Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Reencontrar a Casaldáliga…

16.02.18 | 15:35. Archivado en Cristianismo, Análisis y Opinión

Guillermo Gazanini Espinoza / Mons. Pedro Casaldáliga cumple 90 años. Una particular campaña de RD, de forma permanente en el mejor portal de información religiosa de habla hispana, insiste en una súplica al Santo Padre para que realice una práctica común a él: un telefonazo a don Pedro como señal de agradecimiento y amor por las nueve décadas de un profeta vivo, signo de contradicción en nuestros inciertos tiempos. Los festejos en Madrid fueron particularmente “subversivos”, en línea con lo que mejor podría representar un aniversario particular del casi centenario obispo de la Amazonia: la subversión del amor y la incomodidad de la profecía.

Casaldáliga nació el 16 de febrero de 1928 cuando el mundo era azotado por los vendavales de las ideologías entreguerras, tiempos violentos y de incertidumbre, de nacionalismos alienantes y del desprecio al ser humano. Su biografía es de sobra difundida, pero quizá poco conocida, especialmente en este tiempo donde hay urgencia de paz, de esa paz que sólo el discípulo cristiano ha sabido contemplar bajo la mirada de su maestro. Claretiano, misionero, sacerdote y obispo consagrado en el pontificado de Paulo VI, Pedro ha vivido despojándose de sí para que los otros tengan paz y vida.

En 1993 yo escuché de Casaldáliga por primera vez. En México, eran tiempos de la construcción de componendas y de nuevos tratos entre el gobierno y las iglesias, pero también de profunda sospecha hacia aquéllos que hicieron opción preferencial por los pobres. 1993 fue un año particularmente violento e inestable manchado por la sangre de un prelado, Mons. Juan Jesús Posadas Ocampo, cardenal arzobispo de Guadalajara, acribillado la tarde de lunes 24 de mayo. Esto lo traigo a colación por el impacto de la muerte violenta de un alto prelado en el México consternado y ofendido.

1993 fue tiempo de las amenazas contra Pedro, obispo de São Felix do Araguaia. A finales de ese año, recuerdo haber escuchado la noticia: Un obispo de Brasil amenazado de muerte. Después sabría que ese misionero claretiano estaba en la mira por su defensa de los más pobres, de los desprotegidos y que abrazó como hijos suyos en esa parte vulnerable del mundo y le hizo feliz como obispo, la Amazonia.

Así lo advertía ese organismo defensor de los derechos humanos: “Según la información que ha recibido Amnistía Internacional, una persona, amparada en el anonimato, ha advertido al obispo Casaldáliga, internacionalmente conocido por su trabajo en favor de los pobres del Amazonas, que los terratenientes locales han contratado a un pistolero para matarlo como venganza por su defensa de los derechos sobre la tierra de los indígenas Xavante que habitan la región”.

En 1995, inicié mis estudios en filosofía y teología en el Seminario Conciliar de México. Mientras el tiempo transcurría, algunas asignaturas en el mapa curricular de estudios -historia de la filosofía y de la Iglesia latinoamericana y teología latinoamericana- incitaron nuestra curiosidad. Los futuros teólogos poco discernimos en el pensamiento de teólogos latinoamericanos y supimos más de condenas, errores y proscripciones oficiales de lo que podía poner en riesgo nuestro método teológico cimentado en buena doctrina y fe ortodoxa. Leer obras completas de Gutiérrez, Boff, Casaldáliga o Sobrino era por iniciativa propia siempre bajo la lupa de los buenos formadores y maestros quienes seguían, instruían o censuraban al alumno por leer “teología subversiva”. Hoy me atrevo a decir que, en México, hay poquísimos especialistas serios en teología de la liberación, quizá todavía malentendida, y con los dedos de una mano se contarán en este país a quienes a profundidad y profesionalidad, no de simple ejercicio amateur, conocen vida, pensamiento y poesía del nonagenario profeta, don Pedro.

En retrospectiva creo que perdimos esa oportunidad de adentrarnos en la "teología proscrita" tomados de la mano de los buenos especialistas en ciencias sagradas, nuestros formadores del conocimiento de Dios y sus misterios; sin embargo, tuvimos un avivamiento de la curiosidad por conocer, saber y escuchar para que, por lo menos, no pasaran desapercibidas esas voces proféticas como la de don Pedro cuando en esa década el mundo se fragmentaba y la hegemonía del egoísmo capitalista llegaba para quedarse.

Apenas conocemos a Pedro, el padre obispo que salió de su tierra para amar otra muy lejana, exótica y misteriosa para nosotros y particularmente en esta parte del mundo, en un país donde más de la mitad de su población vive en condiciones de pobreza, donde su medio ambiente está devastado y sus recurso naturales sirven para henchir las bolsas de pocos a costa del futuro de muchos, donde la esperanza parece diluirse en la vorágine de la violencia cruel e inhumana, esa misma que don Pedro padeció en carne propia.

Gracias a las nuevas tecnologías, podemos tener a la mano muchas de las obras de su pensamiento en este aniversario que no podía pasar inadvertido. Don Pedro es testimonio vivo de entereza para muchos quienes han decidido dar la vida sin esperar nada a cambio. Haciendo teología de la liberación como forma de pensar la fe en voz alta, no por mera rebeldía sin sentido sino porque se requiere ser subversivo contra un sistema que aniquila la vida de las personas, que parece entronizar la estupidez para incensar ídolos alienantes y destructores de la dignidad humana.

Casaldáliga, pastor quien hizo de su traje coral, las mangas de camisa; tuvo por báculo, el abrazo al sufriente y por anillo, la del hermano convaleciente. Obispo que supo leer los signos de los tiempos “en esta América Latina, tan convulsionada y frecuentemente incomprendida”, pastor creyente del vigor y juventud de la Iglesia a pesar de los que quieren hacerla aparecer arrugada y fea con poses, dignidades y apariencias.

Todavía nos falta conocerlo y reencontrarlo. Al obispo del “Evangelio como subversión de los intereses porque es la demolición de los ídolos…” monstruos que hoy pretenden imponernos para arrebatarnos la esperanza.

Dios te bendiga padre Pedro, sabio profeta del Altísimo.

“La misión grana en la calle” allí donde los humanos se juegan su destino… Templos y curias deben estar al servicio de los hijos e hijas de Dios, quizás fuera de los muros…Culto y burocracia religiosa no se justifican por sí mismos y hasta son blasfemos cuando, a su lado o bajo su dominio, por su indiferencia o por su impositividad, fallan a la justicia, a la caridad, a la misión”. (Pedro Casaldáliga. Espiritualidad de la Liberación, 1993).


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