El dinamismo de la economía española en 2005 tuvo su principal motor en la construcción, con un crecimiento del 6,3 por 100. Lo cual situó al sector en un 15,3 por 100 del PIB, con el 14 por 100 del empleo. En cuanto a 2006, las previsiones son de un avance, siempre en términos reales, del 5,7 por 100; con un progreso del 4,9 en el segmento de la obra civil y del 6,6 en la residencial.
En la dirección apuntada, la actividad de la edificación en 2006 se beneficiará del alto número de proyectos que se visaron en el ejercicio anterior, cuando se alcanzó el record de 780.000 viviendas; que lógicamente irán terminándose a lo largo de 2006 y 2007. Y en ese devenir, la ralentización de las ventas hará que descienda el número de nuevas promociones.
En cualquier caso, la demanda contiene factores como para que la actividad se mantenga a un alto nivel. Más en concreto: aparte de la evolución de la pirámide demográfica de la población española originaria, de cohortes del orden de unas 550.000 personas anuales entre los 25 y los 35 años (con una demanda algo superior a 300.000 viviendas), hay un fuerte tirón de los inmigrantes. Que irá in crescendo, y que para el 2006 podría situarse en no menos de 70.000 soluciones habitacionales (para darle gustirrinín a la ministra, que ya no sabe qué hacer para llamar la atención, con sus extrañas iniciativas, la última de ellas la de regalar zapatillas). A lo cual se une el contingente de no menos de otras 60.000 viviendas, sobre todo apartamentos más o menos reducidos, imputables a la alta tasa de divorcio en que nos hemos situado. Y además, ha de computarse un número de 125 a 150.000 unidades más, para los eurocomunitarios que siguen instalándose en España como jubilados permanentes o de larga estadía.
Por lo demás, en las cuestiones de financiación —¿cómo se explica que se venda tanto, cuando está subiendo el Euroibor?—, ha de contabilizarse un factor todavía poco tratado en la analítica inmobiliaria: el que me he permitido denominar, en comentarios anteriores sobre el tema, “solidaridad intergeneracional”, es decir, los ingentes recursos que los padres facilitan a los hijos para acceder a su primera casa.
Subrayemos para finalizar, que la desaceleración generalizada de los precios de la vivienda se hizo patente a lo largo de 2005, con una expectativa de “aterrizaje suave” que los situaría en niveles de crecimiento mucho más bajos. En ese sentido, la tendencia apunta a precios que el BBVA predice, para finales del 2006, en una cota muy próxima al actual IPC (nuestro gráfico de hoy), lo cual nos parece una caída demasiado fuerte. Para mayor información, la revista del BBVA Situación Inmobiliaria de febrero de 2006.
Martes, 9 de febrero
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames| Febrero 2010 | ||||||
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