El blog de Ramón Tamames

Luis Ramirez Benéytez: "Reflexiones sobre la desigualdad"

12.06.07 | 10:27. Archivado en Artículos
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Hoy publicamos un artículo de Luis Ramirez Benéytez, nuestro habitual comunicante, por el interés que pueda tener para quienes nos siguen. Un saludo muy cordial a todos.
Ramón TAMAMES

En el enfrentamiento preelectoral que mantuvieron Segolene Royal y Sarkozy en la televisión francesa, el momento de mayor tensión se produjo al tocar el tema de la educación y, más concretamente, al referirse a la educación de los discapacitados. Se hablaba de igualdad de oportunidades para todos como un ideal a realizar. Implícitamente se reconocía, ya de salida, que no somos iguales, que hay quien tiene muchísimo o mucho, y otros poco o nada, y había que dedicarse a los desiguales en peor situación. Si se había tenido o no sinceridad al tratar de realizarlo fue la causa de la tensión entre los actuantes.

Eso de la igualdad viene de antiguo. En los años, nada gratos, que algunos tratan de remover con lo de la memoria histórica, en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme teníamos como novedad a 'los evacuados', huidos de sus pueblos por temor a que los que llegaban hicieran con ellos lo que ya ellos habían hecho antes. Ocuparon casas cerradas, plantas vacías, cámaras En los corros de la tarde, el que sabía, leía los periódicos llegados de Madrid: «Las fuerzas leales han rechazado el ataque de los facciosos y han tomado la cota 312». Eso de las cotas de los planos cartográficos se usaba mucho. Leían las cartas del frente: «Me alegraré que al recibo de la presente sus encontréis bien yo quedo bien salud pues María pues de lo que me vienes diciendo pues te diré »

Pero el tema que andaba rondando en la consideración de muchos, o de todos, es si una revolución o, más concretamente, la revolución instalada en aquel lugar, y 'la segunda vuelta', que ya se anunciaba para cuando se ganase la guerra, conseguiría que todos fuéramos iguales. Unos decían, con cautela, que los dedos de la mano no son iguales y lo que hacen el dedo índice y el pulgar no lo pueden hacer el meñique y el dedo de en medio. Pero se cantaba: «Somos comunistas revolucionarios, que luchamos todos por la libertad, queremos que cesen estas injusticias, y desaparezcan la desigualdad Ay, ay, ay, tirano burgués, ay, ay, ay, que mal te vas a ver».

El modelo de revolución era, allá en el origen, la revolución francesa, empeñada en conseguir 'la egalité', la igualdad. Pero como toda revolución, para conseguir la igualdad recurrió al cuarto principio, que no se dice: «Liberté, egalité, fraternité y guillotiné». Porque el modo rápido de lograr la igualdad es eliminar a los desiguales.

El modelo vivo era ahora la revolución rusa. «Arriba los de la cuchara, abajo los del tenedor», se cantaba con la música de 'la Internacional'. Nosotros, los que sólo hemos podido comer sopas de ajo y arroz y papas, acabaremos con los que han comido pollos y filetes. No cabe duda que se llevó a la práctica ese ideal. Los burgueses, los comerciantes, curas, terratenientes, notarios, abogados y gente que iba a misa eran diferentes, usaban cuchillo y tenedor: a acabar con ellos.

Ya se sabe, por experiencia, que el ideal revolucionario nunca lo cumplen los revolucionarios. Trostky ya escribió que la revolución es como un hierro al rojo y el pueblo no puede cogerlo con sus manos. Tiene que ser una élite capacitada la que lo trabaje y realice. Claro: el Partido. Y resulta que así se crea una nueva clase diferente por su poder y sus privilegios, y abajo unas masas en las que basta ser igual a los iguales y estarse callado para disfrutar de la revolución. Seguimos, por tanto, desiguales, entre los que tienen ahora el poder y las masas sometidas a ellos.

Pero el hecho de la desigualdad, ¿tiene remedio o no? Porque el otro día, en un enfrentamiento en el Congreso de los Diputados, se escuchaban dos visiones bien diferentes a propósito de la educación. Uno hablaba de premiar el esfuerzo, el trabajo, como estímulo para la educación de todos y subir así el nivel de capacidad de todos. Claro, se admitía la desigualdad de que haya buenos, mejores y peores. Y no siempre los peores lo son por el desigual reparto de las cualidades naturales: también por la mala actitud de algunos atravesados. ¿Puede ser igual el trabajador y el disciplinado que el vago que perturba a todos? ¿No merecerá uno el premio y otro la corrección estimulante?

Pero replicaba el adversario, en el Congreso, que la educación no tiene que servir para crear privilegios ni para que asciendan unos pocos sobre los demás, sino para que nadie quede rezagado y, más o menos, todos tengan un nivel aceptable. Parece ser que bastaría con lo que piadosamente se llama «bajar el listón», referencia clara a los saltos de altura, e instaurar una 'áurea mediocridad', una nivelación baja sobredorada con títulos, para que parezca oro, aunque sea de un nivel de hojalata.

En el fondo, ¿se mantiene con eso la práctica seudorevolucionaria de lograr un nivel de igualdad sometida y obediente en 'las masas', para tener las manos libres y hacer alguna especie de revolución? Pudiera ser y eso, aquí y ahora, resulta temible. Vamos a tratar de considerar diversos modelos de sociedad desiguales. Lo primero, claro, la sociedad del imperio romano: un divino emperador que lo es todo, unos patricios con derecho a todo, unos plebeyos con los derechos de los ciudadanos obedientes y unos esclavos sin derecho a nada.

No cuesta mucho trabajo reconocer este mismo modelo en los regímenes totalitarios de la reciente historia del siglo XX. Un líder indiscutible con pretensiones de infalible: Hitler, Stalin; un partido que manda en todo: nazis, soviéticos; unas masas obedientes; unos enemigos: los burgueses, los judíos, los cristianos, cuyo único horizonte es desaparecer por ser desiguales.

Pero ese modelo básico de totalitarismos es capaz de admitir disfraces para mayor perversión, porque en una sociedad que presume y habla constantemente de democracia no podría mantenerse, por lo claro, el modelo totalitario que, mediante la fuerza, se sigue dando todavía en lo que se llaman «repúblicas bananeras», pero no en las naciones del occidente desarrollado. ¿Cómo se podría instaurar, de hecho, una especie de totalitarismo de partido único sin provocar sospechas?

Por lo pronto, los líderes indiscutibles siempre acaban cayendo. Por eso no es práctico mantener figuras concretas de líderes. Es mejor el grupo, diríamos formado por gente casi anónima, pero potentísimos, con un fuerte entramado financiero y dedicados (se entiende en un mundo globalizado) a actividades decisivas: armas, materiales estratégicos, drogas, o tal vez el dominio de los medios de información para dominar el país que sea. (¿Es Bush el que manda en la guerra de Irak o es la industria de armamentos americana?, diremos, por ejemplo).

Esos grupos, o ese grupo a nivel más reducido de tal o cual país, necesitan una pantalla política, que parezca que tiene el poder, aunque el poder verdadero lo tenga el grupo. Por eso mismo tendrán que ser políticos mediocres, que puedan ser removidos sin que sufra el sistema. Los políticos que sean útiles al sistema no pueden ser ni inteligentes ni brillantes, sino mediocres y de fácil quita y pon. (Por eso, el brillante clan Kennedy estorbaba). Naturalmente, a los políticos mediocres no les interesa que el pueblo sepa mucho o que tenga ideas contrarias al sistema. Lo mejor es bajar el listón en los niveles de conocimientos, de ética, de conducta Claro que el que valga deber ser sacado de la masa mediocre y captarlo para el grupo dominante, en el que sí vale el alto nivel de inteligencia y de preparación.

En una sociedad, según este modelo, los enemigos a eliminar serán algún posible grupo adversario en la oposición y, por supuesto, quien defienda valores trascendentes, como la religión y especialmente la Iglesia Católica.

Unas masas en clara decadencia intelectual y moral, unos políticos mediocres de quita y pon y un grupo dominante, especie de partido único, que se perpetúa en el poder. La igualdad instaurada en lo bajo para mantener los privilegios de la desigualdad en lo alto. Así es el mundo nuestro. Y no debería ser.

- Pues no es muy tranquilizador lo que usted dice. Y no señale usted mucho con el dedo. Pero ¿cómo liberarse de la zafiedad que avanza?

- Verá usted. La naturaleza nos hace desiguales, y 'la lucha por la vida' hace que los fuertes devoren a los débiles. Esa es la verdad en el mundo animal. Y el hombre tiene tendencia a seguir en ese mundo.

Pero los seres humanos tienen que superar 'la lucha por la vida' y la esclavitud de los débiles. Valer mucho, pero para servir a los más desgraciados. Lo dijo bien claro: «Me llamáis Maestro y Señor, y lo Soy, pues Yo, vuestro Maestro y Señor me he arrodillado para lavaros los pies. Haced vosotros eso mismo». La desigualdad natural superada por la igualdad del Amor sobrenatural. La única esperanza.

3 comentarios

  • ¿Te parece interesante esta información?
  • meneame
  • Delicious
  • digg
  • yahoo
  • talk bubble
Opine sobre la noticia

caracteres
Comentarios
  • Comentario por adriana gonzalez 13.08.08 | 19:52

    si jesus que es el señor de señores se arrodillo a lavarles los pies a los discipulos, porque no lo pueden hacer personas que tienen muchos recursos economicos, pero que se creen los mas importantes de la sociedad y pisotean a los demas, cuando digo esto me refiero a servirle alos demas, y estar agradecidos con Dios, que ellos tienen muchas cosas, y ayudar a que las personas que estan en esta situacion de desigualdad puedan salir adelante

  • Comentario por adriana gonzalez 13.08.08 | 19:51

    si jesus que es el señor de señores se arrodillo a lavarles los pies a los discipulos, porque no lo pueden hacer personas que tienen muchos recursos economicos, pero que se creen los mas importantes de la sociedad y pisotean a los demas, cuando digo esto me refiero a servirle alos demas, y estar agradecidos con Dios, que ellos tienen muchas cosas, y ayudar a que las personas que estan en esta situacion de desigualdad puedan salir adelante

  • Comentario por adriana gonzalez 13.08.08 | 19:51

    si jesus que es el señor de señores se arrodillo a lavarles los pies a los discipulos, porque no lo pueden hacer personas que tienen muchos recursos economicos, pero que se creen los mas importantes de la sociedad y pisotean a los demas, cuando digo esto me refiero a servirle alos demas, y estar agradecidos con Dios, que ellos tienen muchas cosas, y ayudar a que las personas que estan en esta situacion de desigualdad puedan salir adelante

Sábado, 11 de octubre

BUSCAR

Editado por

  • Ramón Tamames Ramón Tamames

Hemeroteca

Julio 2008
LMXJVSD
<<  <   >  >>
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031   

Sindicación