En nuestras dos entregas previas, procedentes de un artículo anterior en Estrelladigital —el ciberperiódico que dirige Pablo Sebastián—, nos ocupábamos de apreciar la conveniencia de vertebrar más los potenciales económicos del Valle del Ebro. Y proponíamos la creación de un órgano conjunto de las CC.AA. de Aragón, Navarra y Rioja, entrando hoy en la fase final de apreciar el posible marco constitucional de este proyecto.
El órganos a que venimos refiriéndonos, podría terne conexiones muy importantes con las terminales del eje, de un lado País Vasco y Castilla y León, y del otro Cataluña y Comunidad Valenciana. Quedando claro en nuestra Constitución de 1978 (su primera página en nuestro icono de hoy), que hay marco suficiente en su artículo 145, el cual, en su punto 2 abre la vía para convenios de cooperación entre CCAA:
2. Los Estatutos podrán prever los supuestos, requisitos y términos en que las Comunidades Autónomas podrán celebrar convenios entre sí para la gestión y prestación de servicios propios de las mismas…
Todo ello, como subrayó Juan Cruz Alli en la sesión de trabajo de Tudela que venimos comentando, en una lúcida intervención, sin que medie ningún propósito de federalizar, como se previene en el punto 1 del mismo artículo 145, cuando se dice que “en ningún caso se admitirá la federación de Comunidades Autónomas”. Siguiéndose en este caso la pauta ya marcada del artículo 11 de la Constitución republicana de 1931.
En otras palabras, no se trata de ir a la configuración de ninguna supracomunidad, sino de crear nuevas condiciones de mejora de tres entes territoriales que aspiran a cooperar más estrechamente entre sí. No cabe ver en una propuesta como la que aquí se formula ninguna pretensión en analogía, y dicho sea con todos los respetos, a la que está implícita en el lema de los llamados países catalanes; o que puedan vincularse a la Corona de Aragón en sus tiempos de máximo esplendor, con una eurorregión como la planteada por Pasqual Maragall para los antiguos territorios de dicha Corona, incluyendo los del sur de Francia. Un tema que ha entrado en evidente declive por la no participación de la Comunidad Valenciana en ese proyecto, por las reticencias de Aragón, y el desinterés manifiesto de Francia por cualquier operación de ese tipo.
Y precisamente a propósito de Francia, el órgano conjunto a que estamos refiriéndonos, podría tener también la idoneidad de proponer a las regiones meridionales del país vecino, desde los Bajos Pirineos hasta el Languedoc-Rosellón, la configuración de un conjunto de relaciones de mayor vinculación que hasta ahora. Un tema en el que podrían estar interesadas esas áreas del Midi, porque si bien ya no rigen las ideas del geógrafo galo Gravrier —sobre el desierto francés a la izquierda y por debajo de una recta que iría desde Bretaña hasta los Alpes Marítimos—, lo cierto es que el mezzogiorno de nuestro vecino no se encuentra en las mejores tendencias de crecimiento respecto a la Francia más norteña.
No vamos a seguir hoy en el tema, que podrá tener continuidad más adelante, pero quede así planteada la cuestión, cuyo interés supera ampliamente el de las tres Comunidades citadas, por sus incidencias en el conjunto de España, e incluso de la Unión Europea.
Lunes, 7 de julio
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
Invermanía
Luis Llopis Herbas
Ramón Tamames
Alfonso Agís
Juan Carlos Ureta
Luis C. Sánchez
Jesús Pérez
Juan Otero