El blog de Ramón Tamames

Un Instituto para vigilar el mundo

02.09.05 | 20:25. Archivado en Artículos, Medio Ambiente
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Como dice Mijail Gorbachov en el prólogo al Anuario 2005 del Worldwatch Institute (Icaria Editorial, Barcelona, 2005), refiriéndose a la situación del planeta Tierra, “no somos los señores de la naturaleza, sino sus huéspedes, y hemos de desarrollar un nuevo paradigma para la resolución de conflictos, midiendo la relación coste/beneficio de las acciones necesarias; y comprometiéndonos con los límites de la propia naturaleza, y no con los de la tecnología y el consumismo.”

El Prof. E.O. Wilson, el célebre inventor/investigador de la Sociobiología, y ganador del Premio Pullitzer, se refiere a este Informe anual como “el análisis más detallado, actualizado y accesible sobre el medio ambiente mundial”. Y tiene toda la razón.

En este año del 2005, el Anuario se centra en las cuestiones de seguridad, que casi ad nauseam se sitúan en el primer lugar de la agenda internacional. Y si bien ha de reconocerse que los actos terroristas y las peligrosas reacciones que provocan, “se alzan como víboras desde los nidos de la pobreza”, lo cierto es que detrás de las soflamas de los fanáticos, están las desigualdades, la difusión de armas mortíferas, los desastres naturales, la degradación de los ecosistemas, las enfermedades infecciosas nuevas y reemergentes, y la competencia encarnizada por el agua y los demás recursos maturales. La conclusión de todo ello es que para construir la seguridad mundial, esos “problemas sin pasaporte” deben entenderse como riesgos y vulnerabilidades comunes a todos los países, frente a los cuales hay que luchar poniendo los medios necesarios. Cosa que no se hace.

En definitiva, el Worldwatch Institute somete a criticismo las políticas gubernamentales que buscan la seguridad con toda clase de instrumentos militares, sin apenas vislumbrar las amenazas subyacentes. Con lo cual desencadenan fenómenos de violencia e inestabilidad, que evolucionan en espiral, como ha sucedido en los últimos años en Afganistán e Irak. Mientras que se toleran tragedias humanas en Darfur, Congo, Zimbabwe, etc, quedando claro así que los protagonistas del hegemonismo no están por formulaciones constructivas y generalizadas. El que prevalece es un contexto muy diferente, y por ello, los autores de “La situación del mundo 2005” marcan líneas de acción claras y contundentes: superar la dependencia del petróleo, cultivar la seguridad alimentaria, gestionar de manera eficiente los conflictos que se derivan de la escasez de agua, contener las enfermedades infecciosas, avanzar hacia el desarme y “colaborar más allá de las fronteras para lograr un mundo sostenible”.

Es un mensaje paladinamente claro, el de este libro, pero que desgraciadamente no se concilia con una realidad brutal de cada vez más y más gastos militares (750.000 millones de dólares en el 2003), frente a una ayuda oficial al desarrollo que comparativamente no deja de menguar (sólo 70.000 millones de dólares según las cuantificaciones optimistas). Es, como se dijo tanto en España, una muestra más de la “demagogia de los hechos”; o séase, de la no demagogia.


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