Como he relatado en el número 183 de la revista “Leer”, cuyo editor es José Luis Gutiérrez, a lo largo del mes de mayo que ya termina, tuve la oportunidad de visitar sucesivamente toda una serie de puntos del cuadrante nordeste de la Península Ibérica. Empezando por Castellón de la Plana, para seguir después a Barcelona, ir ulteriormente a Burgos, y desde allí a Lerma, con vuelta a Madrid. Un auténtico “viaje morrocotudo” en la expresión de nuestro satírico novelista Juan Pérez Zúñiga.
En Castellón, en el marco del nuevo Palacio de Exposiciones y Congresos, y bajo los auspicios de la Concejalía de Medio Ambiente, estuve hablando de cuestiones ecológicas relacionadas con el agua. E inevitablemente surgieron evocaciones respecto a dos libros de nuestro gran regeneracionista Joaquín Costa (nuestra imagen de hoy): “El arbolado y la patria” y “Política hidráulica”. Ambos, en la línea de reverdecer España, y hacer más productivo su campo. Para junto con la difusión educativa, cumplir el viejo lema del “gigante de Graus”, concretamente aquello tan sabio de “escuela y despensa”.
En medio de esas referencias, no pude hurtar al distinguido auditorio, en gran medida compuesto por agricultores veteranos, que como tantas veces se ha dicho, “el mejor embalse es el bosque”. Y en la señalada línea de inquietudes, me referí a un trabajo que realicé en 2001 para el Ministerio de Medio Ambiente, cuando regía el departamento Jaume Matas; titulado “Informe Forestal 2001” (Ramón Tamames, “Informe Forestal 2001”, Tragsa, 2001) , en cuya portada transcribí una larga cita de nuestro gran polígrafo Don Joaquín:
“Los árboles son los reguladores de la vida. Rigen la lluvia y ordenan la distribución del agua llovida, la acción de los vientos, el calor, la composición del aire. Reducen y fijan el carbono, con que los animales humanos envenenan en daño propio la atmósfera, y restituyen a ésta el oxígeno que aquéllos han quemado en el vívido hogar de sus pulmones; quitan agua a los torrentes y a las inundaciones, y la dan a los manantiales; distraen la fuerza de los huracanes, y la distribuyen en brisas refrescantes; arrebatan parte de su calor al ardiente estío, y templan con él la cruzada del invierno; mitigan el furor violento de las lluvias torrenciales y asoladoras, y multiplican los días de lluvia dulce y fecundante”.
Seguiremos mañana con el itinerario ya indicado, y concretamente en la etapa dedicada a Barcelona.
Viernes, 25 de julio
Ramón Tamames
Invermanía
Grupo Cenyt
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Juan Carlos Ureta
Alfonso Agís
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero