El blog de Ramón Tamames

383. El Canal de Panamá se amplía.- Y II. ¿Volverá España al Istmo?

20.07.07 | 10:35. Archivado en Artículos
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Veíamos ayer en la primera parte de esta miniserie de dos entregas, algunos antecedentes históricos de la cuestión del canal de Panamá, de los proyectos de su ampliación, y de lo que será el ensanchamiento de la gran vía navegable a través de las Américas. Hoy, volvemos al texto publicado en La Razón el pasado martes 17 de julio de 2007, poniendo de relieve un hecho diferencial entre EE.UU. y la pérfida Albión; cuando Panamá aspira a seguir explotando el éxito conseguido en las negociaciones Torrijos Sr./Carter, de la década de 1970, que llevaron a la devolución de la entera zona del Canal por EE UU a la más joven de las Repúblicas de las Américas.

Aquella fue una actitud generosa —tenía que ser de Jimmy Carter— algo que, ruinmente, los hijos de la Gran Bretaña son incapaces de asumir respecto a un país, el nuestro, que va hacia los 50 millones de habitantes y respecto al cual todavía hacen gala de la petulante renuencia a devolver una roca de 6 km2 y 30.000 llanitos; expoliada en 1704, y convertida en paraíso fiscal y reducto de contrabandistas de todas las especies. Y todo ello en contra de lo que ya en 1766 preconizó Adam Smith en «La Riqueza de las Naciones», de “retornar el Peñón a los españoles, para asegurar su amistad perdurable con Inglaterra”.

Volviendo a la cuestión central, la decisión de ampliar con tres nuevas líneas de esclusas el Canal de Panamá fue aprobada por su pueblo soberano en referéndum, con Torrijos Jr. aspira a mantener a su país en la cresta de la ola, con máximo crecimiento económico entre Alaska y la Tierra del Fuego. Y en una tendencia, que según las grandes revistas y los observatorios financieros, superará al Miami en declive por las políticas de Bush: Panamá se convertirá en el centro turístico y financiero más importante de las tres Américas fuera de EE UU Con antecedentes como Singapur –sin duda, la ciudad-Estado mejor administrada del mundo–, con la particularidad de que los panameños disponen de abundante territorio en torno a su Canal, para convertirlo en un auténtico emporio de puertos de contenedores, comercio entrepot, centros industriales, desarrollo tecnológico, turismo de alto nivel, etc.

Hace pocas semanas visitó España el Vicepresidente de aquella República con algunos de sus ministros, y tenemos conocimiento de que varios grandes grupos empresariales españoles tienen puesta la vista en las licitaciones que se avecinan para la construcción no sólo del Canal, sino también de todo lo que va a comportar: nuevos aprovechamientos en las antiguas bases militares de EE UU retornadas a la soberanía panameña. Y en ese escenario, han entrado en liza las primeras potencias tecno-constructoras, como Bechtel, Mitsubishi, Bouygues, Livingstone, etc., decididamente apoyadas por sus gobiernos respectivos.

En cambio, no se ha oído mucho por aquí, en las esferas oficiales, sobre cómo participará España en esa refundación económica de la República de Panamá; en el contexto de un Gobierno poco activo en cuestiones internacionales, obsesionado como sigue en negociar con ETA (aunque sea diciendo lo contrario), y con aspiraciones para el ancho mundo hispanohablante sólo a medio gas. En ese sentido, ojalá que la visita en curso del presidente del Gobierno a Panamá, sea una especie de «aquí estamos para lo que se necesite». Y desfacer, con razones tecnológicas, y no teológicas, la vieja sentencia de tiempos de Balboa de que «lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre».

Y con esa reiteración del aforismo carolino, terminábamos el artículo de La Razón. Al cual podemos agregar aquí, que durante la visita del presidente del Gobierno a Panamá del pasado miércoles, lo más importante que se trató es algo que ya debería haberse resuelto hace más de un año: la supresión por parte de España de la calificación de Panamá como paraíso fiscal. Y aunque podría decirse aquello de que: “nunca es tarde si la dicha es buena”, la verdad es que el asunto se trata con bastante demora, porque la licitación de las obras del canal está a la vista, y las empresas españolas aún tendrán que esperar a que, según la percepción española, Panamá no siga siendo nido de especuladores y defraudadores.

Claro es que si mal llegamos tarde a la cita, los empresarios españoles tienen capacidades muy recrecidas, y todavía podrían participar activamente en la que he llamado la “refundación económica de Panamá”. Porque no todo es el Canal, sino que éste es, marcadamente, el motor de un desarrollo que va a ser realmente espectacular. Ya lo verán.


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