Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Todo niño debe ser aceptado y amado

30.04.13 | 14:34. Archivado en Iglesia católica en México, Análisis y Opinión

Guillermo Gazanini Espinoza / CACM. 30 de abril.- El Día del Niño resulta oportuno para reflexionar sobre la situación de este grupo social. Sirven de preámbulo las duras reflexiones del Arzobispo Primado de México, el Cardenal Norberto Rivera Carrera, en la homilía del domingo pasado: Se escuchan los reclamos de los que quieren aniquilar impunemente al niño en el vientre materno y terminar con la vida del anciano que ya no es productivo; en nombre de una “preferencia sexual” hombres y mujeres son prostituidos y miles de niños y niñas explotados sexualmente, a ellos no hay quien los defienda, pero ciertamente hay quien está lucrando y quien está encubriendo a los explotadores…

En primer orden, las condiciones de millones de niños no son nada alentadoras. De acuerdo con un informe del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP), de marzo 2013, de la Cámara de Diputados, la Organización Mundial de la Salud calculó que 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años fueron forzados a tener relaciones sexuales o experimentaron otras formas de violencia sexual; tres millones de niñas y mujeres son sometidas a la ablación genital anualmente; 1.8 millones fueron involucrados en pornografía y en 2002, 53 mil niños murieron a consecuencia de los homicidios.

A nivel nacional, los niños viven una situación de emergencia. Los reportes de los organismos internacionales advierten que México se encuentra en la lista de países de la OCDE que ocupa los primero lugares en maltrato infantil. Y es que este país, donde prima el imperio de la impunidad, la justicia llega para los que pueden obtenerla a costa de los vulnerables. Mientras se pide la criminalización del bullying y proteger a los niños en edad escolar contra la violencia de compañeros, el otro lado de la moneda diviniza el aborto, casi 100 mil desde su tolerancia en la legislación penal a partir del 2007; encubre a los tratantes y al seno del núcleo familiar, las golpizas, laceraciones, ofensas y denigraciones son tolerados como recursos adecuados para impartir disciplina en los hijos.

Un informe del Centro de Equidad y Género de la LX Legislatura de la Cámara de Diputados (2008) reportó cifras alarmantes sobre la explotación sexual infantil, según el estudio Infancia Robada, en el año 2000 había alrededor de 16 mil niñas y niños sujetos a explotación sexual, destacando la zona metropolitana de la Ciudad de México con 2,500 casos, y las ciudades de Acapulco, Tijuana, Ciudad Juárez, Cancún, Guadalajara y Tapachula con 4,600 niñas y niños en esta situación y 8,900 en el resto del país. Otros problemas graves, según el reporte citado, se encuentran en la explotación laboral infantil, el tráfico de órganos, la violencia y malos tratos, además del robo de infantes con motivos comerciales.

El Informe CESOP al que se ha hecho referencia menciona datos del INEGI sobre la violencia en hogares y niños. Durante el período de 1999-2004, los maltratos más frecuentes fueron el físico hacia 43 mil menores y los emocionales propinados en casi treinta y tres mil menores. Los datos consultados señalan que los Estados de Guanajuato, Yucatán, Puebla, Coahuila, Chihuahua y Sinaloa son las entidades federativas con el mayor número de casos de maltrato infantil (2008).

Aún cuando podríamos pensar que la inseguridad está en otros ambientes, es en el hogar donde los niños corren los máximos peligros. Según los académicos de la Escuela de Trabajo Social de la UNAM (2013), el maltrato infantil está socialmente permitido debido, entre otras cosas, a la inmadurez e irresponsabilidad de los encargados directos del bien de los niños. A esto se añade ver como normales las prácticas por las que se pretenden instruir: golpes, insultos y gritos dejando de lado las expresiones racionales de autoridad, amor y cariño.

En adición, hay que sumar la pobreza y el grado de desarrollo humano de miles de familias mexicanas; más de cinco millones de niños carecen de lo más elemental para vivir y sus necesidades más básicas no pueden ser satisfechas ya que sus familias no tienen posibilidades para tener los recursos más indispensables: hacinamiento, pobreza, violencia, desnutrición, carencia de oportunidades educativas, ausencia de uno o dos de los padres, fincan un futuro incierto, su inocencia ha sido robada provocando generaciones enteras forzadas a saltar la etapa de la niñez para vivir en la maldad de los adultos.

Otro factor es la violencia en zonas del país. La pobreza causa el reclutamiento de niños como baby sicarios al servicio de los cárteles y grupos del crimen organizado. En México, los casos han sido dolorosos y parecen ser comunes en lugares donde el imperio de la ley es un recuerdo. Diversos medios nacionales dan cuenta de niños y niñas en edad escolar usados como asesinos a sueldo o transportadores de drogas. A su corta edad, los niños sicarios cuentan con historiales criminales que superan los de las novela policiacas, su vida está marcada por el abandono, el abuso y la pobreza que los empujan a aceptar las ofertas del crimen organizado para que, por una corta y fatal carrera, puedan conseguir falsamente lo que se les ha negado: una vida más justa, decente y armónica.

Cuando Benedicto XVI visitó México, tuvo un encuentro especial con los niños. En la Plaza de La Paz de Guanajuato advirtió de los peligros que nuestra niñez afronta y lo males que padece. La experiencia de formar y criar a los hijos es uno de los regalos más preciados de Dios a los seres humanos y es, además, una de las más graves responsabilidades. Un elemento fundamental a transmitir a los más pequeños es el regalo del amor y el don de los valores que acrisolen su personalidad para ser responsables, autosuficientes y capaces de responder a los sinsabores de la vida con herramientas otorgadas desde la casa como escuela de valores. Los escándalos provocados a los más pequeños son de los pecados más aborrecidos a los ojos de Dios y no es posible que en este país los niños sean vistos como productos desechables, blancos de injurias y maltratos, objetos de comercio y de desviaciones sexuales, agentes del crimen o mano de obra barata para enriquecer a vividores y abusadores que se empoderan gracias a la inocencia de los primeros años.

Mientras nuestra sociedad siga relativizando el don de la vida de un niño desde el vientre materno hasta su infancia y adolescencia, no podrá decir que esté en la vía de la justicia. Cuando escuchemos de un baby sicario, veamos a un niño limosnero, nos lamentemos por un niña robada y vejada, cuando castiguemos y maltratemos a nuestros hijos con penas desproporcionadas e injustas para sus tiernas edades, cuando somos omisos por tolerar todo esto, seremos colaboradores en la destrucción social que ve con buenos ojos cómo se hace escarnio, escándalo y abuso de los más vulnerables. Es la civilización hipócrita y destructora que alberga a una sociedad donde no impera el amor. Recordando las palabras de un sacerdote que palpó esos dolorosos estigmas de nuestra niñez, del padre Alejandro García Durán (1935-1999) “Chinchachoma”, la atención y cariño de nuestra niñez sólo serán posibles cuando comprendamos que todo niño y niña, al venir al mundo, debe ser aceptado y amado.


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