E
l pasado día 12, coincidiendo con una de nuestras dos fiestas nacionales, la Hispanidad —la otra es, recordémoslo, el 6 de diciembre, Día de la Constitución—, se celebró la habitual parada militar; que en verdaderos lapsus calami algunos siguen denominando “el Desfile de la Victoria”. Cuando en rigor, en la terminología actual, equivale más al “Día de las Fuerzas Armadas (FAS)”.
Esa efemérides nos da pie hoy para comentar ciertos extremos de los ejércitos, que pueden ser de alguna utilidad a efectos del debate que nutridamente se produce en torno a este blog. Y que tanto agradecemos sus propiciadores, Mónica López como coordinadora, y un servidor de Vds., Ramón Tamames.
Al respecto, puede decirse, que análogamente a la frase de “lejos de nosotros la funesta manía de pensar”, se ha abandonado prácticamente por todos los españoles la idea de que las FAS son un relicto del franquismo. Hoy se las ve con su carta de naturaleza, reconocida en la Constitución, en el artículo 8: una institución importante no sólo para la defensa, sino también para garantizar el orden constitucional y defender la integridad de España. Dos aspectos que no deben olvidarse en medio de la floración presente de toda suerte de futuribles, que intentan sustituir el concepto consagrado desde 1812 en nuestra Carta Magna de Cádiz, según el cual (artículo 1), “La Nación Española es la reunión de todos los Españoles de ambos Hemisferios”.
Sin duda, en el momento presente, y de cara al futuro, las FAS deben ser objeto de grandes mejoras. Para integrarlas cada vez más en la sociedad; y no como una ONG, según algunas aspiraciones más surrealistas que otra cosa. Además, también ha de ser de manera creciente una entidad que participe a fondo en el proceso de la integración europea, y en las misiones de pacificación y humanitarias de las Naciones Unidas. Con la función adicional, ya experimentada en multitud de ocasiones, de servir en la lucha contra las calamidades naturales; que ya no son tan naturales casi nunca.
En las direcciones apuntadas, hay mucho trabajo por hacer, y desde aquí vuelvo a proponer, como un día lo hice directamente a un Ministro de Defensa, la conveniencia de crear una Universidad de las Fuerzas Armadas. Sería un gran instrumento para incentivar las incorporaciones a ellas de la juventud, basadas no sólo en un nuevo patriotismo, sino también en el encuentro de tecnologías innovadoras y renovados fines sociales.
Viernes, 5 de septiembre
Ramón Tamames
Invermanía
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Jesús Pérez
Luis Llopis Herbas
Ramón Tamames
Alfonso Agís
Luis C. Sánchez
Juan Otero