Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

“Arzobispo, ¿Qué vas a hacer?”

25.04.18 | 20:26. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

*Cardenal Carlos Aguiar Retes va a Iztapalapa, la cuna de la mexicanidad
*Ante un centenar de sacerdotes vuelve a exponer sus pretendidas transformaciones para la Arquidiócesis de México

Guillermo Gazanini Espinoza / La VII Vicaría de la Arquidiócesis de México “San Pablo apóstol” contiene a la zona oriental de la Ciudad capital, mosaico de culturas que ganaron lugar al antiguo lago de Texcoco. Ahí llegaron habitantes de todo el país, del sur y de norte, haciendo que sólo esa parte de la Ciudad tenga una población equiparable a la del Estado de Morelos (cerca dos millones de habitantes). Secularismo y devoción, es el lugar de la “pasión de Cristo” en semana santa donde se congregan millones de visitantes para ver una representación centenaria entre la opulencia y pobreza que rasgan esta realidad de una zona pujante, pero asolada por el crimen, narcotráfico, sobrepoblación, problemas ambientales y las paradojas del agua al ser la que más sed padece a pesar de haberse levantado sobre el lago que gestó la cuna de la mexicanidad

En Iztapalapa sirven poco más de cien sacerdotes en 95 parroquias y rectorías. Vicaría agobiada por la crisis de valores, migración, inseguridad o inestabilidad familiar, el territorio que encabeza el obispo auxiliar de origen nayarita, Mons. Jesús Antonio Lerma Nolasco, quien cumplirá 73 años de edad, no escapa a esta tensión secular donde las más antiguas devociones católicas compiten con las más extrañas costumbres paganas rayando en la idolatría

Otro nayarita estuvo ayer martes 24 de abril conviviendo con el clero de la “San Pablo apóstol”, el Arzobispo Primado de México, quien continúa en este diagnóstico y acercamiento al caminar arquidiocesano abriéndole los ojos a una realidad de la Ciudad de México cambiante de un barrio a otro.

Carlos Aguiar Retes se enfrentó ayer a las más variadas y agudas preguntas que tal vez le pusieron en el dilema de la viabilidad efectiva del Programa único de pastoral para la Arquidiócesis planteado desde su llegada. Ante el clero reconoció esta multiculturalidad iztapalapense la cual dijo “no conocer a fondo”; sin embargo, la persistencia del Arzobispo de México parece no medir las absolutas dimensiones que requieren de acciones tan diversas y específicas como la realidad misma de Iztapalapa que todos los días parece rebasar a las estructuras más complejas, aun las de gobierno.

En la VII Vicaría el obispo debe quitarse la tiara de príncipe para empuñar el báculo del Buen pastor. Porque es de las más lastimadas de la Ciudad y de las que más requieren del apoyo espiritual y el consejo sabio, prudente y moral. Las oportunidades que ayer se pudieron haber abierto en la VII para sentir el pulso más exacto de esta parte del organismo arquidiocesano, fueron más por las vías de la formalidad y diplomacia para atender a la cabeza del arzobispado más que de acogida al padre Arzobispo, guía de sus más estrechos colaboradores.

Aguiar Retes llegó para ser conocido y no para conocer realmente. A “imponer sin convencer”. Eso fue una de las quejas del clero de la VII ante los planes que el Cardenal mantiene en el ánimo más profundo de su arzobispal corazón, mientras parece expandirse la incertidumbre del centenar de sacerdotes que no sabe ahora el estado que guardarán los procesos vicariales de pastoral particular para fortalecer la Iglesia misionera en salida.

Un aspecto que destacó de la reunión fue el fomento de las vocaciones y la formación de la niñez y la juventud. No es para menos, la VII Vicaría es de las que más proporcionan candidatos al Conciliar de México y su población es joven al ser la primera demarcación de la Ciudad de México que registra el mayor índice de nacimientos.

No obstante, el Arzobispo Aguiar Retes no parece tener la radiografía completa que sigue limitando su visión tan sólo viendo al frente sin explorar los costados. A pesar de su notable ideal de “sacar vocaciones desde las parroquias” con acompañamientos más comprometidos, la inquietud del clero es saber cómo será posible lograr este propósito sin diluir la extraordinaria interculturalidad de la población y de las mismas familias que no son nativas de Iztapalapa.

El Cardenal Aguiar pretende reformar con criterios del salto digital para acercar más a las jóvenes generaciones a la Iglesia cuando más bien eso es un proceso accesorio para la transmisión de la Buena Noticia. Esto contrasta con los propósitos de la Vicaría cuando ha proclamado estar en sintonía con la “cultura de la misericordia” emprendiendo una revolución cultural –así lo dicen sus documentos- a partir de la simplicidad de los gestos dejando la indiferencia.

Es contrastante sí, porque al meter el acelerador, el Arzobispo continúa en una exigencia desfasada y anacrónica –por no ir con el tiempo, ritmo y realidad particulares- de trasplante de instancias consultivas para la toma de decisiones como si se tratara de una burocracia central de la cual deben partir planes y decisiones.

Lamentablemente, el Arzobispo del diálogo parece entrar en cierta desesperación cuando ya habla de transformar a través del decretazo con una sola consigna: “El Papa es quien me avala”. Francisco sostiene un proceso de sinodalidad que poco se ha visto en estas reuniones del Cardenal Aguiar y el presbiterio. Aquí se trata de transversalidad no sólo de decir lo que el jefe quiere escuchar. Al final, durante la homilía, lanzó una pregunta retórica usando hábilmente las frases del Evangelio de este día: “Arzobispo, ¿qué quieres hacer?... La obra de mi padre”, pero Aquel que la dijo no obró por decretazos, insistencias o redentorismos. Se valió de doce y esos doce hicieron comunidad que devino en la Iglesia donde todos ponían sus talentos en común.

Un punto más destaca en esta paternidad episcopal del señor Cardenal, más de diplomacia y cortesías, que de intervención directa para reanimar el corazón de su presbiterio urgido de un padre que enseñe a caminar paso a paso y no a sorprender con malabarismos gerenciales. Y es que el Arzobispo Primado de México parece acompañarse de lo que que a nuestro juicio parecen guaruras, escoltas intimidantes para cualquiera que intente un acercamiento. Eso no tiene nada de sinodal, ojalá sea una falsa percepción de mi parte. Arzobispo, ¿Qué estás haciendo?


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