El blog de Ramón Tamames

369. A dónde va el Sistema Público de Pensiones en España

25.06.07 | 09:52. Archivado en Artículos

El pasado 23 de mayo di una conferencia en la Semana del Seguro bajo los auspicios de Axa-Winterthur, que luego transformé en un artículo que se publicó el viernes 15 de junio en La Clave, el hebdomadario que dirige José Luis Gutiérrez. Ahora la ofrezco a los amigos blogueros por si es de su interés.

En tiempos pretéritos, una serie de grandes autores buscaron las razones últimas de la ciencia económica en la necesidad de luchar contra la pobreza, y en ese sentido, el Prof. Arthur Cecil Pigou, en las investigaciones que realizó sobre renta nacional y su distribución personal, propició una mejor distribución para alcanzar —y de ahí el nombre de su célebre teoría— un cierto”estado de bienestar”. Y por su parte, Alfred Marshall, el gran maestro de Cambridge, impulsor de la Escuela Neoclásica, se fijó en la sordidez y el abandono de los barrios periféricos de las grandes ciudades, para plantear una política económica más equitativa en materia de rentas.

En esa misma línea, el padre de la Seguridad Social moderna, William Beveridge, supo indentificar las cuatro grandes cuestiones de la reforma social, una de ellas, precisamente, asegurar una vida digna a los mayores, a través de un sistema de pensiones omnicomprensivo. Y así lo precisó en el célebre Plan Bevedridge, formulado en plena Segunda Guerra Mundial bajo el impulso del Gobierno de coalición Churchill/Atlee.

Con anterioridad, Bismarck, “El Canciller de Hierro”, fundador de la Alemania moderna, anticipándose a todos, promovió en 1880 el primer sistema integral de seguridad social, incluyendo las pensiones como pieza fundamental. Estratégicamente, para evitar que la clase obrera se situara definitivamente contra del Imperio que él mismo había proclamado en 1870, en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles.

En definitiva, Bismarck y Beveridge dieron nombre a las dos formas de abordar los sistemas de pensiones. El primero, con el método de las contribuciones directas de patronos y trabajadores. Y el segundo, basándose en los ingresos de un sistema fiscal progresivo. Quedando la posibilidad, naturalmente, de situaciones mixtas, de aportes contributivos y fondos provenientes de los impuestos.

La evolución del sistema de pensiones en España presenta un perfil histórico interesante, desde la creación, en 1903, por el ministro José Canalejas, del Instituto de Reformas Sociales. Del que surgiría después el Instituto Nacional de Previsión, que desde 1908 sirvió de marco para ir construyendo un sistema integral de seguridad. Cierto que con gran lentitud, con la demora particularmente lamentable de la Segunda República Española, que no abordó el problema hasta las mismas vísperas del estallido de la Guerra Civil de 1936-39.

Posteriormente, la Declaración X del Fuero del Trabajo (1938), las leyes de seguros de accidentes, de enfermedad y de invalidez y vejez de la década de 1940, supusieron un avance —en los primeros tiempos del franquismo y con los rasgos propios de la protección heteronómica de una dictadura— que se consagró en 1963, ya con un planteamiento global del sistema. Reforzado después por los Pactos de la Moncloa de 1977 y el Pacto de Toledo de 1994.

Actualmente, la cuestión de las pensiones vuelve a ser muy debatida entre nosotros, ante la eventualidad de que el sistema vigente entre en crisis; por razón de envejecimiento demográfico, insuficiencia de recursos, etc. Pudiendo decirse en esa dirección, que desde la Oficina Económica del Gobierno, con David Taguas al frente, está proponiéndose una reforma, más que criticada. Por entenderse que podría significar un recorte de las prestaciones y un nuevo paso en la eventual privatización del sistema. No es extraño, pues, que la diatriba surgida frente a semejantes propuestas —globo sonda o primer aviso—, haya generado contrapropuestas de gran interés como las realizadas por los profesores Montero, de la Universidad de Málaga, y Garrido, de la UNED.

Ante tal estado de cosas, en mi opinión, creo que es de lo más pertinente plantear, ya desde ahora, la exigencia de que se convoque un Segundo Pacto de Toledo. Para examinar las diversas actitudes, los datos del problema, y mantener y mejorar el sistema público de pensiones en una España mucho más rica que la de hace medio siglo cuando se establecieron.

4 comentarios

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Comentarios
  • Comentario por Elphin 06.07.07 | 09:16

    ¿Y para cuándo la desmantelación de la estafa piramidal de la seguridad social? Lo que garantiza la supervivencia de las pensiones es un sistema de capitalización, donde además el trabajador pueda elegir libremente si hace aportaciones a un sistema público o privado. Basta ya de coacciones para mantener un sistema sin futuro

  • Comentario por guillermo 27.06.07 | 18:56

    El retraso de la eda de jubilación es cosa hecha en muchos países de nuestra Europa con sistemas de protección tanto o más desarrollados que el nuestro. No entiendo cómo aquí ni tan siquiera se atreven a plantearlo.

  • Comentario por ... 27.06.07 | 17:21

    Estos teóricos del recorte de las pensiones están erre que erre regresando, efectivamente, siempre al mismo punto de partida. Siempre tanteando la relación de fuerzas, siempre tentando a la falsa socialdemocracia que nos desgobierna para volver a aplicar las vueltas de tuerca que nos devuelvan al S. XIX.
    Las fórmulas que pergeñen, el lenguaje corrupto que empleen, tratará de enmascarar sus verdaderos objetivos que todos sabemos cuáles son.
    Eso o retrasar la edad de jubilación, que viene a ser la otra fórmula -descarada- de conseguir los mismos objetivos: ahorrarse devolver a sus generadores lo cotizado durante toda su vida laboral. Esta con la excusa de que se conculcan los derechos de quienes desean seguir trabajando, profesionales muy concretos cuya actividad no les genera en absoluto el estrés y el desgaste físico que provoca en la mayoría un trabajo alienante y cada vez más desregulado, sujeto a toda clase de abusos.

  • Comentario por Sancho de Cardona 25.06.07 | 14:56

    Es increíble: una vez que se les ha pasado el susto del comunismo, pretenden volver al punto de partida del orden económico greco-romano, igual que en 1815, al pasarse el susto de la Revolución Francesa, intentaron volver a la aristocracia y la monarquía absoluta. Fracasarán de nuevo: la gente se deja retrotraer un paso, pero es sólo para tomar carrerilla y volver a dar dos hacia delante.

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