículo de Luis Ramirez Benéytez, Doctor en Económicas y párroco (en la imagen de la izquierda), publicado el pasado lunes en El Sur de Málaga, por el interés que pueda tener para quienes nos siguen. Un saludo muy cordial a todos.
Ramón TAMAMES
Cómo formar buenos ciudadanos
Y sucedió que Ajab, rey de Samaría – o mejor, reyezuelo – se encaprichó con la hermosa viña que un súbdito suyo, llamado Nabot, tenía cerca de los terrenos del rey: “Dame tu viña, que está lindando con lo mío; me la das, o te la cambio, o te la compro”… Nabot no aceptó: “Líbreme el señor de abandonar lo que me dejaron mis padres”… El trato propuesto resultó imposible: Nabot no aceptaba. Ajab se enfureció y cogió una tristeza que le llevó a no comer y a estarse acostado, la cara contra la pared.
Pero la reina Jezabel, cuando lo supo, se lo dijo claro: “¿Y tu eres el rey y no sabes cómo conseguirlo? Yo te daré la viña de Nabot”… Con el sello del rey envió instrucciones a los ancianos y notables: “Nabot ha pecado, proclamad un ayuno, convocad la asamblea y traed a juicio a Nabot y buscad los testigos que atestigüen el delito de Nabot, que ha blasfemado contra Dios y contra el rey”.
Ayuno, asamblea de autoridades, juicio, testimonio de testigos y condena a muerte contra Nabot, que fue lapidado y su cadáver quedó para que los perros lamieran su sangre.
Y la malvada Jezabel dijo al rey: “Ya puedes bajar a tomar posesión de la viña de Nabot”. Pero cuando llegó, le esperaba allí el profeta Elías: “Has mentido, has matado y ahora vienes a robar… Pues donde los perros han lamido la sangre de Nabot lamerán la tuya y se comerán la carne de Jezabel”.
Pero ¿por qué esa maldición del profeta? Había sido todo legal. El ayuno, la convocatoria de la asamblea, el juicio, los testigos, la mayoría que aprueba la sentencia de muerte… ¿Por qué eso, tan plenamente legal, merecía la maldición del profeta?
Usted ya se está dando cuenta: Los testigos habían sido comprados. Jezabel daba instrucciones de que, buscaran “dos canallas que se dejen comprar”. Pero ¿cómo saber que los testigos mienten, si es la ley la que admite la veracidad de la mayoría y convierte la sentencia en justa y legal en cuanto coincidan dos testigos concordes? Y permítanme la redundancia.
Es que lo legal, la ley, aunque esté elaborada con los requisitos exigidos para que sea ley “legal”, no significa eso que la ley sea buena. “Lo legal” no necesariamente coincide con “lo bueno”. Es decir puede haber leyes malas, que serán malas aunque sean leyes.
Lo legal y lo moralmente correcto pueden no coincidir. Esto lo manejábamos mucho en nuestra juventud estudiando la doctrina social de la Iglesia, que en no pocas cosas chocaba con las disposiciones “legales” de la dictadura. Y desde entonces aprendimos que hay que cumplir las leyes buenas y oponerse a las leyes malas. Ahora lo podemos decir claro: con la libertad y con las cautelas de la democracia.
¿Con qué criterio hacer la distinción entre leyes buenas y leyes malas? Tendremos que recurrir de nuevo al griego Sófocles y al caso que plantea en su tragedia “Antígona”. El tirano Creonte ha prohibido, por ley que sea enterrado el cadáver de Polinices, hermano de Antígona. Los guardias traen atada a Antígona: “A esta hemos cogido enterrando el cadáver… y antes, llevando en alto un jarro de bien labrado bronce, ha bañado al muerto con la ofrenda de tres libaciones”. El tirado Creonte se indigna: “¡Sabías que estaba prohibido hacerlo y te atreviste, con todo, a violar las leyes!”
La clave del problema está en la famosa respuesta de Antígona: “No era Zeus quien me imponía tales órdenes, ni es la Justicia que tiene su trono entre los dioses la que dictaba tales leyes a los hombres, ni creí que tus bandos habían de tener tanta fuerza como para que tú, mortal, prevalecieras por encima de las leyes no escrita e inquebrantables de los dioses, que no son de hoy ni de ayer, sino que viven en todos los tiempos y nadie sabe cuando aparecieron… ¿Iba yo a incurrir en la ira de los dioses, violando sus leyes, por temor a los caprichos de un mortal como eres tú?”
Y el coro comenta: “¡Insolencia de los hombres, que quieren alcanzar a atajar tu poder, oh Zeus!”
Es emocionante esa especie de búsqueda cierta, aunque a tientas, del pagano Sófocles anhelando una verdad firme en un Zeus que no puede conocer, y que contrasta con la experiencia de Yahvé que tiene Elías: “Has obrado lo malo ante los ojos de Yahvé”. Pero, ¿qué sucederá cuando los hombres prescindan de Dios, e incluso de eso que los griegos llaman “Zeus y los dioses” en los que ponen, aunque sea a tientas, el fundamento de una verdad superior a los caprichos humanos?
La historia demuestra que, sin algún modo de respeto a una verdad superior, no puede vivir el hombre haciendo el bien. Sucede, y es lo temible, que cuando el hombre prescinde de Dios y de la posibilidad de una Ley superior (“eterna”, la llamaban ya los escolásticos), entonces el puesto de Dios lo ocupa el tirano: Creonte, o Nerón, o Hitler, o Stalin… O, digámoslo sin miedo: en no pocas cosas del general Franco, que en su testamento afirma que sólo dará cuenta de su vida “ante Dios y la historia”, lo cual significaba que lo que dijeran los españoles nada valía ante el dictador, cuya voluntad era ley, según él justa, por supuesto. Cuando de jóvenes estudiábamos la doctrina social de la Iglesia, en plena dictadura, ya distinguíamos claramente la voluntad “legal” de los hombres de la verdadera Ley de Dios.
Pero el peligro de las leyes injustas nos sigue amenazando, y el sistema democrático de elecciones y parlamentos y mayorías que hacen leyes, no nos asegura contra los caprichos humanos, contra aquellos que por intereses de la clase que sean, se prestarán a apoyar con el “sí” o el “no” cuando vean el modo de alcanzar las ventajas del poder. El peligro de mentir a favor de nuestros caprichos estará siempre presente en los sistemas democráticos, que bajo la “legalidad” de las mayorías pueden estar al servicio de intereses menos puros.
En aquel film de Kurosawa, “Rashomon”, se narra por cuatro testigos el mismo hecho. Un matrimonio avanza por el bosque. Aparece el bandido, “Tayomaru”, viola a la mujer y asesina al marido tras una lucha a muerte. Un leñador, oculto, lo ve todo. Los tres actores, en la película relatan lo sucedido, pero no coinciden, cada uno lo cuenta diferente, a su modo. Al final, cuenta la verdad el leñador: todos han faltado en algo, y comenta: “Hacen el mal, y luego mienten, para no admitir que han cometido el mal”.
El sistema democrático, legal, de estas mayorías que tenemos en España, tiene el peligro de que, partiendo de los rencores, o los traumas, o los vicios, o los caprichos de algunos, su testimonio interesado pueda tener el resultado de apoyar “leyes” que serán leyes, pero no leyes buenas que se adapten a lo que siempre hemos conocido, desde milenios, como “la Ley de Dios”, que a tientas ya buscaba Sófocles y ya conocían los profetas de Israel. Se puede estar mintiendo descaradamente para ocultar la verdad que duele y decir que es verdad lo que a nosotros nos conviene, que alcanzamos por los enjuagues de las mayorías.
Le preguntan a Jesús cómo acertar a hacer el bien, y Jesús distingue entre el palabrerío vano de decir “Señor, Señor” y “Oh, el templo del Señor” y luego hacer el mal, o la verdad con obras de cumplir la voluntad de Dios.
Pero no nos aclaramos: Necesitamos una norma práctica. Nos la da Jesús: “Comportaos y haced con los demás como vosotros queréis que se comporten y hagan con vosotros. Ahí está resumida la Ley de Dios y la enseñanza de los profetas”.
Quieren educarnos para ser buenos ciudadanos: Que conozcan los Mandamientos de la Ley de Dios, el Sermón de la montaña, el Mandamiento nuevo del amor total a todos, ¿hay algo mejor? Un magnífico código de conducta, también para los que no se sientan cristianos.
Apartados de eso, dudamos de que se puedan formar “buenos ciudadanos”. Quizá formen tontainas que digan “que sí” a los caprichos de los poderosos, cosa que siempre se ha intentado y siempre acaba fracasando.
Luís Ramírez Benéytez
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Desde luego este hombre siendo sacerdote, sabe bastante de hacer idiotas que digan siempre si al poderoso.
Los que denigran al tal Cain son un ejemplo de aquello que critican: haceis el mal, y luego criticais para que no se sepa el mal que haceis.
Cain solo esta recordandonos un ejemplo de mal ciudadano que el padre Ramirez olvido incluir: aquel que predica con la palabra que jamas cumple. Entre estas personas se encuentran millones de los que se llaman a si mismo "catolicos" y que *no* siguen los mandatos de Dios: "trataras al projimo como quieras ser tratado".
Cain incluye una lista de ejemplos que es bastante precisa.
Yo, como buen ateo y buen ciudadano que creo ser, intento aplicar la maxima catolica siempre que puedo, aunque no crea en Dios. Ojala todos siguieran este ejemplo, para glorificar a Dios (el que sea catolico) y vivir en paz (catolico o no catolico).
Un saludo, Jorge
La democracia es algo mas que una mayoria simple en el Congreso.La Democracia requiere una gran honestidad entre la clase politica,un real deseo de servir a la sociedad y no de servirse de ella.
Los politicos en España estan mostrando lo peor de su clase.Buscan el poder por el mismo,buscan medrar de los presupuestos sin preocuparse de quienes los pagamos.Engañan,se confabulan para la recaudacion de fondos ilegales,retuercen las leyes que les permitan lograr sus espureos deseos.Hacen de todo por ellos mismos y muy poco por la sociedad que han prometido defender.
De esa clase politica fluyen las leyes,¿ tiene que aceptar inerme la ciudadania todas esas leyes que se fraguan entre politicos venales? Si ,las tienen que aceptar pero han de luchar para que sean modificadas en el bien de todos y no solo de unos pocos.
Crain,
es difícil superar el déficit intelectual demostrado en tus palabras. Os falta una mínima formación -no ya para desgobernar como demuestra el señor Rodriguez y sus ministros constantemente- para adentraros en debate alguno.
Qué pena de España, en qué manos!!!
Pobre Crain. ¿Te violaron de chico, o algo? Taaanto resentimiento tiene que doler.
Es mucho más simple pero, parece, que tú no puedes entenderlo.
Efectivamenmte: conocer todo eso y luego hacer cado omiso. Ver en el inmigrante un sinvergüenza que viene a robarnos, cerrar los colegios a sus hijos, bendecir la opulencia criminal, bendecir las guerras, sacralizar el abuso de la propiedad privada. Callar ante la globalización, cerrar los ojos a la hambruna bestial, bendecir el patriotismo canalla, arrimarse a la mesa del poderoso. Poner el dinero como meta de todo. Matizar la pederastia accidental. No visitar al enfermo, no dar agua al sediento (sino la paga), no dar pan al hambriento (vagos del estado de bienestar), debnostar la humildad y ensalzar la soberbia dle triunfo (siempre con guarnición económica). Fomentar una esquiozofrenia moral que facilite3 el manejo y el control. No gracias. Prefiero una educación civil que tenga contenido humano y potencia legal.
Sábado, 2 de junio
Ramón Tamames
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