El blog de Ramón Tamames

162. Ahora le toca el turno a Andalucía. I. ¿Una realidad nacional… o qué?

03.05.06 | 13:02. Archivado en Artículos
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Se veía venir, según hemos ido diciendo en varias ocasiones previas, sin miedo a ser reiterativos: estamos en los comienzos de disgregación del Estado español según el modelo de 1978. Y en esa línea de ruptura, viene ahora el Estatuto de Andalucía, ya aprobado por el Parlamento de Sevilla, que es una muestra de que los presagios menos optimistas pueden cumplirse, pues Don Manuel Chaves ha izado la bandera de su tierra como “realidad nacional”. Manifestación que constituye un total desprecio de la Historia.

Ese desprecio podría esquematizarse empezando por los que tal vez dieron su nombre a la más poblada de las regiones españolas de hoy: los vándalos, que no fueron precisamente de virtudes recordables, sino prácticamente todo lo contrario.

Después, Andalucía, durante la monarquía visigótica, tuvo en San Isidoro de Sevilla su primer español integral, que explicó nuestra realidad de entonces como nadie. Y que con su sabiduría contribuyó a darnos el libro más extraordinario de su tiempo, Las Etimologías, que sigue siendo una obra consultable en muchos aspectos.

Pero aquellos tiempos felices, según Isidoro, quedarían atrás a causa de la invasión árabe. Y aunque los tesoros y monumentos que dejó el Islam en España fueron ingentes, nadie puede considerar que la Andalucía de hoy sea una reminiscencia de aquella época. Salvo quizá el Sr. Oliart, que nos ha sorprendido, desde su inteligencia, con una alusión al último Estado musulmán en la península Ibérica.

La recuperación de Andalucía para la idea de España se hizo por los reyes de Castilla y León, en algunos casos con el apoyo de todos los pueblos cristianos de la Península, tal como sucedió en las Navas de Tolosa con Alfonso VIII. Para seguir después con Fernando III y la reconquista del Valle del Guadalquivir. Terminando con los Reyes Católicos, que no sólo acabaron con la dinastía nazarí en Granada, sino que iniciaron las expulsiones de islámicos que culminarían con Felipe III y los moriscos. Ese, y no otro, es el origen de la única realidad de Andalucía: ser un parte de España, la “Novísima Castilla”, como se le llamaba en el Renacimiento entonces, antes de darse el salto a la “Nueva España” del virreinato de México.

Y como el tema es lo suficientemente importante como para no cortarnos aquí por una pretendida falta de espacio, seguiremos mañana. Para mencionar cómo surgió aquel emporio que fue Sevilla durante siglos, por su comercio con las Indias; de cómo se produjo el suceso histórico del Duque de Medina Sidonia, y la forma en que los gaditanos apoyaron la idea de la nación española en la Constitución de 1812. Y presentaremos también nuestros respetos históricos a Don Blas Infante, moderno padre de Andalucía. Cosa que no es, ni por ensoñación, Don Manuel Chaves, que ahora parece querer erigirse en un trasnochado Simón Bolívar del Sur de España para gobernar a los andaluces como si fuera el dueño del cortijo. Hasta mañana, pues.

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