Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

López Obrador, el “nuevo iluminado” que ignoró a la Iglesia

03.12.18 | 16:56. Archivado en Iglesia católica en México

Guillermo Gazanini Espinoza / En torno a la toma de protesta del presidente de la República, obispos de la Iglesia católica mostraron sus expectativas del nuevo gobierno que inició el 1 de diciembre. Con un discurso que pasó revista al supuesto desastre neoliberal ante el Congreso de la Unión , se festejó la asunción de la izquierda al Poder Ejecutivo.

El 30 de noviembre, el vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y arzobispo de Morelia, Mons. Carlos Garfias Merlos, en su acostumbrado videomensaje semanal, envío “su saludo y felicitación al licenciado Andrés Manuel” expresando también sus intenciones para lograr las formas adecuadas de diálogo entre el gobierno federal, la sociedad civil y de una manera especial con la Iglesia católica en México. "Como lo hemos expresado en diversas ocasiones, sobre todo en los foros para la pacificación y reconciliación en México, espero que a través del diálogo, logremos encontrar las formas para hacer nuestras propuestas, de hacer nuestras sugerencias oportunas al gobierno y también para manifestar, de la mejor forma posible, que estamos dispuestos a colaborar y, sobre todo, a participar de una forma muy comprometida en todo lo que se requiera para la mejor conducción y la mejor calidad de vida para nuestro pueblo de México. Felicidades y espero que, para todos, encontremos la mejor forma de participación y colaboración con nuestro gobierno federal”.

Ya en la toma de posesión, la presencia de los obispos de la Iglesia no pasó desapercibida en la Cámara de Diputados; en el cuerpo de diplomáticos, el nuncio apostólico en México, Franco Coppola. Numerosos dignatarios, representantes, jefes de Estado y de gobierno estaban en los palcos del Palacio Legislativo, entre ellos, el nuncio en Perú, Mons. Nicola Girasoli, legado del Papa Francisco para esta ocasión.

También el arzobispo primado de México, cardenal Carlos Aguiar Retes quien, en entrevista, señaló lo que se debe esperar del nuevo gobierno: Resolver los problemas de nuestro país. “Ese es el objetivo de todo gobierno, que los graves problemas se resuelvan”. Abundó además sobre lo que no puede faltar en la nueva administración: “La voluntad política, ahora necesitamos proyectos concretos donde se verifique la posibilidad de realizar estos sueños para México… “Cuando hay una alternancia, siempre hay quienes están a favor y en contra, yo creo que es el momento para llamar a todos a la reconciliación, a poner nuestra mirada en México y simplemente en los intereses de partido… En la Iglesia estamos dispuestos a colaborar, es nuestra misión y estamos dispuestos sobre en los temas que nos preocupan más como es la migración, pobreza radical y la desigualdad social”.

Posteriormente, en el domingo del inicio del adviento, diversas voces en la Iglesia mostraron su respaldo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En conferencia de medios, el arzobispo de Monterrey y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Mons. Rogelio Cabrera López, indicó los grandes temas del discurso presidencial que interesan a la Iglesia: “Habló especialmente de dos mandatos de la Ley de Dios: no mentir y no robar. Y también creo yo que en todo el discurso podríamos señalar el no matar, porque la violencia y asesinato son parte del vivir de nuestro pueblo en México… Todos debemos tomar muy en serio el rumbo del país. Lo que dice el Presidente va en serio, las consultas van en serio, de una consulta se toman decisiones”. Como otras voces en el episcopado, el arzobispo de Monterrey manifestó la intención de sumarse para construir un mejor país: “Si México tiene esta esperanza, yo tengo que sumarme, pero todos hacerlo con responsabilidad. Esta no es tarea para una sola persona, pero el pueblo es un cuerpo que tiene que responder y colaborar porque la situación es caótica, como él mismo lo señaló”.

El arzobispo de Guadalajara, cardenal José Francisco Robles Ortega, ante medios de comunicación y después de la celebración eucarística, señaló que el esfuerzo no es sólo de una persona y más bien es de corresponsabilidad de ciudadanos y gobierno en su conjunto: “Ya estamos arrancando la cuarta transformación. Por lo que vimos ayer surge un gran ánimo, una gran esperanza, pero todos los ciudadanos debemos hacernos conscientes de que esta esperanza humana no la podemos fincar en las fuerzas y en los propósitos de una persona, todos somos corresponsales de responder haciendo las cosas con mayor calidad, con mayor puntualidad”.

Por su parte, diversos órganos de información católica manifestaron sus expectativas en torno al nuevo gobierno. En el semanario de la Arquidiócesis de México, Desde la fe, el editorial “Seremos colaboradores, pero no cómplices” indicó que el cambio que se necesita “no es solamente de personajes e ilusiones, sino de una transformación fincada en valores cívicos por encima de los partidistas, un cambio que se fundamente en principios de justicia social por encima de intereses sexenales, una transformación que apunte y apuntale hacia la educación y la cultura, y no sólo a maquillajes destinados a caer luego de la primer crisis que aparezca”. En opinión del semanario, “la Iglesia no quiere quedarse al margen de las decisiones importantes, sino participar legítimamente de la vida pública, animando los procesos de transformación y aportando desde su sabiduría a la construcción de un México más fraterno, solidario y en paz”.

En el editorial “No le está permitido fallar” del Centro Católico Multimedial, agencia dirigida por el sacerdote paulino Omar Sotelo Aguilar, se dio un recuento de las promesas que el presidente de México dirigió en el discurso del 1 de diciembre: “El inicio de la presidencia de López Obrador es una fiesta política y popular que trata de dar una imagen de nueva era después de los fracasos neoliberales y de la política oligárquica. El populismo centrado en el poder de un líder con legitimación electoral de más de 30 millones de votos le ha puesto todo el aparato de gobierno para cumplir sin pretexto alguno y para beneficio de todos los mexicanos, no sólo de sus electores. La larga transición desde el 1 de julio le ha preparado todo para empezar conforme a sus pretensiones de gobierno”. Y abundó que, con todo el poder en sus manos, a Andrés Manuel no le está concedido fallar a los mexicanos. Así se lee: “La toma de posesión fue magna fiesta en el primer día de la Cuarta Transformación. Con un poder como el de antaño en el sistema autoritario del PRI, la diferencia es que será un presidente que gobernará “con el pueblo y para el pueblo sin distinciones”. Por eso, como le dijo un joven en bicicleta, a Andrés Manuel no le está permitido fallar…

Sin embargo, no dejó de llamar la atención lo que pasó desapercibido el 1 de diciembre en contraste con la noche del triunfo electoral del 1 de julio donde Andrés Manuel López Obrador llamó a todos, incluso a las iglesias, a sumarse a la Cuarta Transformación y, durante la transición, propiciar acercamientos con el Episcopado Mexicano para participar en los diálogos para la seguridad y pacificación de México donde el Papa Francisco sería figura esencial.

Y es que en discurso de toma de posesión, entre los grandes ausentes, estuvieron las iglesias. Aun cuando las palabras del presidente López Obrador echaron mano de la gran carga ética que implica la pretendida Transformación que encabeza, hoy no llamó a las asociaciones religiosas y credos del país a ser protagonistas. Mientras Andrés Manuel desgranaba elogios a sus invitados del exterior, especialmente los representantes del gobierno de Estados Unidos y cerrando con el sentido agradecimiento por la compañía de un embajador “de la poesía y congruencia”, el trovador Silvio Rodríguez, Mons. Franco Coppola, nuncio apostólico en México y Mons. Nicola Girasoli, legado papal en la toma de protesta del presidente de la República, por lo menos en ese discurso, fueron ignorados, casi silenciados. Fue hasta el domingo 3 de diciembre cuando, en la celebración dominical en Basílica de Guadalupe presidida por el cardenal Aguiar Retes, el pueblo católico supo de la presencia del nuncio apostólico Girasoli. ¿Qué ocurrió el día anterior? ¿Omisión de López Obrador? ¿O evasión con toda intención desde una Secretaría de Relaciones Exteriores encabezada por Marcelo Ebrard, conocido por sus choques con jerarcas de la Iglesia católica?

Por lo pronto, el líder de la Cámara de Diputados, el laicista Porfirio Muñoz Ledo, ya envió un presagio de lo que estima como un “nuevo credo” con un místico al frente. Increíblemente, el compañero de lucha de Andres Manuel López Obrador, a través de dos tuits continuos, revela la transfiguración del presidente como un “iluminado”. Es un “auténtico hijo laico de Dios y un servidor de la patria. Sigámoslo y cuidémoslo todos”. En las formas está el fondo.


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