El pasado lunes día 9 de abril fue el 30 aniversario del Sábado Santo Rojo, la legalización del PCE como paso indispensable de la transición a la democracia. Y al respecto, hoy me permito publicar, para los amigos de ESTRELLA DIGITAL (y también del blog de Ramón Tamames), algunos recuerdos personales de aquel día. Pensando, sobre todo, en la figura de Adolfo Suárez (en nuestra foto de hoy), hoy en viva ausencia para nosotros, que tuvo el gran coraje de asumir una decisión histórica.
Aquel sábado 9 de abril de 1977, junto con mi hermano Juan, mi viejo y llorado amigo de los tiempos de la mili Teodoro Núñez Pérez-Calderón, y nuestros respectivos cónyuges e hijos, decidimos hacer una excursión paellera a los pinares de Navafría en la sierra de Guadarrama. Pero como el hombre propone y Dios dispone, en los altos de la montaña, el día se presentó con una ventisca muy considerable.
A la vista de esa coyuntura metereológica, intentamos almorzar más convencionalmente en la estupenda y ya desaparecida Venta del Marqués, cerca del pueblo de la Alameda del Valle, en medio de la hermosura agreste de la cuenca del Lozoya. Pero el propietario de la fonda, Ventura, tenía su restaurante a tope, y no hubo manera. Por eso, a cien metros de allí, en una casa de peones camineros abandonada, pudimos albergarnos y hacer la paella en una chimenea que no andaba mal de tiro. Lo pasamos bien, y a las cuatro y media o así de la tarde, nos disolvimos pacíficamente para volver a Madrid. Y al llegar a casa, en lo que pensé sería un resto de día apacible, decidí echarme una razonable siesta. Estaba en el mejor de los sueños, cuando mi mujer, Carmen, un tanto agitada, me despertó:
—¡Ramón, Ramón, en el descansillo de la puerta, hay un policía que dice que trae unos papeles para ti!
Yo, todavía casi dormido, dije:
—Pues muy bien, ábrele, y a ver qué quiere.
Un par de minutos después, volvió con un sobre bastante voluminoso:
—Es del Ministerio del Interior, y me dice el guardia que tienes que firmar aquí.
Rasgué el sobre por uno de sus lados, y cuál no sería mi sorpresa: ¡la mismísima legalización del PCE! Inmediatamente me levanté, llamé a tres o cuatro camaradas y quedamos en vernos en la sede del partido, en la calle Virgen de los Peligros (¡qué nombre más bien puesto para el caso!). Cuando entré en la sede ya había allí una nube de periodistas, de cámaras de televisión, y de gente de la radio. Y allí fueron llegando Santiago Gallego, Juan Antonio Bardem, Armando López Salinas, Gerardo Novales, Eugenio Triana, Pablo Cantó y algunos más (Carrillo y otros directivos del partido estaban fuera de Madrid). Se improvisó una rueda de prensa y fuimos contestando en medio del alborozo general. Recordaré solamente una de mis contestaciones a la siguiente pregunta:
—¿Están ustedes contentos de haber vuelto?
—La mayoría de los que estamos aquí nunca nos fuimos —aclaré—. El PCE siempre estuvo dentro de España. Y, desde luego, hoy es un gran día. Se ha aceptado lo que ineluctablemente tenía que reconocerse.
Hay muchas fotos de aquella memorable circunstancia, con banderas, y todos tan contentos. Y lo único que se encontró en la sede para brindar fue una botella de ron cubano, Havana Club, que aparece sobre la mesa en una de las instantáneas. Seguiremos mañana.
Sábado, 2 de junio
Ramón Tamames
Rolando Rodrich
Jaime Noguera
Luis Llopis Herbas
ClickTrade
Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames| Junio 2012 | ||||||
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