Hoy se celebra en toda España el Día del Libro, cuya base radica en un acuerdo de las Academias de la Lengua Española, a fin de conmemorar en ese día la importancia de nuestro idioma común, para lo cual se eligió el 23 de abril, fecha de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra en 1616, coincidiendo con la de William Shakespeare.
Con ocasión de la fiesta, cabe subrayar que a pesar de los grandes progresos de los audiovisuales y de internet, el libro sigue siendo un gran vehículo cultural, como portador de ideas con un propósito de permanencia; más allá de la adormeciente televisión, y también de la efímera secuencia y soledad del vídeo, los DVD, o internet.
Fue Isaac Asimov (en nuestra foto de hoy), quien puso de relieve que hay un vídeo perfecto (hoy diríamos DVD, claro), que puede visionarse en cualquier momento; incluso a oscuras, y además en un televisor propio e intangible, que llevamos con nosotros mismos las 24 horas del día, que no ocupa lugar y que no consume energía eléctrica.
Es un televisor en el que se introduce el DVD cuando se quiere para verlo desde el principio o desde cualquier otro punto. Y que además se pone en marcha atrás sin necesidad de mayores esperas. Además, nosotros mismos participamos en la acción, nos fundimos en ella, y le damos más o menos color según sea la inspiración del momento, o en función de la mayor o menor cultura de que se disponga.
Así, a los personajes principales que aparecen en el volumen que leemos, si es de ficción, les imprimimos más o menos relieve según queramos nosotros, en virtud de las preferencias que hayamos adquirido respecto de unos u otros. Es un DVD que, adicionalmente, nos permite adentrarnos en la mente de los protagonistas, sin necesidad de la extraña «voz en off» que tanto se utiliza en otros medios y sobre todo en el cine. Y ese vídeo o DVD, señoras y señores, es, sencillamente, el libro.
A la hora de elegir un libro, ¡qué difícil resulta! Porque nos cuesta trabajo identificarnos con las materias o los autores. Y en relación con estos últimos, acabaremos por admirarlos si en sus obras reflejan nuestros problemas, o incluso aun más si de la lectura surgen ideas y soluciones.
Entonces, al terminar nuestro itinerario de páginas, nos sentimos optimistas, y al apreciar las dificultades y dolores de los demás en los argumentos de cada obra, nos percatamos de nuestra situación como comparativamente mucho menos grave. Y así, una vez más, pensamos que el mundo es más que digno de vivirse.
En los libros, encontramos, según las veces, una verdad, un valor, una esperanza. ¿Es que en ocasiones no nos hemos reconfortado, en las horas bajas y en los momentos de frustración, con un libro alentador que nos permite salir de trances nada recomendables? Yo, sinceramente, y lo digo como vivencia personal, sin más valor que ésa, recuerdo como hace unos años, precisamente en un pasaje difícil de mi vida, el encuentro con la obra de Hermann Hesse, Narciso y Goldmundo fue para mí como un resurgir.
En aquella aventura medieval, una historia de caminantes con destino incierto —que parece fue el origen de El séptimo sello de Ingmar Bergman—, lo que se plantea es la lucha de la vida contra la muerte, el predominio de los sentimientos de generosidad frente al egoísmo, en lo que acaba por ser un canto de esperanza con un trasfondo de mensaje de fraternidad.
Miércoles, 3 de diciembre
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Alfonso Agís
Invermanía
Ramón Tamames
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero