El blog de Ramón Tamames

LA TOCATTA Y FUGA DE BILL GATES

20.07.06 | 09:55. Archivado en Artículos
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“No es una jubilación, es una reordenación de mis prioridades”, dijo Bill Gates el pasado 15 de junio en la conferencia de prensa en que anunció que en 2008 dejará la gestión diaria de la compañía. Ante lo cual, ubicuamente surgió la pregunta inevitable: ¿Es sólo una cuestión de edades y apariencias, o se trata de una revolución silenciosa dentro de Microsoft?

Más bien parece lo segundo, y la mejor demostración de ello es el orto de una nueva estrella en la galaxia de una de las empresas de tecnología más avanzada del planeta: Ray Ozzie, de 50 años, lo mismo que Gates, nombrado arquitecto jefe de software; apenas doce meses después de haber aterrizado en Redmond, Seattle, estado de Washington, el cuartel general de Microsoft.

Ozzie, que hasta el momento era uno de los tres directores técnicos de la multinacional, seguirá a las órdenes de Gates durante un año más, pero operando con máxima autonomía, para que pueda desarrollar todo el poder creador de su mente, para reorientar el modelo de negocio ante la intensa competencia de los grandes buscadores, como son Google o Yahoo! ahora en proceso de amplia diversificación y con capacidades tecnológicas cada vez más potentes.

Se trata de evitar a toda costa que llegue a Microsoft la llamada “disruptive innovation”, esto es, la estrategia equivocada de cambios mal planeados que pudieran desbaratarlo y trastornarlo todo; como de hecho sucedió con la promisoria Digital Equipment Corporation, tan admirada en tiempos por Gates, donde no supieron renovar a tiempo sus nuevos tecnólogos y ejecutivos, ni sus métodos de trabajo, como tampoco se acertó a elegir sus nuevos productos.

En ese contexto, el nuevo rumbo a seguir se inscribe en palabras del propio Ozzie: “Sabíamos que la búsqueda de información de cualquier clase por Internet sería importante, y en esa dirección Google ha conseguido una posición muy fuerte… en tanto que nosotros, nos hemos ido quedando al margen de los nuevos grandes productos: fue Apple la que imaginó el iPod, y Skype, y no nosotros, la que puso en marcha la telefonía a través de Internet, una tecnología muy popular que va extendiéndose sin límites”. Como también se ha criticado que el Palm omnicomprensivo de Blackberry, no haya salido de la mente de algún ingeniero de Microsoft.

Los analistas han acogido bien la tocatta y fuga de Gates, porque a todas luces suena a rejuvenecimiento de la compañía que él mismo fundara una treintena atrás, una respuesta a una situación, que según las críticas más conspicuas, de burocratización excesiva, sin la creatividad exigible en el siglo XXI. Negligencia que junto con otros factores, explica por qué los títulos de la compañía, que cotizaban a 58,89 dólares en diciembre de 1999, ahora lo hacen a 22,29 dólares (precio de la sesión del viernes 14.VII.06).

Steve Ballmer, el gran socio de Gates desde los orígenes de Microsoft, y al que algunos fondos inversores y de pensiones no consideran el mejor ejecutivo para la nueva era que comienza, mantendrá su cargo de consejero delegado. Pero Ozzie y Craig Mundie, el nuevo jefe de investigación y estrategia, serán los puntales en que se apoyará la nueva andadura. E incluso ya está pensado un recambio si los poderosos administradores del dinero de la inversión colectiva aprietan aún más: se procedería a sustituir a Ballmer en la gerencia por Kevin Turner, quien en 2005 dejó la agresiva Wal-Mart para entrar en la corporación creadora de los Windows.

Por lo demás, Bill Gates no va a quedarse mano sobre mano, pues además de seguir supervisando Microsoft de una forma u otra, dedicará mucho más tiempo que hasta ahora a la Bill and Melinda Gates Foundation, que además de sus 28.000 millones de dólares de patrimonio propio acaba de recibir algo más que eso, 29.000 millones, de Warren Buffet. “Dios los cría y ellos se juntan”, pues los dos hombres más ricos del mundo y de la Historia –uno por el software y el otro por las inversiones bursátiles desde su holding Berkshire Hathaway—, se han dado la mano para volver a hacer historia. Esta vez, en la lucha contra la malaria, el sida y la pobreza “devolviendo a la sociedad, una parte de lo que ésta les dio”.

En esa dirección, estamos ante lo que podría ser otro auténtico cambio revolucionario: administrar bien, con resultados que verdaderamente luzcan, las ingentes sumas de recursos de las mayores fundaciones filantrópicas, que muchas veces diluyen sus becas, fondos para investigación, y ayuda al desarrollo, con toda clase de derroches e ineficiencias. Desde los Robber Barons, los primeros grandes filántropos –los Vanderbilt, Morgan, Rockefeller, etc.—, ha pasado mucho tiempo y ahora las cosas se ven de otra manera. ¿Nacerá –como plantea The Economist de 1 de julio— una nueva forma de filantropía que podría llamarse Billantropia, en busca de la eficacia (hacer las cosas) y la eficiencia (hacerlas bien)? Amén.


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