El lunes 4 de junio de 2007 se cumplieron dos años de la muerte de José Antonio Jáuregui en Sibiu, Transilvania, Rumania. En un trance de auténtico acto de servicio, en su calidad de Catedrático Jean Monnet de la UE, concretamente cuando estaba presidiendo, por encargo directo de la Comisión Europea, el jurado de asignación de las capitales europeas de la cultura. Allí, inesperadamente, le sobrevino un infarto de miocardio que segó su vida, dejándonos huérfanos de una de esas amistades que muy poco frecuentemente se encuentran a lo largo de la vida. Como podremos ver entre hoy, martes 19, y mañana miércoles 20 de junio, en los dos artículos que publicaremos, procedentes de una versión previa que publiqué en el ciberperiódico Estrelladigital que dirige Pablo Sebastián.
Fue hace dos semanas, el 4 de junio de 2007, en la sede madrileña de la Comisión Europea donde tuvimos ocasión de conmemorar la figura de José Antonio Jáuregui, con una sesión académica que presidió Tomás Jiménez, Director de la representación comunitaria en la capital de España. Como oradores actuamos, Marcelino Oreja, Catedrático Jean Monnet, Ignacio Salafranca, Eurodiputado, y yo mismo.
El acto discurrió, en el más alto tono de respeto por el conmemorado, con asistencia muy nutrida que colmaba el espacioso auditorio europeísta madrileño del Paseo de la Castellana 46, de la que hoy traemos a nuestro icono su bandera. Estando en primera fila Dorita, la viuda de José Antonio y sus cuatro hijos. Y en ese trance, y con esa concurrencia, me referí a la figura del Prof. Jáuregui, haciendo una glosa a partir de las siete columnas capitales de su personalidad.
La primera, la identifiqué con el hecho de que José Antonio era “navarro de nación”, de Eguilor, con una actividad siempre fecunda en su región natal; habiendo sido uno de los fundadores de su Universidad Pública. Adonde precisamente en 1990 me invitó a dar una conferencia, siendo en esa ocasión cuando sentamos las bases de nuestra perdurable amistad. “Oye, Ramón ¿y por qué tú, que has trabajado tanto sobre la Unión Europea, no eres aún Catedrático Jean Monnet?”, me dijo en ese encuentro. Y de tan sencilla interrogación surgió, con su valiosa ayuda, que en la siguiente convocatoria comunitaria se designara mi persona para la función de pertenecer al mejor senado académico europeísta.
A mi juicio, el segundo pilar del Prof. Jáuregui fue su labor como antropólogo, siempre para investigar el sentido de la vida de los pueblos en que todos y cada uno de los humanos nos integramos. Lo cual patentizó en su extraordinario programa de TVE “Las reglas del juego”, y en su libro de máximo interés “Las tribus”.
Tercer pilar: oxfordiano cabal. Al estilo de los bostonianos de Henry James. Y fue precisamente en la más ecuménica de las universidades inglesas donde dejó amigos entrañables, y señaladamente Don Salvador de Madariaga, su maestro más prolífico por el número de sus obras, y uno de los más valiosos del largo exilio español por la calidad de sus escritos; entre las cuales recuerdo aquí preferentemente su Bolívar, que Don Hugo Chávez y Don Evo Morales tendrían que leer de inmediato, si es que no lo han hecho ya. Seguiremos mañana, para terminar este in memorian en honor del Prof. Jáuregui.
Tengo que decir que me uno al recuerdo con gran gozo de J.Antonio, me gustaría si alguien lo puede conseguir los vídeos de "las reglas del juego", que en su día me causaron sensación y que no he podido volver a ver.
Alguien excepcional merece no solo el recuerdo sino mi deboción, no debemos olvidarnos de distinguir a tan universal navarro. CIAO
No importa ni lo listos ni lo sensibles que seamos. Si no vamos con los demás no existimos. Una prueba de ello es su blog, sr. Tamames. Si esto que vivimos es el futuro que alguien me lleve a la Edad Media, debe haber otros caminos para el progreso.
Sábado, 30 de agosto
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
Invermanía
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Ramón Tamames
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