Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Arquidiócesis de México se lanza contra el gasolinazo

08.01.17 | 19:01. Archivado en Arquidiócesis México, Análisis y Opinión

Guillermo Gazanini Espinoza / 08 de enero.- Tras las protestas y actos vandálicos por el gasolinazo, algunos sectores de la Iglesia católica plantean la necesidad de revertir la decisión del gobierno al adelantar la liberalización de los precios de las gasolinas aprobado en la Ley de Ingresos 2017.

El 5 de enero, el secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el obispo auxiliar de Monterrey Alfonso Miranda Guardiola, a través de un boletín de prensa, llamó a las autoridades del Ejecutivo federal a reconsiderar seriamente -dado el contexto nacional y las variables internacionales-, esta medida que afecta a todo nuestro País, especialmente a los más pobres.

Mientras, las protestas crecen y hechos violentos amenazan la seguridad e integridad de personas y comunidades del país, la CEM llamó a la responsabilidad y solidaridad de los ciudadanos para que el malestar se encauce a través de medios pacíficos, creativos y respetuosos de la ley.

Este domingo, por otro lado, el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México publica un fuerte editorial al que titula "Insensibilidad". Aportando algunos datos sobre los aumentos a los combustibles y energéticos, el medio informativo critica las décadas de subsidios gubernamentales que mantuvieron bajos los precios de la gasolina. A medida de que los subsidios fueron eliminándose, los gasolinazos mensuales desplazaron las aportaciones gubernamentales para reflejar los costos reales, hasta la liberación de precios que hoy se ve reflejada en 90 tarifas máximas distintas en el país.

De acuerdo con el editorial, los mexicanos pagan más por impuestos que por el precio real del combustible al mencionar que el 43% del precio por cada litro es recaudatorio del impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) y del 16% impuesto al valor agregado. El resultado son gasolinas carísimas usadas para captar impuestos de los cuales, por desgracia, no hay transparencia en cuanto a su destino y fin.

El informativo de la Arquidiócesis de México no duda en apuntar por qué México llegó a este estado de cosas. Pemex, ahora empresa productiva del Estado, fue "caja chica" que enriqueció a funcionarios públicos y líderes sindicales. Al dilapidar la riqueza de la bonanza petrolera, México quedó a la zaga en infraestructura petrolera obligando a la importación de gasolinas por la ausencia de la industria de la refinación. El idilio del oro negro hizo del país un gigante enano y ahora pagamos cara esa falta de visión. Mientras los Estados Unidos poseen 176 refinerías, aquí tenemos seis maltrechos complejos que tuvieron paros escalonados de labores el año pasado dice el editorial.

Ante el "mazazo brutal" se hace un llamado a la responsabilidad a fin de acabar con la corrupción y moderar el gasto público. La nueva política energética careció de "sensibilidad social". Y ante lo que parece una referencia al malogrado mensaje del presidente de la República con motivo de inicio de año, difundido la noche del 5 de enero, y donde trató de explicar las causas y beneficios de la medida, el análisis del informativo arquidiocesano sentencia: Urge también más sensatez de los responsables de llevar las riendas del país que de manera insensible y arrogante todavía se atreven a decir que el gobierno está trabajando para apoyar a los sectores más vulnerables de la población y que los mexicanos deben sumir este nuevo reto para salir adelante.

El editorial completo puede leerse a continuación:

Insensibilidad.

La última semana de diciembre del 2016, las autoridades reguladoras de energía y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público adelantaron la liberación de los combustibles que incrementó su precio hasta en un 20 por ciento. A esto se suma otro golpe a la economía por el aumento a las tarifas de energía eléctrica que se ajustan entre 2.6 y 3.5 por ciento para el sector comercial, y en 2.6 por ciento para el uso doméstico de alto consumo. La razón, a decir de las autoridades, fue el alza de los combustibles para la generación de la electricidad, además de la liberación de los precios del gas que variarán según la oferta y la demanda.

Sin duda, México tendrá un amargo 2017, luego de décadas en las que, debido a la política energética de precios artificiales y subsidios gubernamentales –que representaron cerca del 3 por ciento del Producto Interno Bruto– fueron disfrazados los costos reales de los combustibles. A medida de que los subsidios fueron eliminándose, los gasolinazos mensuales desplazaron las aportaciones gubernamentales para reflejar los costos reales, hasta la liberación de precios que hoy se ve reflejada en 90 tarifas máximas distintas en el país, que variarán conforme a la cercanía de las instalaciones de producción, de distribución de combustibles y los precios internacionales.

Como sabemos, los precios de la gasolina tienen efectos fuertemente recaudatorios. Cerca del 43 por ciento del precio de cada litro es determinado por la cuota del Impuesto Especial Sobre Producción y servicios (IEPS) y el pago del 16 por ciento del IVA. El resultado son gasolinas carísimas usadas para captar impuestos de los cuales, por desgracia, no hay transparencia en cuanto a su destino y fin.

La mala administración de la riqueza petrolera fincó castillos en el aire; Pemex, ahora empresa productiva del Estado, fue caja chica para cobijar estructuras de poder que chuparon los recursos que debían ser aplicados al desarrollo de la industria que dio bonanza. No sólo fue la alta burocracia, sino que al amparo del petróleo creció el poder de sindicatos con prebendas increíbles, creando líderes intocables y millonarios. Esa riqueza fue dilapidada, desapareció, y ahora millones de contribuyentes son sacrificados para reponer con impuestos lo que se perdió debido a la corrupción e irresponsabilidad.

México quedó a la zaga del crecimiento cuando, por el orgulloso monopolio nacional petrolero, no hubo visión de futuro para expandir la infraestructura de refinación. El idilio del oro negro hizo del país un gigante enano, y ahora pagamos cara esa falta de visión. Mientras los Estados Unidos poseen 176 refinerías, aquí tenemos seis maltrechos complejos que tuvieron paros escalonados de labores el año pasado debido a la falta de insumos y dinero, dependiendo incluso del exterior en cuanto a la importación de combustibles para satisfacer el consumo interno.

Ahora se nos pasa una factura impagable y dolorosa. Décadas de mala administración e irresponsable gasto nos tienen en este atolladero de la nueva política energética que no vislumbró las consecuencias sociales porque no hubo sensibilidad al respecto. Y con razón el enojo de los contribuyentes cuando se les obliga a pagar por los errores de otros que, en el pasado, se sirvieron del poder con las bolsas henchidas de petrodólares, endeudando eternamente a los mexicanos de la clase media y pobre.

Las soluciones deben ser urgentes porque México no está preparado ante un mazazo brutal que le lastima más. Todos estamos llamados a la responsabilidad, y particularmente la alta burocracia y clase política de sueldos inmorales y prestaciones inconcebibles en el débil país del 2 por ciento de crecimiento anual, y la mitad de la población en situación de pobreza.

Urge una aplicación responsable de los recursos públicos para cubrir lo que importa y no se toleren más prestaciones como bonos discrecionales, vales de gasolina o consentir el gasto de consejeros electorales que, para actualizar teléfonos celulares, echarán mano de más de tres millones de pesos. Urge también más sensatez de los responsables de llevar las riendas del país que de manera insensible y arrogante todavía se atreven a decir que el gobierno está trabajando para apoyar a los sectores más vulnerables de la población y que los mexicanos deben sumir este nuevo reto para salir adelante. La gente está harta de todo esto. Por eso hay tanta indignación y furia.


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