El blog de Ramón Tamames

Decálogo para nuestros bosques

23.09.05 | 12:23. Archivado en Artículos, Medio Ambiente
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I. Los bosques, debido a los beneficios generales que producen, deben considerarse como una infraestructura básica del país, que tenemos que legar, mejorada, a las generaciones venideras.
II. Las grandes decisiones en materia de política forestal —al ser una cuestión de sostenibilidad económica y social— tendrían que adoptarse sobre la base del consenso, entre las fuerzas políticas y todos los agentes implicados (propietarios, profesionales, conservacionistas, etc), ya que sus procesos son de larga maduración y muy baja rentabilidad convencional.
III. La Administración General del Estado debe dotarse de una Agencia Forestal, que reasuma amplias competencias en materia de gestión, prevención y lucha contra los incendios, y que actúe como instrumento coordinador a fin de evitar la compartimen-tación de 17 CC.AA., cada una funcionando por su cuenta.
IV. Es importante cuantificar el valor efectivo del sector forestal, para que la sociedad aprecie sus aportaciones; teniendo en cuenta no sólo la madera, sino también las grandes externalidades: conservación de suelos, retención de agua, paisaje, áreas de estudios ambientales, frutos/hongos/setas, ganadería, preservación de fauna y flora, fábrica de oxígeno, etc.
V. Insistiendo en el punto IV, debe enfatizarse que todas las facetas productivas de los montes han de generar ingresos a la propiedad, sea pública o privada. Para así incentivar la inversión necesaria, y la adecuada gestión de las explotaciones.
VI. Nuestro medio natural se ve cada vez más afectado por incendios, erosión y desertificación, lo que obliga a actuar en ese triple frente: prevención del fuego —que pasa por garantizar recursos suficientes, así como un nuevo marco penal, mucho más duro contra pirómanos y otros incendiarios conscientes o inconscientes—, mejora y adecuación de la cubierta vegetal, y forestación de las áreas en vías de manifiesta desertificación (algo más del 40 por 100 del territorio nacional).
VII. Conservación y producción deben ser compatibles, asignándose las compensaciones adecuadas por la restricción de usos en nuevas zonas declaradas espacios naturales: quien restringe ha de pagar, y quien descontamina debe cobrar.
IX. La profesionalización del sector es indispensable, con la redefinición del perfil de los agentes forestales, llegando incluso, en determinados aspectos a considerarles policía rural y agentes judiciales.
X. Es fundamental realizar una labor más amplia de concienciación y educación en toda la sociedad, para que se calibre la decisiva trascendencia del sector forestal, a efectos de conservación y utilización sostenible de la naturaleza.


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