Ayer, jueves 21 de junio publicamos en este blog la primera parte de un artículo mío aparecido en la sección Primera página de La Razón el pasado martes 19. En el cual, tras un pequeño comentario sobre el género literario que son las conferencias, me referí a la que el viernes 8 de junio tuve ocasión de dar en la Cárcel de Logroño. Y concluía esa primera entrega refiriéndome al interés de los reclusos por el tema considerado, que era la exposición sintética de mi último libro (“El siglo de China. De Mao a primera potencia mundial”, publicado por Planeta, 3º Edición).
El subrayado interés no me extrañó en absoluto, pues todos sabemos que las cárceles no son hoy en día lo que fueron en otro tiempo. Se corresponden con la España en que los derechos políticos y humanos funcionan tan razonablemente o más que en las otras democracias de la Unión Europea. De manera que los residenciados tienen, entre otros derechos, el de utilizar una biblioteca razonablemente abastecida, realizar cursos de informática, estudiar en universidades, así como recibir visitas, incluidas las denominadas vis-à-vis.
Todo eso puede ser visto por algunos como un sistema criticable, al estarse perdiendo, dirían, los aspectos punitivos que son propios del estado de reclusión. Pero resultaría indecoroso e inhumano, no apreciar –en la línea de nuestros más altos valores penitenciarios, de la estirpe de Concepción Arenal y Victoria Kent—lo que todo eso significa. En el propósito de reorientar la vida de los internos, y hacer posible que al recuperar su libertad estén en mejores condiciones para reanudar sus vidas.
En el inicio de mi exposición, me pareció lógico referirme a mis propias experiencias de privación de libertad, de escasa duración pero no por ello bien ilustrativas para mí. En 1956 la primera vez, cuando algunos alborotadores y jaraneros (Franco dixit), nos rebelamos contra el régimen autoritario en petición de un congreso libre de estudiantes. Un episodio que personalmente fue para mí verdaderamente decisivo, pues fue en aquel tiempo y en Carabanchel cuando decidí escribir mi “Estructura Económica de España”; obra de la que ahora estoy preparando su 25 edición.
Veinte años después, en 1976, mi segundo encarcelamiento en el mismo Carabanchel fue decisión del gobierno de Arias Navarro; instrumentada por Fraga Iribarne, de cuando nuestro actual ilustre senador pensaba que la calle era suya, y que el “timing” de las libertades públicas sólo podía marcarlo él como ministro que era de la Gobernación. Y en aquel trance, las semanas que hube de permanecer en la cárcel, me sirvieron para una experiencia única: dejé muy avanzada mi novela “Historia de Elio”, que pocos meses después quedó entre las obras finalistas del Premio Planeta de 1977.
Forzoso es pedir excusas por tanta autocita, pero lógicamente cuando se va a un lugar como el mencionado, en las condiciones vitales expresadas, uno se siente “colega” de quienes están allí, y viene obligado a mencionarlo y explicarlo. Y eso es lo que hice, en la idea de que uno mismo es el artífice de su propio capital humano, y de que cuando se tiene tiempo para ello, lo mejor es cultivarlo.
A la salida de la citada cárcel de la provincia de K, cuando ya enfrentaba en el camino de vuelta a Madrid uno de los más hermosos parajes que conozco, constaté una vez más que la libertad recuperada es uno de los bienes más preciosos, y que durante cualquier fase de privación podemos aprovechar el tiempo para disfrutar mucho más de ella, con el capital humano que se haya forjado en ese lapso. Bienvenido, pues, este programa, “Animación a la lectura” en nuestras sedes penitenciarias, con el recuerdo hoy, en nuestro icono, de quien, lamentablemente, tuvo que redactar buena parte de su formidable producción literaria, en las cárceles del fascismo: Antonio Gramsci que sufrió la intemperante crueldad de Mussolini.
Otto Gritschneder escribió en 1965 un libro sobre el proceso judicial que los nazis montaron contra el jesuita Rupert Mayer , beatificado en 1987 . De él es esta frase : " Quien se pasa el tiempo dormido mientras todavía hay democracia , corre el peligro de levantarse rodeado de dictadura por todas partes." Esto está empezando a ocurrir en España . Los Obispos lo recuerdan en su nota del 20 de junio: " La gravedad de la situación no permite posturas pasivas ni acomodaticias . Se puede recurrir a todos los medios legítimos para defender la libertad de conciencia y de enseñanza . "
Miércoles, 3 de diciembre
Ramón Tamames
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Ramón Tamames
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