Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Nuestra Señora de Guadalupe

13.12.17 | 14:02. Archivado en Iglesia católica en México

Isaías 7, 10-14: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”
Salmo 66: “Que te alaben, Señor, todos los pueblos”
Gálatas 4, 4-7: “Dios envío a su Hijo, nacido de una mujer”
San Lucas 1, 39-48: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”

Mons. Enrique Díaz Díaz. Obispo de Irapuato / CEM.- ¿Cómo encontrar caminos cuando parece que todo está perdido y que todo se encuentra en ruinas? ¿Cómo sostenerse en pie cuando se han socavado los cimientos, se ha destruido la dignidad y se han roto los lazos entre los pueblos? Nunca podremos darnos cabal cuenta del desastre y cataclismo que significó la conquista para el pueblo mexicano. Su cosmovisión, sus relaciones, su presencia de Dios, su reconocimiento… todo acabó por los suelos. Y solamente si pudiéramos entender esta situación, comprenderíamos cabalmente lo que significa la visita de María de Guadalupe a nuestra patria. María sale al encuentro del indígena y su mundo en sus mismos términos, desde su situación de derrota y desprecio, asumiendo sus colores, sus símbolos y su cosmovisión. No es la belleza y el romanticismo de la flor y el canto, sino lo que expresan estos símbolos en la búsqueda del verdadero paraíso y la verdadera felicidad. Dios nos ofrece una maravilla al enviar a María a estas tierras, porque a través de ella rescata a su morador, le renueva su dignidad, lo levanta de su ignominia y lo hace su mensajero. Más que construir un templo, es reconstruir el templo vivo que es cada ser humano y descubrir en su interior la presencia del Dios vivo. Si el indígena se convirtió, es porque descubrió en María la verdadera síntesis de su fe y una respuesta a todas sus esperanzas.

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