Nos ocupábamos ayer de la declaración del Parlamento de Sevilla de que Andalucía es una realidad nacional. En apariencia, ya sin conexión a España, al plantearse la supresión del párrafo sobre esa vinculación que figura en el todavía vigente Estatuto de autonomía. Y veíamos también cómo hasta el Renacimiento, Andalucía desarrolló su personalidad dentro de una España en expansión, dejando para hoy algunos datos complementarios de esa vieja historia.
En la dirección apuntada, habríamos de destacar la trascendencia económica de Sevilla a raíz de la creación, por los Reyes Católicos en 1502, de la “Casa de Contratación”; que acabaría controlando, hasta el siglo XVIII, la mayor parte del tráfico de España con su ancho imperio. Un contexto en el cual –así lo destacó el hispanista Bertil Malmberg— se configuró el nuevo idioma español por quienes desde la antigua Hispalis se embarcaban para las Américas.
Ya en los comienzos de la decadencia, siglo XVII, Andalucía tuvo un conato de independentismo de corte aristocrático, en las figuras del Marqués de Ayamonte y el Duque de Medinasidonia –señores “de horca y cuchillo”—, sublevados contra Felipe IV y su Conde-Duque de Olivares. En la idea de crear un Estado independiente, aventura que acabó en la mayor catástrofe para la Casa de los Medinasidonia, que entraron en su definitiva obscuridad histórica. Suponiéndose que tan lamentable episodio no será suscitado ahora, estrambóticamente, para fundamentar la citada pretensión de “realidad nacional” como invento histórico.
Pero con todo, el punto culminante de Andalucía en su relación con el conjunto español, se dio con la Constitución redactada en Cádiz por “españoles de ambos hemisferios”. Promulgada que fue el 19 de marzo de 1812, como acta de nacimiento de la Nación Española en lucha contra los invasores napoleónicos.
Y por último, destaquemos la figura de Blas Infante, nacido en Casares el 5 de julio de 1885, y muerto en Coria del Río fusilado por falangistas el 11 de agosto de 1936. Cuyo ideario político se sintetizó en la conocida frase de “Andalucía para sí, para España, y la humanidad”; con el objetivo de lograr la reconstrucción andaluza, entendida como una necesidad vital para alcanzar la regeneración de España.
En definitiva, como hemos tratado de demostrar, Andalucía ha sido una parte esencial de España en su devenir como nación, y lo seguirá siendo. Por muchos inventos y mixtificaciones que les salga del caletre a la nueva especie de catetos históricos con quienes cohabitamos.
Sábado, 11 de octubre
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
Luis Llopis Herbas
Alfonso Agís
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Ramón Tamames
Invermanía
Luis C. Sánchez
Juan Otero