Urkiola: El ‘geriátrico’ más activo de Euskadi.
05.02.07 @ 13:16:30. Archivado en Recortes, Sonriendo
El ‘geriátrico’ más activo de Euskadi, leemos hoy en Deia. Ya sea por los "santos antonios", la siempre bondadosa bruja de Anboto o el hoy agua "no potable" de la ermita de Santa Apolonia por su recién analizado "demasiado aluminio", no hay quien pare a los misioneros del santuario de Urkiola. Y es que si bendecidos los quiere Dios, vitales los desea el cuerpo humano. Así son, Bittor Garaigordobil, Luis Alberdi, Peli Romarategi y Joseba Legarza. "Mens sana in corpore sano". Los cuatro tienen entre los 91 años del primero y los 74 del último, el benjamín que celebró este viernes su cumpleaños.
Comparten una media de clavados 85 años y con una mujer, Valen Pagonabarraga, que hace las tareas de la casa y que suma 86 primaveras. El durangarra Carlos García acompaña al equipo y pronto se encargará con su esposa de la hospedería que esperan inaugurar «para primavera».
Libro de oraciones de Urkiolako otoitz liburua, por Joseba Legarza
Un amigo del cuarteto misionero, Iñaki Isasi, les dijo en una ocasión: «Sois el geriátrico más activo de Euskal Herria» y el decano asiente: «Sí, lo somos porque todos más o menos, más más que menos, no paramos», lo afirma quien fuera obispo emérito en las misiones de Ecuador. Sin embargo, para pulsar su carácter, el periodista le trata de "tú". «¡Por supuesto! El obispo se quedó en Ecuador y aquí vino el aldeano, palabra que yo digo y me agrada. Pero, veterano, ¡no!,aunque -se ríe-, sea tanto una cosa como la otra», analiza el siempre tan imprevisible como astuto y progresista Garaigordobil rebasados los 90 años desde que naciera cerca del santuario, en Amaitermin.
«Llevamos -apunta Legarza- 36 años al cargo de la casa cural y santuario, y nuestros propósito siempre ha sido que los que suben de todo Euskal Herria disfruten en paz, tranquilidad y amistad». Por todo ello, aunque ya se barrunta un relevo inminente, ellos no quieren dejar la "abadetxea" sin ningún fleco que atar: sea a modo de nueva hospedería, una plazoleta y museo adjunto, nuevo parque infantil, proyecto para el olvidado aterpe grande...
Todo les lleva a exigirse estar al 100%, sortear enfermedades, y «sea invierno o bebiendo el agua con aluminio» colocar bien la txapela y adelante. De ese modo, se afanan estos seis magníficos. Garaigordobil se ocupa de la sacristía y ayuda en labores de la casa. Además, desde finales del 84 apunta todos los datos de una estación meteorológica en Urkiola. Día a día. Y se resigna, también a diario, a que sus compañeros no jueguen tanto al mus como quisiera.
Como remedio: busca perretxikos o lee novelas. La maquinaria de la mente de Joseba Legarza no descansa ni en sueños. La hospedería le está dando más quebrantos de cabeza de los imaginables. Este escritor lekeitiarra y párroco del santuario será de los pocos vascos que en Navidad ha remitido 2.500 felicitaciones con algún apunte a mano en sobre cerrado. Una centena le ha respondido y conforman su tesoro a la vista en la cocina de la casa.
Vivir en paz y armonía
Aunque el mayor acopio artístico de Urkiola es de Peli Romarategi, el de Gasteiz se desvive por seguir aportando su legado de detallistas mosaicos al templo. Hoy trabaja en ‘La última cena’ en un austero taller en la huerta. A sus 86 años, su mente aúna paciencia y sus dígitos arte. Aunque para paciencia la del zumaiarra Luis Alberdi, encargado de los trámites para casar a los futuros matrimonios que pasan antes que por el altar, por el santuario a inscribirse.
Y pone la guinda de la alegría: la abadiñarra Valen Pagonabarraga. Da orden a la casa, aunque después de llegar a esta misión en 1970, ya cuenta hoy con una merecida interina. «Estamos tan bien atendidos y alimentados... por eso llegaremos a tan mayores», le echan flores sus ‘inquilinos’.
La tarde avanza en lo alto de Urkiola. Al echarse la noche, si no hay mus, Garaigordobil es el primero en retirarse a su habitación. «¡Eso no significa que me duerma ya!», hace sonreír. Mañana será otro día. De nuevo, Valen será la primera en levantarse y le seguirá Romarategi y Alberdi. Sin embargo, pronto también habrá un relevo y pasarán a vivir a residencias que aunque con más calor, no tendrán el aire de Urkiola. Eso sí, habrán dejado todo hecho para el disfrute en paz, tranquilidad y amistad.
Iban Gorriti, Deia
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