Juan Ignacio Varas, 40 años misionero en Ecuador
10.12.07 @ 10:05:12. Archivado en Palenque, Recortes
Religioso secular, guía espiritual, misionero de nacimiento. Se acopló al ritmo ecuatoriano por más de 40 años dictando clases en la Universidad Católica y ayudando a morir en paz a decenas de enfermos incurables, leemos en El Universo.
¿Quiere usted que más gente se convierta al catolicismo?
-Buena tu pregunta.
¿Y tú quieres que más creyentes regresen al catolicismo? ¿Te gustaría que Jesús te cogiera del cuello y te obligara a escuchar Su Palabra? ¿O prefieres ser libre para escoger lo que quieres escuchar?
Bueno, pero dígame entonces, ¿cómo incentivaba a sus alumnos a aprender teología?
-No, no, dime tú, ¿cómo te incentivarías por la teología?
Usted es el entrevistado, padre Juan Ignacio
–Es cierto, sin embargo, también me interesa saber cómo piensa el que me está entrevistando.
Preguntas y respuestas. Más preguntas que respuestas salieron de esta corta entrevista realizada los primeros días de noviembre en Guayaquil. El padre Juan Ignacio Varas se detiene poco a analizar las interrogantes. Contesta de inmediato. Pareciera esquivo mas no lo es. Sus opiniones y cuestionamientos están presentes en cada palabra que emite, en cada frase que replantea. Escucha atento y evita desviar sus grandes ojos celestes de otro punto que no sea su interlocutor.
Así se presenta este sacerdote nacido en Bilbao, provincia de Vizcaya, norte de España, en 1938, quien fue maestro de teología, filosofía, ética y literatura por 40 años en la Universidad Católica de Guayaquil. Religioso poco convencional, se muestra más amigo que director, más maestro que profesor, más comprensible que radical. Muy alejado de ser un partidario del catecismo de memoria, prefería que sus alumnos lo llamaran Juan Ignacio a secas. Hoy ya no vive entre ecuatorianos. Hace un año regresó a su país a trabajar de lleno en el hospital De Cruces, haciendo guardias, visitando a enfermos y celebrando la eucaristía.
La libertad de los cuatro
Pisó el país en 1963, cuando a su grupo, “antiguamente conocido como el de los vascos”, les encargaron el grupo de misiones del Ecuador. Ambato fue su primer punto. Recuerda Juan Ignacio que el doctor Eduardo Peña, entonces director de la Universidad Católica, lo invitó a trabajar de catedrático.
¿Cómo enseñar a los chicos a asimilar algo tan complejo como la teología? “Sencillo. Ellos deben empezar razonando aquellos textos nunca antes vistos”.
¿Y quienes profesan creencias distintas a la suya? “He tenido alumnos evangélicos, testigos de Jehová, mormones y esto funciona con todos. Recuerdo a una alumna que antes de empezar clase lanzaba un sermón para que los demás se convirtieran a su fe. Pero yo pienso que Jesucristo fue tan libre y dio libertad al resto. Él jamás obligó a nadie. Si soy cristiano debo portarme como tal. Por eso debemos saber algo de la Biblia, si no es así, ¿cómo puedo decir que quiero a Dios?”.
Para el sacerdote, en la libertad radica gran parte de su actuar como religioso y maestro, pues lo apasionante de los cuatro evangelios es la libertad de Jesús. Su actitud frente a las mujeres, a quienes ni se les dirigía la palabra en aquella época. “Jesús fue libre incluso de escoger con quién comía. Si quería, un día comía con los maestros de la ley, otro día con los llamados pecadores y otro día con las mujeres”.
Quinto hijo de una familia arraigada al catolicismo, cuenta orgulloso que su hermano, José Miguel, es un religioso jesuita especializado en física nuclear, un científico creyente. Comenta del sinnúmero de temas que lo apasionan. Es que habla de cualquier tema. Con igual conocimiento se refiere a la literatura contemporánea que a la música clásica.
El de las nubes
Por ratos se detiene en su conversación. Empieza a lanzar preguntas, una tras otra, pero todas hiladas perfectamente a un tema específico. Busca crear un ambiente de confianza, como si nos conociéramos de años. Se descubre como alguien descomplicado, sin rígidas posturas, respetuoso de las reglas aunque defensor de la libertad. Sacerdote de sermones intereractivos, pregunta y conversa con los feligreses, logra hacer amena su plática en las misas bajando a tierra la Palabra de Dios. Prefiere modernizarla y poner a “Cristo en el mundo actual”.
Sus cuestionamientos pueden hacer tambalear dogmas de vida muy propios de alguien. Incluso algunos ex alumnos modificaron su forma de ver a Dios con solo sentarse una tarde a conversar dos horas con él.
La doctora Cecilia Falquez, directora de la Asociación de Ayuda a Enfermos Incurables (AEI), fue su médica de cabecera, antes de que la recomendara para administrar dicha asociación. “El padre Juan es un verdadero apóstol de bondad. Él me mostró a un Dios amigo y no uno trepado en las nubes. También me ayudó a reflexionar en muchos aspectos personales”.
Misión por vocación
Durante los últimos doce años de su estadía en el país, Juan Ignacio se repartió entre la cátedra y su vocación de misionero en la fundación AEI. Iba por horas de lunes a sábados, mas los domingos se quedaba todo el día. Fue el padre Abundio Velasco quien lo invitó a colaborar con él en la obra de levantar espiritualmente a los enfermos. Se transformó en el soporte de los incurables y de sus familias.
Narcisa Plúas, enfermera de AEI, lo acompañó por seis años en aquella labor. “Siempre estaba de buen humor. No sé cómo lo hacía. Ver a estos pacientes entristece a cualquiera, pero él iba de cama en cama para escucharlos y se alegraba mucho cuando gente atea decidía volverse cristiana”.
El padre Juan Ignacio es cuidadoso de su privacidad. Cuando habla de su labor en la fundación pareciera que quisiera explayarse, pero se abstiene. “Ya no vivo en Ecuador, pero continúo haciendo lo que me gusta hacer. Mientras me necesiten los pacientes en el hospital De Cruces, estaré”. (A.G.)
Palabras publicadas
El padre Juan Ignacio Varas ha publicado varios libros, compendios de sus experiencias y conocimientos.
Poemas: La voz en el muro, Canciones de Babilonia, Villancicos, sonetos y otras ternuras.
Los cuentos: El círculo no es redondo, Relatos con ángeles, Crónicas del tiempo cheveriforme.
Textos de teología: Para leer la palabra, Hazme un rostro en tu vida.
Microensayos: Teología de bolsillo con sabor a villancico, Teología de bolsillo con sabor a primavera, Teología de bolsillo con sabor a pan (libro presentado en noviembre pasado).
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