Veíamos el lunes 27 en este blog algunos conceptos sobre pobreza. Y ayer, martes 28, ilustramos el caso con una estadística bien expresiva de la todavía comparativa importancia de la pobreza en España, en situación de estancamiento desde hace años. A propósito de lo cual, me permití hacer una serie de comentarios en la reunión con los amigos de Cáritas Española en la sesión de trabajo que tuvimos el 21 de noviembre en el Club de Roma. Reproduzco ahora mis argumentos:
1. La cifra de los sin techo que se nos facilitó a lo largo del referido encuentro, de 30.000 para todo el país, no es un indicador expresivo de pobreza en general, sino de algo más complejo. Pues sin infravalorar los elementos de penuria del caso, el fenómeno en cuestión es calificable de auténtica patología social. Al rechazar los componentes de ese colectivo su inserción social, con actitudes de individualismo, sin olvidar casos de alienaciones derivadas de la droga, el alcoholismo, etc. Por lo demás, se trata de unos efectivos dispersos y sin organización propia, equivalentes al 0,07 por 100 (siete diezmilésimas) de la población total de España.
2. En cuanto al poder adquisitivo del estrato de los 8,5 millones de pobres identificados, estimo que no tienen toda la acuracidad los planteamientos del INE de su Encuesta de Condiciones de Vida. Ya que en los ingresos computados, aunque teóricamente se incluyen todos los informales, la cuantificación aún puede estar lejos de ser cabal. Pudiendo intuirse una mayor capacidad de compra de la reflejada en el cuadro de nuestro artículo, como consecuencia de: ventas de servicios sin iva, trabajo sumergido aun percibiendo el seguro de paro, y fondos procedentes de actividades no reguladas y no declarables, desde el narcotráfico a pequeña escala a la prostitución, etc.
3. El distinto poder adquisitivo del dinero según zonas, es también una cuestión interesante. Y ha de tenerse en cuenta a efectos del nivel de pobreza efectivo, estimado con base en rentas. Ya que el precio global de una cesta de compra concreta de artículos de primera necesidad, ofrece una gran variación entre regiones. Por ejemplo, entre Extremadura, la comunidad autónoma de renta per cápita más baja y Baleares, la que tiene el mayor nivel.
4. A parte de todo lo anterior, la pobreza no está aumentando, ya que el propio nivel de penuria de los pobres, valga la expresión, mejora con el aumento general de los niveles de renta real en que se basan las estimaciones.
5. A partir de las apreciaciones anteriores, una de las claves de la cuestión, sobre todo desde el enfoque de la exclusión, es el hecho de que la desigualdad sí va a más. Como señaladamente sucede en China: ahora hay menos pobres que hace 20 años (80 millones en vez de 300), pero el gradiente de la distribución de la renta es mucho mayor. Lo cual origina, por el efecto demostración que se transmite por los audiovisuales, un estado de creciente irritación. Por las diferencias, que se acentúan, con posibilidades de futuras convulsiones sociales.
En cuanto al repertorio de instrumentos para luchar contra la pobreza, en la UE en general y en España en particular, está claro que no es eficiente, tanto en cantidad como en calidad. Pero de esa cuestión, de gran envergadura, nos ocuparemos en una próxima ocasión.
Domingo, 5 de julio
Ramón Tamames
Alfonso Agís
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
Jesús Pérez
Ramón Tamames
Luis C. Sánchez
La España olvidada