Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

¿Necesitamos tantos santos?

01.11.17 | 11:56. Archivado en Cristianismo, Análisis y Opinión


Guillermo Gazanini Espinoza /
Santidad no es simplemente realizar una vida moral o ética. Tampoco es el seguimiento fanático o con cierto ahínco de ritos en profesión de cualquier doctrina de manera farisaica. Santidad no equivale a la demostración celosa de la fe para decir a los demás que lo “auténticamente santo” está en un colegio o grupo particular relativizando todo lo noble, bondadoso o caritativo proveniente de otros quienes no creen como nosotros. Por más que nos pueda chocar, ser santo no implica demostrar dotes sobrenaturales por encima de los demás, tampoco es quien obra “milagros” por ser especial o escogido presumiendo predilección.

La historia de la santidad tiene momentos de gloria y de oscuridad. La Biblia nos cuenta de cosas y lugares santos; días, hombres y mujeres puros, consagrados, apartados de lo profano hasta la revelación definitiva en Cristo. Quienes son de Él le pertenecen, nación consagrada (1Pe 2, 9) distinta a la de la Antigua Alianza en virtud de su sacrificio para ser ellos mismos sacrificio nuevo y agradable (Rm 12, 1-2). Son los “llamados” y por eso mismo, santos (1Co 1, 1-3).

Después de las persecuciones, la naciente Iglesia tuvo ciudadanía en la antigüedad. Los testigos de la fe, mártires de Cristo, recibieron el honor de los obispos del paleocristianismo venerándolos en sus huesos y restos llamados reliquias. El culto a los santos entró en choque con el antiguo orden porque el mundo de los muertos entraba en contacto con el de los vivos en relación inusual y escandalosa.

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