El blog de Ramón Tamames

“Delenda est Hispania”

04.10.05 | 08:46. Archivado en Artículos
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(La Razón). Para la cabecera de este artículo, hemos parafraseado las últimas pa-labras del escrito que el 15 de noviembre de 1930 publicó José Orte-ga y Gasset en el diario El Sol, bajo el epígrafe de El error Berenguer; pero que generalmente se conoce por su expresiva sentencia final, Delenda est Monarchia. Inspirada que fue por el viejo grito de guerra romano, de Catón el Antiguo (234-149 a.JC.), Delenda est Carthago; con el que siempre terminaba sus discursos, cualquiera que fuese el tema. Lo cual hace que esa frase latina se considere como la expre-sión de una idea fija, cuya realización se espera se cumpla pronto.

Pero las cosas son hoy muy diferentes de las que Ortega criticaba en 1930, con un Rey como Jefe de Estado, y democráticamente consoli-dado el 6 de diciembre de 1978 al aprobarse la Constitución por refe-réndum nacional. Y nadie, que se sepa, pide la destrucción de la mo-narquía. Pero sí está planteándose, se diga o no, un Delenda est His-pania, estando en juego, por tanto, no simplemente la virtualidad de una forma de Estado (monarquía o república), sino la idea de España como Nación y como Estado.

El proyecto de demolición que está en curso, significaría el enterra-miento de la Nación Española originada en 1812, cuando en Cádiz se promulgó nuestra primera Constitución. Desde entonces, la idea de una única Nación ha sido permanentemente conculcada, y con perfil ya muy en detalle, desde finales del siglo XIX, con la política que se auspició primeramente en las “Bases de Manresa” de 1892 en Catalu-ña. Y con el nacimiento ulterior, en 1895, del PNV, desde el cual Sa-bino Arana, planteó que el País Vasco acabaría con cualquier trato; no sólo con la Nación Española, sino también con el propio Estado. Haciéndolo con argumentos tantas veces citados como demostrativos de lo que son las sinrazones y el racismo en la política española.

En esa misma dirección, con fraseología menos hiriente, el ataque en apariencia más contundente en los últimos tiempos contra la idea de España, fue el Plan Ibarreche, que en 2004 quedó, por el momento, fuera de combate en el Congreso de los Diputados. Al comprobarse que era un intento de trastocar la Constitución, utilizando el meca-nismo de su artículo 147.3 de reforma de los Estatutos. Con el propó-sito de ir hacia un Estado libre asociado primero, preparatorio de la locura de una independencia después.

Ahora, en pocos días, entrará en el Congreso de los Diputados, en forma de proyecto de ley orgánica, el proyecto del nuevo Estatuto que el Parlamento de Cataluña aprobó el viernes 30 de septiembre. Sin tener en cuenta lo esencial del dictamen del Consejo Consultivo de la propia Generalidad, presidido por Joaquim Tornos. En donde se puso de relieve que el texto planteado estaba lleno de pasajes in-constitucionales: de los 218 artículos (39 más que la propia Constitu-ción Española), 19 eran claramente contrarios a la Carta Magna, y 39, muy bondadosamente dicho, podrían serlo según la interpretación que se adoptase.

En resumen, y no vamos a mencionar todas las infracciones de in-constitucionalidad más que evidentes, lo que está en marcha –que lo consigan es cosa bien distinta—, es una nueva aspiración de destruir la Nación Española, y de paso lograr el cuarteamiento de todo el Es-tado. Y el responsable máximo de esa operación no es ni Maragall, ni Carod, ni Mas: es el Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, que ha desempeñado el papel de árbitro en el acuerdo de Barcelona. Ahora sus compañeros socialistas tienen la palabra, empezando por Alfonso Guerra como Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados.

Inevitablemente, el proyecto de Estatuto será admitido a trámite, pe-ro cabe esperar de muchos diputados, también entre los que nor-malmente apoyan al Gobierno, que no se dejen arrollar por el fata-lismo de lo inevitable. Como también los máximos tribunales, el Su-premo y el Constitucional, sin olvidar al Consejo de Estado, algo ten-drán que decir para que la Constitución sea respetada en su integri-dad, y no se abra el precipicio de una más que nociva discriminación.

Es la hora de la verdad, y los catalanes más abiertos al futuro, serán también un apoyo decisivo para situar las cosas en el cauce de la ra-cionalidad, y no del disparate. Porque en contra de lo que sucedió en-tre 1977 y 1979, lo que ahora plantean algunos no es hacer oficial-mente normal lo que ya lo es en la calle, sino que se busca introducir la anormalidad en unas instituciones consensuadas, en contra de lo que se estima conveniente en la calle. Y todo eso, con el solo objetivo de conseguir un nuevo reparto de poder, de los recursos, y de la trascendencia histórica, aunque sea yendo hacia un precipicio; y en contra de cualquier senda de solidaridad colectiva y de mero sentido común.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Antón Chusé 14.04.09 | 06:07

    Qué pena que precisamente hoy, 14 de abril, día cargado de significación republicana y librepensadora, tenga que encontrarme con este lamentable artículo que muestra crudamente cómo puede decaer la inteligencia, cómo puede irse uno acomodando hasta entre la inmundicia y cómo puede renunciarse a cualquier inquietud elevada para acabar tan ricamente en el cenagoso charco del patrioterío español más reaccionario y nauseabundo. Qué pena, ramón. espero que puedas dormir bien por las noches.

Sábado, 2 de junio

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