Ayer iniciábamos el artículo sobre cambio climático en Bangkok con una primera entrega, en la que fuimos viendo las principales conclusiones de la reunión del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IGPCC por su sigla en inglés) celebrada en la capital de la antigua Siam a comienzos de mayo. Y la conclusión era bien clara: sí, aún estamos a tiempo.
Hoy entraremos en la cuestión para señalarles que las dos grandes potencias emergentes, China e India, no lograron en Bangkok un texto final menos concreto en cuanto a la necesidad de reducir las emisiones de CO2 en la línea de la postura de esos dos países, que están afianzados todavía en las antiguas hipótesis del alto coste. Temiendo siempre que su rápido crecimiento podrá verse mermado si aceptan grandes compromisos ecológicos, y alegando que el peso de la reducción de las EGI debe recaer en las economías más desarrolladas, principalmente de Europa y EE.UU. En razón a que generan contaminaciones per capita equivalentes de tres a cinco veces las de China, y más aún las de India.
Pero ese razonamiento ya no tiene base argumental suficiente, porque el año próximo el antiguo Celeste Imperio superará a EE.UU. en volumen global de contaminación. Y eso es lo que al final verdaderamente importa. Porque la Naturaleza no entiende de percapitas a los efectos de la composición de su atmósfera.
Claro es que el informe del IGPCC no es tan desmesuradamente optimista como luce prima facie, pues los expertos consideran inevitable que las emisiones sigan aumentando hasta el año 2015. Aunque sí creen, en línea con lo ya comentado, que con una batería de medidas realmente efectivas, resultaría factible reducirlas a partir de ese momento; limitando así la elevación de temperaturas hasta un máximo de 2,4ºC para 2100, en vez de los 5ºC a que de otra manera podría llegarse.
La componente optimista de la posición del IGPCC radica en la seguridad de que con la innovación y, sobre todo con la generalización de las energías renovables, la crónica del desastre anunciado del cambio climático, aún será evitable. En ese sentido, desde Bangkok se ha emitido un mensaje muy claro a todos los países del universo mundo: lo primero a hacer consiste en reducir subsidios a los combustibles fósiles, entrando simultáneamente en políticas que potencien las energías renovables, y también en el recurso a la nuclear. ”Se trata de todo un programa impactante en su brillantez y relevancia”, aseguró el presidente del IGPCC, el hindú Rajendra Pachauri.
La conclusión principal, insistimos, es que aún estamos a tiempo. Todavía no es demasiado tarde para salvar el planeta si se actúa con decisión, y utilizando las tecnologías ya disponibles. Por eso, la opción de “quedarse de brazos cruzados, no es aceptable”, algo en lo que coincidieron todos los delegados reunidos en Bangkok.
En cualquier caso, se trata de buenas noticias, o al menos previsiones, aunque debamos acogerlas con el razonable beneficio de la duda. Y tal vez en la senda de superar esta última, habría que lanzar la proclama de “Gore for President”, en línea con las últimas emanaciones de los foros políticos de EE.UU., donde se dice que el Oscar del documental “Una verdad inconveniente”, está prestando oídos a los cantos de sirena que le invitan a concurrir a las elecciones de noviembre de 2008 para convertirse en el inquilino de la Casa Blanca de Washington D.C. a partir de enero de 2009. No estaría mal, frente a tanta obstinación antiecológica de Bush-II, y frente al funcionamiento escandaloso del complejo industrial-militar que se maneja por la Casa Bush con los sauditas y otro personal internacional que busca sobre todo el lucro a corto plazo y a cualquier coste.
Viernes, 22 de agosto
Ramón Tamames
Invermanía
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
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Ramón Tamames
Alfonso Agís
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Juan Otero