Veíamos ayer, miércoles 17, como surgió en China la primera República, cuyo gobierno provisional se formó el 10 de octubre de 1911, pero falto de verdadero poder, no tuvo más opción que solicitar la ayuda de Yuan Shikai, jefe del ejército imperial. Quien acabaría colocándose a la cabeza del movimiento republicano, que no tardó en dispersar. Para acto seguido convertirse en dictador: instaló en las provincias gobiernos militares, suspendió el parlamento, disolvió el Kuonmitang (el partido nacionalista de Sun Yat-sen formado como una continuidad de su previa Alianza Revolucionaria) que había resultado victorioso en las elecciones de 1913. Y promulgó una nueva constitución (mayo 1914) que le daba un mandato de diez años, así como el derecho a nombrar sucesor.
Finalmente, en 1915 Yuan Shikai decidió proclamarse emperador, previendo un plebiscito para restablecimiento del Imperio. Y aunque Yuan fue reconocido por EE.UU. —a cambio de reservas para prospecciones petrolíferas y de créditos, lo que obligó a China la creación de un consorcio bancario internacional que controlara las finanzas del país—, una revuelta militar en el Sur le destronó, y llevó a la presidencia de la restaurada República a Li Yuan-hong (seguidor de Sun Yat-sen).
Sun volvió al poder en 1918, pero en una China cada vez más dividida y anárquica, hasta el punto de que peligrando su vida, en 1921 escapó otra vez a Japón, donde negoció con el nuevo poder soviético de la emergente URSS, en busca de apoyo. Para lo cual dio entrada a los comunistas en el Kuonmintang (KMT), y con esos apoyos, en 1923 volvió a presidir la Republica desde el Sur, pero en un ambiente de continua contienda civil y de gobiernos de señores de la guerra en gran número de provincias.
Por recomendación del Komintern (Internacional Comunista con sede en Moscú), el Partido Comunista Chino (PCC) –que había nacido en 1921 en un Congreso de Shanghai en el que ya participó Mao Tse Tung—, reforzó su alianza con el KMT, para evitar la amenaza japonesa. Una unión que sin embargo resultó efímera, pues tras la muerte de Sun Yat-sen en 1925, se inició la lucha por el poder en el seno del KMT; entre los simpatizantes de los comunistas y los partidarios de un sistema capitalista. Estos últimos, dirigidos por una élite acaudalada, y apoyados en la dictadura militar a cuya cabeza figuraba Chiang Kai-shek (en la foto de hoy), acabaron por triunfar en 1927. Chiang mostró entonces su maléfico talante al ordenar la muerte de más de 5.000 representantes sindicales y comunistas de Shanghai. A mediados de 1928, las tropas de Chiang entraron en Pekín, estableciéndose de esa forma el primer gobierno nacional de la República de China. Sin embargo, sólo la mitad del país estaba bajo control directo del KMT, continuando el resto bajo el dominio de los ya mentados señores de la guerra. Chiang llevó a cabo ulteriormente sucesivas campañas de exterminio contra los comunistas pero no lo consiguió. Así lo veremos mañana, viernes 19.
Viernes, 10 de octubre
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
Luis Llopis Herbas
Alfonso Agís
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Ramón Tamames
Invermanía
Luis C. Sánchez
Juan Otero