Esto de hacer cinco notas a la semana para el blog, es más complicado de lo que algunos pueden tener en su pensamiento, al considerar que cotidianamente hemos de ir entrando en temas cruciales, en los que prácticamente nos juguemos el tipo. Pero la realidad es mucho más compleja, e inevitablemente tienen que surgir cuestiones de muy diferente calado y muy diversas características.
Hoy toca la distribución comercial, de la que sólo se acuerdan muchos, cuando hay cosecha corta de tomates y se ponen a seis euros el kilo, o cuando otros artículos de la cesta de la compra se encarecen más de lo normal e inciden en el IPC.
El asunto viene a colación de una conferencia que ayer dicté en Valencia, a unos setecientos socios de la Federación de Amas de Casa y Consumidores, que es una de las piezas más importantes de la sociedad civil española, ya que agrupa a más de medio millón de adheridos, en su inmensa mayoría, mujeres que trabajan en su casa para hacernos a todos la vida más llevadera y más interesante, sin que todavía los economistas hayamos planteado seriamente esa importante labor hay que computarla en el PIB.
Allí, en la ciudad del Turia, yo insistí en la importancia de la trascendencia de la libertad comercial para asegurar la máxima eficiencia en la disponibilidad de los recursos más inmediatos, los alimentos. Porque solamente esa libertad hace factible que se cumplan tres condiciones básicas:
1. Las economías de escala, es decir la existencia de grandes unidades de venta, que por su dimensión hagan posible una disminución de los costes medios unitarios, y por lo tanto de los precios.
2. Las economías de alcance, lo cual significa que en un tiempo muy limitado, una persona puede adquirir todo lo que necesita para una semana e incluso más, combinando además esas compras con aspectos lúdicos de la vida, lo cual es factible en los centros comerciales que disponen de facilidades de restauración, audiovisuales, etc.
3. La gama de elección, que debe ser lo más amplia posible, dando entrada a la diversidad de marcas existentes, en vez de ir a dirigir el gusto del consumidor con una elevadísima proporción de marcas propias.
Esas tres libertades básicas, constituyen el esquema que hoy puede estar en peligro, por la existencia de una política proteccionista al llamado pequeño comercio, que tiene muchas vías de perfeccionamiento, y que no va salvarse precisamente porque se restrinjan las posibilidades citadas de economías de escala, de alcance y gama de libre elección. Podrían argumentarse muchas más cosas, pero aquí queda el punto final de este blog de hoy en lo que es polémica permanente.
Jueves, 24 de julio
Ramón Tamames
Invermanía
Luis Llopis Herbas
Ramón Tamames
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Alfonso Agís
Jesús Pérez
Luis C. Sánchez
Juan Otero