Hace solamente cuatro o cinco años, nadie lo habría pensado: en el campo puede encontrarse una parte muy notable de las soluciones bioenergéticas, que cada día es más indispensable para frenar al consumo masivo de combustibles fósiles. A base de capturar energía solar mediante la fotosíntesis.
A los efectos indicados, existen dos tipos de biocarburantes: bioetanol y biodiesel. El primero se consigue por fermentación de productos azucarados como la remolacha y la caña, o bien a partir de los cereales —trigo, cebada y maíz—, previa su hidrólisis o transformación en azúcares fermentables. El etanol así resultante es factible consumirlo en los vehículos automóviles en sustitución de la gasolina; bien como único combustible, o en mezclas en las que no debe superarse el 10 por 100 en los climas fríos y templados. Pudiendo llegarse, en cambio, al 20 por 100 en las zonas más cálidas. En cuanto al empleo del etanol como combustible único, sólo es utilizable en motores específicamente diseñados ad hoc.
En lo referente al biodiesel, que se obtiene de aceites (palma, soja, colza, o girasol), se trata de un metilester derivado de la transesterificación de las grasas citadas. Resultando un producto que presenta perfiles fisioquímicos muy similares a los del gasóleo. Por lo cual los biodiesel pueden mezclarse con el combustible fósil de su misma estructura en cualquier proporción; y utilizarse en vehículos convencionales sin necesidad de introducir modificaciones en el diseño del motor. En la tendencia que estamos comentando, la Comisión Europea ha propuesto fijar una cuota mínima obligatoria de biocarburantes de al menos el 10 por 100 del consumo total de gasolina y gasóleo de cara al horizonte 2020.
Pero con ser muy importante, la bioenergía no se parará en el etanol y el biodiesel. Más allá está la silvicultura, tanto en lo que concierne a bosques tradicionales como en lo tocante a cultivos forestales. Que ofrecen residuos del máximo interés, derivados de las labores de aserrío o de fabricación de pasta y papel. Como también hay proyectos ya funcionando para la transformación en electricidad de plantas de siembra anual como los cardos y otras especies de gran contenido celulósico.
En resumen, estamos ante un nuevo reto para el sector agroforestal, de consecuencias formidables para mantener la actividad rural, precisamente cuando la producción de algunos alimentos está en peligro en países como el nuestro, por la competencia mundial que en el marco de la OMC pueden generar las superpotencias alimentarias: EE.UU., Canadá, Brasil, Argentina, Australia, etc. Con la particularidad de que esa gran expansión, al comportar precios crecientes, en términos muy favorables para todo el sector agrario, originará una serie de protestas por parte de los consumidores de cereales, oleaginosas y proteaginosas. Circunstancia a tener en cuenta —y algo tendrán que decir la FAO, hoy en nuestro icono—, a la hora del diseño de una nueva política a escala global, que permita unos equilibrios razonables para los intereses en presencia.
Totalmente de acuerdo con el último post, desde el punto de vista de la eficiencia economica REAL (esto es beneficio neto restando costes sociales), la introducción de los biocombustibles es una error de proporciones colosales.
El consumo de agua y la producción intensiva que se perseguirá con fertilizantes contaminantes no aseguran (en muchos casos empeora), el balance de CO2 y el consiguiente calentamiento global.
Muy descerebrado hay que ser, o tener oscuros intereses pecuniarios para condenar alegremente a gran parte de la humanidad a una amenazante y lenta inanición.
La solución pasa por establecer aumentos de precio en las tarifas de los energéticos y en proporción exponencial al consumo.
Con la barbaridad de agua que necesitas para conseguir un litro de combustible vegetal mas vale tomar agua del mar y producir hidrógeno y como residuo oxígeno y vapor de agua.
En Brasil no se podía conseguir azúcar a un precio razonable por la demanda de caña para etanol y obligaron a la gente a tomarse el café con sacarina.
La solución que se propone es pan para los coches y hambre para los hombres.
Viernes, 25 de julio
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Alfonso Agís
Invermanía
Ramón Tamames
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero