¿Son los edulcorantes artificiales útiles para prevenir la obesidad?

Dieta

Los azúcares añadidos se encuentran en más del 70% de los alimentos procesados o manufacturados, de ellos más del 40% se encuentran formando parte de bebidas dulces, refrescos, bebidas energéticas, aguas saborizadas, zumos, etc. Suponen un aporte energético importante que se ha asociado a la epidemia de la obesidad.

Ante esta evidencia, la idea de sustituir los azúcares por edulcorantes acalóricos podría constituirse en una estrategia para la prevención de la obesidad. Evidentemente, si diariamente un individuo toma unas 10 cucharadas de azúcar en forma de azúcares añadidos (400 kcal) y éstas se reducen por la toma de los edulcorantes, repercutiría en una reducción de la ingesta energética relacionada con esos carbohidratos, y ello debería repercutir en la ingesta global y en el peso. No obstante, en la realidad esto no es así, y vemos que el uso de edulcorantes se ha generalizado y la obesidad sigue aumentando

Desde hace ya muchos años se viene pensando en esta paradoja de por qué la sustitución de azúcares por edulcorantes sin calorías no consigue bajar el peso y los estudios de investigación serios donde se han analizado estos datos son poco concluyentes. Hay datos a favor de que su uso reduce el peso y datos en contra, pero en ambos casos los resultados son poco concluyentes y con mínimos efectos positivos o negativos. Podríamos concluir que los edulcorantes usados masivamente no parecen contribuir a prevenir la obesidad.

Sí parece que pueden tener sitio cuando se usan formando parte de dietas de adelgazamiento y en el mantenimiento de peso, donde el individuo controla la ingesta global.

Probablemente la pregunta más interesante es por qué ocurre. Y la respuesta no está clara. Parece como si el cerebro fuera capaz de detectarlos y el individuo compensa la ingesta con otros nutrientes. Tiene que ver con el significado ancestral del sabor dulce y los receptores que hay del gusto tanto a nivel de la boca como del intestino. El dulce representa un alimento que aporta energía y por tanto tenemos muchos mecanismos que nos hacen que comamos más ya que se estimulan los sistemas de recompensa cerebral. Por otro lado a nivel intestinal parece que también los receptores del gusto a nivel de intestino detectan la diferencia y no producen la misma saciedad que los azúcares.

Otro mecanismo que podría favorecer la falta de eficacia en la pérdida de peso es que parece que en individuos predispuestos, no en todos, inducen cambios en la microbiota intestinal hacia bacterias que aprovechan mejor los nutrientes, y por tanto favorecen la obesidad

Por último hay confusión en el etiquetado y no siempre la palabra “sin azúcar” es verdad ya que los azúcares con nombres raros, están disfrazados entre los edulcorantes y por tanto aportan calorías.

También habría que saber que los edulcorantes están formando parte de muchos alimentos que pueden ser densamente energéticos como helados, dulces, etc., y que con frecuencia el hecho de que ponga que no tiene azúcar induce a comer más, olvidando que aportan muchas otras calorías generalmente en forma de grasa.

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