Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

El Palio del señor cardenal…

03.09.18 | 15:43. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

*Al cumplirse 488 años de erección del Obispado de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes recibe el Palio de los metropolitanos.

*En su homilía, el Arzobispo de México expresa comunión, fidelidad y solidaridad al Papa Francisco.

*Mons Carlos Aguiar Retes agradece al Papa la serenidad con la que afronta las dificultades presentes.

Guillermo Gazanini Espinoza / Son pocas las ocasiones solemnes que pueden congregar a una Iglesia metropolitana. La imposición del palio de los arzobispos pretende ser un acto digno de la comunión para decir a la urbe, clérigos y laicos, que hay nuevo pastor que apacentará a todos en la fe de Cristo y las verdades custodiadas por la Iglesia católica y apostólica.

Esta mañana de domingo 2 de septiembre, no fueron pocas las coincidencias que se dieron en Catedral metropolitana del arzobispado de México. En junio pasado, el Papa Francisco entregó el palio a la Iglesia Primada del país, prenda de lana que sería impuesta al cardenal Carlos Aguiar Retes. Conforme a las intenciones y deseos del Santo Padre, Mons. Franco Coppola, nuncio apostólico en México, explicó cuáles eran las implicaciones de la entrega solemne al prelado escogido, después de proclamar la profesión de fe y de adhesión a las verdades de la fe católica, de la sana predicación, la salvaguarda de los sacramentos, el cuidado diligente de los bienes temporales, el acercamiento paternal al clero y vida consagrada.

Realizar la imposición en catedral significa también una fiesta para toda la provincia eclesiástica, un signo de comunión especial y particular que los metropolitanos tienen con la Santa Sede, una relación fuerte y sólida con el Papa haciendo presente su atención y diligencia hacia todos los fieles sin distinción de condiciones.

Y no fueron pocas las coincidencias porque los obispos auxiliares de México y Tlalnepantla, los de diócesis invitadas y el Arzobispo emérito de México realizaron, con su presencia, esta señal de comunión como lo quiere la Iglesia, el 2 de septiembre, justo a 488 años de erección del Obispado de México. En 1530, el Papa Clemente VII (1478-1534) promulgó la Bula, su acta de nacimiento, bajo la siguiente advertencia relativa a la creación del flamante obispado en los territorios ultramarinos del Nuevo Mundo: “A ninguno, pues, sea lícito en lo absoluto infringir, contrariar con temeraria osadía esta página de erección, institución, decoración, apropiación, reservación, concesión y asignación. Y si alguno presumiere atentar contra esto, sepa que incurrirá en la indignación de Dios omnipotente y de los santos apóstoles de Pedro y Pablo”.

Nueva página de esa historia se escribió ayer con la entrega del emblema de la jurisdicción eclesiástica al cardenal Aguiar Retes. La homilía del pastor, enmarcada en las lecturas del XXII domingo del tiempo ordinario tuvo énfasis especial en el testimonio de los discípulos en la vida personal y comunitaria; no pasó inadvertido el especial hincapié de Carlos Aguiar hacia la Iglesia metropolitana: Obrar en la obediencia y docilidad.

La imposición tuvo un trasfondo interesante a casi siete meses de la llegada del arzobispo Aguiar Retes. Poco a poco aquélla dinámica y empuje prometidos desde que se supo de su designación, han dado lugar a un gobierno episcopal cauteloso y de movidas de bajo perfil casi subrepticios que marcan distancia de aquel ideal de Iglesia de salida y misionera según se prometía en diciembre de 2017.

Destaca, por ejemplo, la poca presencia del clero en esta celebración. No es la primera vez. Festividades que descollaban por la nutrida presencia de sus colaboradores, como el Jueves de Corpus o la solemnidad de la Asunción, ahora son tristes y bucólicas celebraciones revestidas de fría solemnidad, poco asistidas y carentes de algarabía. Ayer no fue la excepción. Sólo una fracción del clero, el de élite, cercano al Arzobispo, los dos cabildos, quizá con notables ausencias, o por lo menos no tan visibles en las procesiones de entrada. Notable fue la inasistencia de clero regular; sin embargo ahí estaban los funcionarios curiales recientemente designados a quienes Carlos Aguiar ha considerado estratégicos. A pesar de haber jurado juicio diligente para el cultivo y cuidado de las vocaciones, ayer no festejó con el cardenal el pleno de formadores del Seminario Conciliar de México, ausencia de seminaristas pero lo más cuestionante fue la ausencia del grueso del presbiterio, de las decenas de párrocos y capellanes que no aparecieron en la imposición de la emblemática prenda.

Por otro lado, la débil presencia de los fieles, el pueblo santo de Dios. No es extraño decir que Carlos Aguiar Retes es un perfecto desconocido para los millones de católicos de esta Iglesia particular y, entre los agentes de evangelización comprometidos, el Arzobispo de México sólo es el pastor que ha impuesto una cuestionada medida que retrasa la recepción de los sacramentos a los niños a recibir la primera comunión y la confirmación.

Muy significativa fue la procesión ayer en catedral como ejemplo de lo anterior. Carlos Aguiar y Norberto Rivera juntos procesionando al altar de Dios. Solemne, pocas veces el arzobispo Aguiar veía y sonreía discretamente a la feligresía para bendecirla. Por otro lado, no fueron pocas las ocasiones en la que más informal, un sonriente cardenal Norberto Rivera saludaba a los fieles quienes, espontáneamente, le extendían la mano. Las formas también son fondo. Carlos Aguiar ganó a pulso este anonimato y distanciamiento. He aquí la contradicción: A pesar de que el palio se entrega en la catedral, el arzobispo ha dejado ese recinto prácticamente abandonándolo para instalarse en un espacio distinto que en derecho no le corresponde al Metropolitano de la Provincia de México.

El repliegue del Arzobispo de México dice mucho en estos momentos donde la Iglesia está bajo fuego. Pasar por el bajo perfil tampoco en muy conveniente para hacer frente a una realidad donde los fieles quieren posicionamientos claros y objetivos, de fe y esperanzadores, no entre líneas, como fue la particular y muy cuidada muestra arzobispal de apoyo y solidaridad al Papa Francisco: “En esta significativa Celebración Eucarística, expreso mi comunión, fidelidad y solidaridad al Papa Francisco, a quien agradezco su serenidad y paz ante las acusaciones que injustamente se le han atribuido; y los invito a todos los presentes, y a quienes llegue este mensaje, a unirnos especialmente en oración a Dios, Nuestro Padre, para que fortalezca al Papa Francisco con la asistencia del Espíritu Santo, y lo llene de confianza en las palabras que Jesucristo dirigió a Pedro, y en ellas a sus sucesores: tú eres Pedro, y y sobre esta roca edificaré mi Iglesia y los poderes del mal no la vencerán (Mt. 16,18)".

La misa de ayer fue otra oportunidad perdida. Quizá en el pueblo de Dios no tendría en cuenta esta coincidencia histórica al aproximarse los 500 años de erección del Obispado de México; sin embargo, esta imposición del palio era motivo excepcional para que el Pueblo de Dios hubiera sido testigo del acto de fidelidad y comunión que se reservó a pocos asistentes, quienes acostumbran la misa dominical en catedral, y a los invitados especiales que endulzan los episcopales oídos de su Eminencia, el cardenal. Así fue la imposición del palio, el más grande desaire fueron las ausencias de los obispos sufragáneos de la Provincia Eclesiástica de México: Cuernavaca, Toluca, Atlacomulco y Tenancingo.

En 1948, el canónigo Jesús García Gutiérrez escribía: “El arzobispado de México se ha convertido en árbol frondoso en cuyas ramas han anidado aves canoras de religiosos y religiosas que se ocupan en cantar las alabanzas de Dios nuestro Señor, ha cobijado y cobija debajo de su sombra pueblos y ciudades, muchos de ellos por él formados y ha dado frutos óptimos de santidad porque lo han regado con el sudor de su frente el meritísimo clero parroquial que en ocasiones ha merecido calurosos elogios de la Santa Sede Apostólica…” A setenta años de distancia, sus palabras contrastan con esta nueva realidad de un Palio que parece estar colgado de los alfileres de las propias seguridades para evitar los accidentes de ser una Iglesia en salida.


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