En nuestra nota de ayer, comentábamos como la lengua española ha ido extendiéndose progresivamente. Y para empezar hoy, deberíamos recordar que la cifra de hispanohablantes, en continua expansión, se acerca ya a 450 millones de personas. Incluidos más de 35 millones en EE.UU. (de los más de 45 millones de hispanos), lo que está convirtiendo ese país, en muchas de sus áreas, en auténticamente bilingüe; con casos como los de Miami, Nueva York y Los Ángeles (en la foto de hoy, su alcalde, Antonio Villaraigosa), donde los rótulos e inscripciones públicas son más frecuentes en español que en la propia Barcelona o en algunas localidades vascas o gallegas.
Plantear la importancia de los idiomas por la cantidad de sus hablantes, es algo que puede llevar a extremos excesivamente encomiásticas para los más difundidos. Pero como sostiene Fischer, uno de los grandes lingüistas actuales, decir que al final del siglo XXI sólo habrá tres lenguas verdaderamente destacadas en el mundo (chino mandarín, inglés y español), no es ninguna hipérbole, sino una mera constatación de las tendencias que, para disgusto o felicidad de unos u otros, avanzan inexorablemente.
Hace unos días, Irene Lozano —periodista y filóloga que ha ganado el Premio Espasa de Ensayo 2005, con su libro Lenguas en guerra—era entrevistada por Amilibia en La Razón, y sobre el posible eclipse del español en ciertas CC.AA., contestaba así: Los nacionalistas “tratan de eclipsar su función como lengua común, exaltando la lengua que consideran propia. Consideran que el castellano es una lengua ajena, impuesta. El castellano no se ha impuesto salvo en los tiempos de Franco…Y a continuación, respondiendo a si las lenguas estarán en España alguna vez en paz, manifestó: “me gustaría decir que sí, pero mientras los nacionalistas las vean como su única marca de identidad, va a ser difícil”.
Como también será bueno evocar un pasaje de un artículo reciente de Jorge de Esteban en El Mundo: “Hasta hace unos años, el bilingüismo era la regla, y todo el mundo podía expresarse en uno u otro idioma, sin problemas, habiéndose superado así el totalitarismo lingüístico de signo contrario, que también quiso implantar, sin conseguirlo el franquismo…Pero esa situación beneficiosa, para ambas lenguas, se suprimió de cuajo…” con las nuevas leyes restrictivas y compulsivas en pro de un aberrante monolingüismo despóticamente impuesto con toda clase de reglamentaciones, persecuciones y sanciones claramente totalitarias.
Sin más alarmas, y sin más pretensión que contribuir a normalizar situaciones actualmente crispadas en los medios oficiales (todavía no en la calle), y en beneficio ante todo de los habitantes de las áreas con idiomas cooficiales, dejamos aquí el tema por hoy. Con la reflexión, de que lo mejor sería que recondujéramos el tema, en la idea de alcanzar un equilibrio razonable para nuestra cultura; y también para el trabajo, que cada vez va a tener más relación con los países hispanohablantes del ancho mundo en el que vivimos.
Lunes, 9 de noviembre
Ramón Tamames
Luis Llopis Herbas
Juan Carlos Ureta
Grupo Cenyt
Jesús Pérez
Ramón Tamames
Luis C. Sánchez| Noviembre 2009 | ||||||
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