Parece lo contrario de las célebres vidas paralelas de Plutarco, que el historiador griego escribió con bastante holgura sobre los hechos, pero siempre con prosa amena y aleccionadora, de personajes dos a dos, como los casos de Alejandro y Julio César o Demóstenes y Cicerón. Resonancia de lejanas historias que dan pie al libro cuyo título nos sirve hoy de epígrafe para el blog. Se trata del último trabajo de Sánchez Dragó (en la foto), Premio 2006 de la Fundación Fernando Lara y editado por Planeta, que ayer, en un almuerzo muy nutrido de escritores y periodistas, presentamos el historiador Fernando García de Cortázar y yo mismo.
En sus palabras en el iniciático rito presentaticio, García de Cortázar se refirió a una serie de escritores en cuya estirpe insertó a Fernando Sánchez Dragó. Más concretamente, habló de Galdós, Baroja, Felipe Trigo y Pérez de Ayala. Citando, de los dos últimos, sus novelas “Troteras y danzaderas” y “Jarrapellejos”, que actualmente se leen más bien poco, a pesar de constituir dos auténticos prodigios del español moderno, con elementos barrocos y naturalistas; y con profundo erotismo en el caso de Trigo.
En mi parte del ritual, puse de relieve que esta nueva publicación de Sánchez Dragó es muy sugestiva. Entre otras cosas, por lo que tiene de labor investigadora, prácticamente detectivesca, para conocer por qué y cómo se produjo el asesinato de su padre, cuando la Guerra Civil estaba en su momento más exultante y miserable de paseos, de uno y otro bando. Arrancando esa pesquisa de un hecho puntual: lo que en 1956 le dijo el inspector Roberto Conesa, de la Brigada Político-Social, cuando un amplio grupo de estudiantes fuimos detenidos por subversivos, alborotadores y jaraneros: “a tu padre, le matamos nosotros”. Y desde ese momento, Fernando, hijo póstumo, empezó, ex profunditate animis, la búsqueda para conocer la tragedia de su progenitor.
Ciertamente, hubo muertes paralelas en la España del 36: García Lorca y Miguel Hernández; Maeztu y Muñoz Seca. Y las de José Antonio Primo de Rivera y Fernando Sánchez Monreal —los dos en la portada del libro—, el primero, estúpidamente fusilado por la República en Alicante; y el segundo, periodista y padre de Fernando Sánchez Dragó, pasado por las armas en Burgos, tras la imputación que se le hizo —a una persona que había militado en el partido maurista y que era católico practicante— de peligroso marxista; categoría política en la cual no se tenía derecho a vivir en aquel primer año de la era triunfal del franquismo que fue 1936.
Podría extenderme mucho más sobre la patética historia, y tal vez lo haga en otro artículo en diferente lugar. Pero no quería dejar de ofrecer hoy esta nota puntual sobre el acto de ayer. Y subrayar otra cosa que dije en la ocasión: el nuevo libro de Fernando Sánchez Dragó puede servir de base para un extraordinario guión cinematográfico. Análogamente a lo que hace poco sucedió con la novela de Javier Cercas “Soldados de Salamina”, que dio origen a un filme verdaderamente excepcional.
Lean “Muertes paralelas”, y sitúen la acción en su secuencia de hechos verídicos y con ecos shakesperianos. Porque si Hamlet, Príncipe de Dinamarca, vengó a su padre, Fernando lo recuperó para siempre con su novela, tras una ausencia tan larga como sentidamente incierta.
Viernes, 5 de septiembre
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
Invermanía
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
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Ramón Tamames
Alfonso Agís
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Juan Otero