El blog de Ramón Tamames

Bjorn LOMBORG: El ecologista escéptico

16.02.06 | 10:46. Archivado en Artículos
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Bjorn Lomborg pasa por ser un ecólogo molesto para los investigadores y activistas en cuestiones ambientales, por el escepticismo de que hace gala frente a los planteamientos más convencionales relativos al medio natural y el entorno humano. Tal como se trasluce en el título de su obra más conocida, la del epígrafe, ampliamente difundida en español por la versión de Espasa.

El origen de ese trabajo se relaciona con un artículo del economista Julian Simon, profesor de la Universidad de Maryland —autor tenido por muchos como el típico representante de la derecha estadounidense, que tiende a infravalorar los peligros ecológicos— en el cual se decía textualmente: “Gran parte de nuestro conocimiento tradicional del medio, se basa en ideas preconcebidas y estudios poco fiables. Así, las conclusiones sobre el futuro ambiental, pueden resultar erróneas”. Las principales proposiciones de Lomborg al respecto podrían exponerse como sigue:

— No estamos acabando ni con la energía ni con los recursos naturales, como lo demuestra el hecho de que la esperanza de vida al nacer ha pasado de un promedio mundial de 30 a 67 años desde 1900. En tanto que la pobreza se ha reducido más en los diez últimos lustros que en los cinco siglos anteriores.
— Aunque hay un leve calentamiento global, las previsiones al uso sobre su evolución resultan abrumadoras. Y el intento de ir a un menor consumo de combustibles fósiles, puede hacer real el aforismo de que “es peor el remedio que la enfermedad”.
— La desaparición de especies no es tan grave, y en vez de incidir sobre el 20 o el 50 por 100 de las existentes, sólo dañaría un 0,5.
— La lluvia ácida no está matando nuestros bosques, y el agua y el aire que nos rodean están cada vez menos contaminados.

En suma, para Lomborg la situación de la humanidad ha mejorado en prácticamente todos los indicadores, y sobre todo en el número de los que pasan hambre; pues entre 1970 y 2000 la proporción se redujo del 35 al 18 por 100 de la población mundial; previéndose que en el 2010 la cota podría situarse en el 10 por 100.

Pero frente a esa enunciación, cada uno tiene su propia evidencia, la que le proporciona su experiencia vital; por encima de cualquier embalse de estadísticas acumuladas con mejores o peores artes. Y en ese sentido, personalmente he visto los estragos en el medio ambiente a lo largo de mi existencia de forma directa y personal: la desaparición implacable e indiscriminada del bosque húmedo tropical en Sudamérica, África y el Sudeste asiático; la fusión de los hielos de Groenlandia y la Antártida; la desertificación del Sahel, e incluso la Península Ibérica y el Norte de África; las temperaturas cada vez más tórridas de los veranos mediterráneos; la explosión demográfica que sigue en África y en otros lugares del mundo; la tensión creciente en la demanda energética, que se traduce en precios al alza, acelerados por la verocidad impactante de Chindia; la amenaza del arma nuclear en fase de proliferación; y finalmente, el dualismo que no cesa en todo el planeta. Creo que todo eso, y mucho más, no resulta de poco peso como para vencer el platillo de la balanza; en contra de Lomborg.

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