El blog de Ramón Tamames

370. Árboles de mi infancia

26.06.07 | 12:35. Archivado en Artículos

El domingo pasado, 17 de junio, en el suplemento “A tu salud – Verde” de “La Razón”, se publicaron algunos textos sobre árboles, como ejemplos maravillosos de lo que son tan admirables seres vegetales. Esa lectura me trajo el recuerdo de los árboles de mi infancia, en el jardín de la casa paterna en la calle del General Arrando número 6 de Madrid, que entonces, por los avatares de la guerra civil, recibió, para algo más de cuarenta años, el nombre de General Goded. Y a ese respecto, para el domingo 24 escribí mi columna quincenal en mi sección de Planeta Tierra, en La Razón Verde, sobre tales nostalgias, que ahora traigo a este blog. Porque aunque los blogueros no sean precisamente druidas, tal vez disfruten al contemplar los excelsos cuerpos arbóreos, o incluso simplemente hablar de ellos.

En aquel jardín paterno, en un ambiente descuidado un tanto romántico, había una serie de árboles que fueron el inicio de mis inquietudes por la naturaleza. Una higuera muy hermosa era el único frutal del jardín, y a ella ascendíamos por sus extremidades desparramadas en los juegos infantiles, y de ella caí un día, con dolores que persistieron durante meses, y que nunca revelé a mi padre, que era médico. Y no lejos de esa higuera, había un eucalipto no demasiado alto pero muy esbelto, que un invierno de nieves fue víctima de la carga blanca que lo tumbó por entero, para no estar más entre nosotros con sus emanaciones provenientes de la lejana Australia.

Siguiendo con las plantas del jardín, crecía una gran hiedra que reptaba por uno de sus amplios lienzos de pared, que en una ocasión los obreros de la Telefónica, en su tendido de nuevas líneas, no vacilaron en cortar a pesar de su vida de decenas de años. Y entre las raíces, uno de ellos, más bien poco zoologista él, descubrió a nuestra entrañable tortuga hibernando, con la consiguiente sorpresa de descubrir una nueva especie para él, con la exclamación de: “¡Andá, qué cucaracha tan grande!”.

Y continuamos con mis árboles de infancia. El rey de los cuales era un ailanto (“Ailanthus altissima”), cuyo nombre linneano sólo conocí muchos años después, cuando del mismo me informó el arquitecto Campos Benuti, en un paseo por los alrededores de Bolonia. Cuando llovía, el inmenso ailanto multiplicaba el sonido del agua con una sensación de frescor que pocas veces he vuelto a sentir.

Aparte de los ya citados, había dos lilos más bien escuetos, pero que llamaban toda la atención del mundo, cuando todavía en el invierno lucían sus luciérnagas florales con una fuerza polarizante para visualizarlas, en dos colores: blanco y violeta.

También nos acompañaba una acacia bastante hermosa, que en la primavera ya casi veraniega nos proporcionaba el sabroso “pan y quesillo”. Y como último recuerdo, un inmenso plátano (de la especie “Platanus hispanicus”, tan frecuente en Madrid, y que la mayoría de nuestros conciudadnos no conocen por este nombre, que confunden con el de la platanera de Canarias), que me causaba sensación. Tal vez premonitoria, de lo que sería, muchos años después, mi aria preferida, el “Largo de Haendel”, de la ópera “Jerjes”, cuando se produce aquel canto excelso que empieza con versos inolvidables: “Ombra mai fu di vegetabile…”. Esas son las vocaciones, para siempre, del jardín de mi infancia, de los juegos con mis cuatro hermanos (Pepe, Rafa, Juanito, la Condesa y el Pirracas), a quienes dedico este artículo.

4 comentarios

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Comentarios
  • Comentario por jose mª Fernandez de Cordova 24.07.07 | 18:46

    Leo su articulo Sr. Tamames y me trae a la memoria la gran emocion experimentada hace unos dias a orillas del Dordogne, cerca de Berjarac.Acampe bajo el platano de Indias mas grandioso que se pueda imaginar y me abrace a su tronco mientras sonaba en mi coche la gran OMBRA MAI FU en la voz de janet baker. Todavia tiemblo al recordarlo. sentimientos compartidos.

  • Comentario por eoriu 27.06.07 | 21:40

    Gracias señor Tamames por refrescar este ambiente tan emponzoñado politicamente, al leer su comentario recordando el jardin e sus juegos es tan lindo lo que cuenta y como lo describe que mi imaginacion se me ha disparado hacia mi niñez jugando en la era de trilla que habia frente a mi casa a la rayuela o al tejo, como quiera llamarse, alli no habia arboles de adorno pero en el entorno teniamos higueras donde robabamos los higos,(era guerra y teniamos HAMBRE) almendros, y toda clase de hortalizas del campo, tambien he recordado todo aquel tiempo de mi infancia con cariño y hasta un poco de nostalgia a pesar de ser tan tragico. Grcias de nuevo Sr Tamames leerlo me ha hecho sentir sosegada y con la sensacion de recibir una brisa fresca gracias

  • Comentario por guillermo 27.06.07 | 18:58

    El árbol de mi infancia urbanita fue el olmo viejo de Machado. Una pena.

  • Comentario por RAQUEL 26.06.07 | 13:51

    Sr. Tamames es la capacidad de hacer sencillas las conversaciones sobre economía que mantenía con Antonio Herrero, cuando disfrutaba de escuchar radio con profesionales, y además aprendíamos y escuchábamos a personas que transpiran humanidad, como las plantas su belleza. Es un placer seguir aprendiendo.

    Raquel, Valladolid

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  • Ramón Tamames Ramón Tamames

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