Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Comunión y confirmación, el polémico decreto de su Eminencia, el cardenal…

10.08.18 | 16:41. Archivado en Análisis y Opinión

*Nuevas disposiciones para primera comunión y confirmación en las provincias de Tlalnepantla y México.
*Formación en sacramentos se prolongaría: Comunión a los 9 años; Confirmación a los 12.
*Carta de Canónigo metropolitano apela al diálogo para ver otras realidades: "Situaciones que eran extraordinarias ahora son más frecuentes".

Guillermo Gazanini Espinoza / Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, continúa con la implementación de sus pretendidas transformaciones. Desde su llegada al arzobispado, cumpliéndose ya seis meses el 6 de agosto, actúa como administrador apostólico de la Arquidiócesis de Tlalnepantla y cabeza de la Arquidiócesis Primada.

El control de Aguiar Retes sobre estas dos iglesias particulares es la coyuntura perfecta que ha encontrado para la consolidación de planes que son implantados de manera vertical sin tomar en cuenta las distintas realidades, horizontalidad y actores en las distintas pastorales de una Arquidiócesis variopinta, plural y muy compleja.

Quizá la primera acción que afecta directamente a los potenciales millones de católicos es la administración de los sacramentos particularmente los de iniciación: Comunión y confirmación. Como se había reportado anteriormente a través de este blog, ( http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php/2018/07/23/p416349#more416349) Carlos Aguiar, como administrador apostólico, emitió un decreto el 18 de julio donde se establecieron “criterios comunes para propiciar la adecuada promoción de una acción pastoral que sea conjunta y que sea expresión de la espiritualidad de la comunión…” Estos criterios imponen las catequesis escolarizadas a partir del curso 2018-2019 donde la primera comunión se otorgue a los 9 años y la confirmación se administre a los 12.

Inevitablemente, la siguiente ficha del dominó en caer fue la del Arzobispado de México. Un decreto sobre la edad para recibir por vez primera la Eucaristía y la Confirmación, fechado el 29 de julio, circuló por diversos medios, menos los oficiales, para hacer públicas las nuevas disposiciones que, en la práctica, quienes menos conocen son los interesados: los miembros del pueblo de Dios.

La legitimación para la firma del decreto, como se puede leer en la exposición de motivos, fue la supuesta “reunión” del lunes 18 de junio por lo que los obispos de las Provincias de México y Tlalnepantla acordaron “establecer criterios comunes en relación a la preparación y edad mínima para la recepción por primera vez de la Sagrada Eucaristía y recibir en el tiempo oportuno el Sacramento de la Confirmación”.

El objetivo es la implantación de un criterio único y sin consulta previa a los cientos de catequistas a quienes ha desconcertado esta normatividad: la enseñanza escolarizada y en esencia la prolongación de la formación para la recepción de la primera comunión y confirmación en edades más tardías para administrarse a los 9 y 12 años. La obligación en la observancia de este decreto para todos los agentes de catequesis, sean laicos, clérigos, catequistas y miembros de los institutos de Vida Consagrada y Sociedades de vida apostólica, tendrá aplicación inmediata en el curso coincidente con el de las escuelas de educación pública. El decretazo del cardenal tuvo promulgación en la reunión de clero en ocasión de la festividad del cura de Ars, san Juan María Vianney, donde el señor arzobispo explicó sus ambiciosos planes en el típico monólogo que le caracteriza.

Ante la instauración de los nuevos procesos catequéticos, el padre José de Jesús Aguilar Valdés, canónigo de catedral e integrante del cabildo metropolitano que ha denunciado constantemente el deterioro y abandono de Catedral del Arzobispado de México, quiso abrir los ojos para dejar de soñar y despertar a la realidad cruda y tangible de personas quienes en la vida adulta, no han recibido los sacramentos de la comunión y de la confirmación.

Esa reunión terminó con más preguntas que respuestas sobre el cometido. Esto provocó que, justo al término de esta semana, el canónigo Aguilar dirigiera una concisa y acertada carta a sus hermanos en el presbiterio. A raíz de las inquietudes emanadas de ese encuentro, el documento expone lo que en la praxis deben afrontar párrocos y catequistas, exigencias de un trabajo pastoral en la administración de los sacramentos. Esto implica –dice Aguilar Valdés- “una labor de diálogo y convencimiento pero, no siempre las personas están abiertas a ello y simplemente dicen sentirse: enojadas, decepcionadas y no tomadas en cuenta. Este enojo ciertamente ha hecho que muchos se alejen de la Iglesia y busquen ser acogidos en otros credos donde les reciben con los brazos abiertos”.

La carta atiende a las pretensiones del señor arzobispo coincidiendo en la necesidad de “una mejor preparación y maduración para que los niños reciban los sacramentos”, formación que, a juicio del sacerdote, tiene mejor vehículo a través de “colegios católicos, en las comunidades donde las familias han madurado en la necesidad de una mejor preparación para los hijos y en donde no tienen cambios constantes de domicilio o trabajo”.

La exposición toca el punto neurálgico. Grupos a los que no podría aplicarse este decreto del cardenal y, necesariamente, requieren de planteamientos distintos para la formación en orden a la primera comunión y confirmación. Estos son las familias alejadas que ven los sacramentos como fiestas y celebraciones sociales, los matrimonios mixtos o dispares cuando uno de los cónyuges no es católico e impide la formación de los hijos en la catequesis de la Iglesia, la de las familias católicas que cambian constantemente de domicilio por motivos de empleo dejando trunca la formación catequética y, finalmente, la de las parejas que, en vistas al matrimonio, se preparan para recibir ambos sacramentos en edad adulta.

Para Aguilar de responderse a estas situaciones “que antes eran extraordinarias pero que ahora son cada vez más frecuentes”. Abriendo los canales de diálogo, el canónigo afirma que “sería muy difícil que, quienes han estado alejados acepten, de pronto, una preparación tan a largo plazo”; sin embargo, es la posibilidad para que en estos grupos pueda “profundizarse la formación” atendiendo a sus particularidades.

Así invita a los miembros del presbiterio arquidiocesano a proponer sugerencias para planes concretos a nivel diocesano y ser presentados al cardenal Aguiar Retes porque, como concluye el padre Aguilar Valdés, “Al que calla, Dios no lo oye”.

Surge entonces otra propuesta de diálogo ante estas transformaciones que hoy se pretenden imponer en la Arquidiócesis de México; sin embargo, e inevitablemente, un juicio puede inferirse de este decreto que uniforma criterios de catequesis para los Provincias de México y Tlalnepantla. Y este es el recuerdo con sabor a pelagianismo. Sí, aquélla doctrina que el mismo Papa Francisco ha condenado. Pelagio (454 d.C) decía que la salvación se gana por esfuerzos y a base de merecerla con la satisfacción de condiciones previas. Quizá con este decreto, actos y méritos escolarizados serán requisitos para que un niño pueda recibir su primera comunión y sea confirmado poniendo en arena movediza esa gratuidad de la gracia condicionada por cursos, hiperactivismo, exclusivismo y sanciones, todos gravitando en el eje de un supremo legislador, el Primado de México. En el fondo, es la negación de la esperanza condicionándola a la seguridad de un efímero decretazo.

Nadie está en contra de un proceso formativo para madurar en la gracia y de la salvación a través de los sacramentos como signos sensibles, pero el rigorismo de acciones para procurarse un derecho a la bienaventuranza impedirá ver a la Iglesia como comunidad que vive conforme a la novedad del Evangelio del que se toma la norma máxima que es su principio único: La salvación de las almas. “Gracias al cielo, no estamos condenados a los manuales de autoyuda. No estamos solos con nuestras solas fuerzas...” (Joseph Ratzinger, 1986)

Ofrecemos la carta del canónigo, padre José de Jesús Aguilar, como fue difundida a través de redes sociales:

"Agradezco a todos los que, después de la primera parte del encuentro y la presentación del decreto del Sr. Cardenal, se me acercaron para manifestarme varios puntos sobre la catequesis en nuestra arquidiócesis.

Es cierto que muchos de quienes se dicen católicos ven los sacramentos como la oportunidad o pretexto de hacer fiesta deseando que todo sea fácil y rápido, por lo que cuando se les presentan determinadas exigencias se enojan y hasta amenazan con “cambiar de religión”. Esto implica una labor de diálogo y convencimiento pero, no siempre las personas están abiertas a ello y simplemente dicen sentirse: enojadas, decepcionadas y no tomadas en cuenta. Este enojo ciertamente ha hecho que muchos se alejen de la Iglesia y busquen ser acogidos en otros credos donde les reciben con los brazos abiertos.

Yo creo que todos coincidimos con el Cardenal en que es necesaria una mejor preparación y maduración para que los niños reciban los sacramentos. Creo que esta preparación se puede llevar muy bien especialmente en colegios católicos, en las comunidades donde las familias han madurado en la necesidad de una mejor preparación para los hijos y en donde no tienen cambios constantes de domicilio o trabajo. Esto exige métodos que provoquen la atención y el interés de los niños y jóvenes de las nuevas generaciones que, a veces, por ver la religión como algo aburrido, son los primeros en ser renuentes.

Sin embargo, en mi caso, y estoy seguro que también en algunos de ustedes se presentan situaciones como:

Familias muy alejadas que sólo se acercan con motivo de la fiesta de XV años o salida de escuelas. Y, si no se aprovechan esos momentos para ofrecer, por lo menos, una catequesis intensiva, esos niños que salen de la primaria o secundaria, o las quinceañeras, será muy difícil que regresen a recibir especialmente el sacramento de la eucaristía.

• Otra situación que los catequistas me suelen presentar es la de aquellos matrimonios en los que, uno de los dos se ha vuelto “cristiano” y prohíbe a la pareja que sus hijos se preparen para los sacramentos. En esos casos, es frecuente que la pareja católica busque, un tanto a escondidas, preparar a sus hijos para que se mantengan como católicos y no cambien de religión.

• Otros casos se dan por el constante cambio de domicilio o trabajo de los padres de familia que les impide dar continuidad a la preparación catequética en un mismo lugar, por la que muchos que la inician, la dejan trunca.

• Y otro punto que merece atención es la de quienes, durante la infancia, recibieron el sacramento de la eucaristía o confirmación pero que están en vísperas del matrimonio, incluso con fechas agendadas y no han recibido alguno de los dos sacramentos. A esto se unirían otros casos que seguramente ustedes perciben.

Desde mi punto de vista, debemos responder a estas situaciones que antes eran extraordinarias pero que ahora son cada vez más frecuentes. Sería muy difícil que, quienes han estado alejados acepten, de pronto, una preparación tan a largo plazo. Y, quizás, una preparación intensiva y la recepción de la eucaristía podría ser el motivo para que no se sientan rechazados, se acerquen más, tengan sentido de pertenencia y continúen en grupos de perseverancia. Es en estos grupos donde se puede profundizar la formación.

Por esta razón, les sugiero que, ya que el Cardenal está dispuesto a escucharnos, por decanato o grupos, consideren si es pertinente proponerle sugerencias para que se hagan planes concretos a nivel diocesano porque, como dice el dicho: “Al que calla, Dios no lo oye”

P. José de Jesús Aguilar Valdés.


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  • Comentario por market research 17.08.18 | 00:31

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