Los compromisos en torno a Kioto tienen como objetivo frenar la incidencia del calentamiento global que se origina por el efecto invernadero, con las consecuencias más dramáticas en términos de fusión de los hielos del planeta. Fenómeno que está impulsando la subida del nivel de los océanos, y que de mantenerse podría tener las más graves secuelas en amplias zonas costeras. Así empezaba el artículo que publiqué el pasado domingo 10 de junio en el suplemento A tu salud. Verde de La Razón, que hoy, con algunas transformaciones, traemos a nuestro blog. En la seguridad de que nuestros escépticos, casi profesionales, dirán que todo lo que aquí se anota sobre el gran deshielo es de lo más natural, que no pasa nada, y que estamos imbuidos del fetichismo del cambio climático.
El caso es que prácticamente todos los glaciares de montaña están en clara regresión, y con aún mayor gravedad sucede lo propio en los dos polos. Un declive que es objeto de creciente interés no sólo desde la comunidad científica, sino igualmente por el turismo más implacable. Ese es el caso paradigmático de Ilulissat, una localidad de 5.000 habitantes en la costa occidental de Groenlandia, 3.500 km al Norte del Cabo Farvell (adiós, en danés). Un puerto, en cuyas cercanías estuvo el autor de estas líneas en el verano de 1975, y que hasta hace bien poco sólo podía alcanzarse por mar durante los meses de verano, siendo ahora uno de los escenarios de la retirada de los hielos de Kallalit Nunuat; el nombre inuit o esquimal para el danés de Groenland; la tierra verde, que está volviendo a recuperar su viejo significado que los vikingos le dieron hace mil años.
En el otro extremo groenlandés, en el Estrecho de Dinamarca, recientemente emergió la llamada Warming Island. Siendo factible observar, a través de imágenes tomadas por satélite cómo en 1985 aún no se podía vislumbrar, al formar parte de una península congelada por completo. Pero en septiembre del 2005, el explorador Dennis Schmitt, comprobó visualmente que el glaciar que la conectaba con tierra firme, al deshelarse, había provocado la aparición de esa Isla del Calentamiento.
El gran deshielo en curso, ya está provocando un auténtico boom de exploraciones en busca de yacimientos de hidrocarburos y metales, en lo que con toda seguridad será prólogo de codicias y conflictos por lograr concesiones mineras, tanto en tierra como off-shore: en Alaska, Canadá, Groenlandia, y todo el Norte de la Federación de Rusia, las áreas que más van a beneficiarse del calentamiento global.
Por lo demás, está resurgiendo la cuestión del libre paso del Noroeste, la legendaria vía de navegación libre de hielos desde el ya mentado Cabo Farvell al Sur de Groenlandia hasta el Norte de Alaska; rodeando las costas boreales de la Tierra de Baffin y de la gran Isla Victoria, territorio canadiense con soberanía de paso propio que ya está poniéndose en duda por EE.UU.
En el extremo meridional del planeta sucede otro tanto, con el ya masivo turismo a la Antártida. Pudiendo intuirse que quizá se pongan en peligro los vigentes compromisos de no plantear reivindicaciones territoriales sobre el continente blanco; en contra de lo cual todavía hoy funcionan los diversos convenios internacionales suscritos al efecto, siempre en busca de las riquezas que pueda ir aflorando el gran deshielo.
No debe de dejar de señalarse por el sr. Tamames, que el deshielo producido al incorporarse al mar reduce su salinidad y que descenso de la misma altera la circulacion submarina, provocando la interrupcion de la corriente del Golfo. Esta alteracion provocara aceleradamente una nueva glaciacion.
Miércoles, 3 de diciembre
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Alfonso Agís
Invermanía
Ramón Tamames
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero