Sursum Corda El blog de Guillermo Gazanini

Injusticias Terrenas y Justicia Divina

27.03.11 | 06:32. Archivado en Iglesia católica en México
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Palabra del Pastor / El Semanario de Guadalajara. 24 de Marzo, 2011

Estimados lectores:

Muchos, seguramente, habrán visto la Película “Presunto Culpable”, sobre todo a raíz del mandato de esa Juez que falló para que la retiraran de las pantallas, lo cual constituyó la propaganda más eficaz, que redundó en que un mayor número de espectadores la obtuvieran o acudieran a las salas de exhibición a verla.

Y los comentarios generalizados han sido que se trata de un testimonio documental que pone en evidencia el reprobable funcionamiento del sistema judicial en nuestro país. Mas, la pregunta es: ¿Ahí vamos a quedarnos? ¿Esta manera de aplicar la justica en México, que tiene a tanta gente inocente metida en las cárceles, incluso muchos jóvenes, mientras deja a tanto criminal impune y libre en las calles, continuará funcionando así? Ante realidades como las mostradas en la cinta, ¿todo se reducirá a lamentaciones, a comentarios, a improperios contra gobierno, jueces y policías corruptos, falsos e injustos?, o ¿Acaso se podrá hacer algo?

Uno se pregunta, en primer lugar: ¿De quién depende el Poder Judicial? Porque a los representantes de los Poderes Ejecutivo y Legislativo los elige el pueblo, según la democracia; pero a los integrantes del Judicial, ¿quién los elige? Tengo entendido que lo nombra directamente el Ejecutivo, a partir de los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, y de ahí proceden los nombramientos de Magistrados y Jueces hasta abajo.

Por eso yo digo: si dependen del Ejecutivo en cuanto a su nombramiento, también deberían depender del mismo en cuanto a examinar y evaluar su actuación, de tal manera que el juzgar jueces y vigilar policías debería ser labor del Ejecutivo.

Habría que pedirles, por tanto, a los gobiernos, que al entregar nombramientos de Magistrados, Jueces y demás miembros del Poder Judicial, lo hicieran con sumo cuidado, escogiendo personas capaces, honestas y honorables.

Ya es tiempo de desterrar de nuestro país esa nefasta costumbre de considerar a alguien culpable mientras no pruebe su inocencia, cuando debería ser lo contrario; esto es, considerar inocente a cualquiera en tanto no se pruebe su culpabilidad; ésa es la tarea que les toca a los procuradores de la justicia, comprobar culpabilidades.

Urge hoy, por un sentimiento elemental de justicia y humanidad, examinar las cárceles; ver quiénes, de los ahí recluidos, son realmente inocentes. Eso lo saben tanto los mismos reclusos como los jueces, los policías y demás miembros del aparato judicial. A esos, injustamente encarcelados, urge que se les conceda la libertad, que no pasen ahí, a veces, los mejores años de su vida, encerrados injustamente por crímenes que se les imputan falsamente.

Urge, también, que haya escuelas de criminología para preparar de manera científica y profunda a investigadores profesionales, capaces de aportar pruebas fehacientes de culpabilidad o de inocencia; y que se abandonen los procedimientos inhumanos de las crueles torturas a fin de obtener forzadas confesiones que generan tantas condenas injustas.

Y esta consideración no sólo aplica a gobiernos y a miembros del Poder Judicial, sino que atañe a todos, porque de alguna manera somos también responsables de las injusticias, ya que si entre la mayoría del pueblo mexicano está arraigada la práctica de la injusticia, la mentira, la corrupción, el levantamiento de falsos testimonios, ¿cómo queremos que los gobernantes y jueces, que de este mismo pueblo emanan, sean un dechado de justicia y rectitud? Eso es imposible, pues como se señala en un refrán popular, muy gráfico y certero: “Lo que tiene la olla, saca la cuchara”. Por lo tanto, si un pueblo procede, en muchos casos, de esa manera torcida, estará más inclinado a tolerar las injusticias. Quizás hará agudos comentarios de los casos más escandalosos, pero en otros tomará la injusticia como algo ordinario o incluso humorístico y digno de risa, lo cual es una iniquidad.

No debemos olvidar todos, como creyentes, que hay un Juez Supremo que todo lo ve y juzga; que abundan, en las Sagradas Escrituras, las recomendaciones a los juzgadores terrenos para que apliquen la Ley con rectitud; que no se ensañen con el pobre sólo por serlo ni favorezcan a los ricos o se dejen sobornar por el poderoso otorgándoles impunidad, sino que a todos juzguen conforme a verdad y justicia, porque ellos también, los jueces, han de comparecer un día ante el Justo Juez para escuchar una sentencia inapelable, que determinará, como el de todos los seres humanos, cuál será su destino para la eternidad.

Que Dios los Bendiga.


Comments are closed for this post.

Comments

No Comments for this post yet...

    Sábado, 2 de junio

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Mayo 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031   

    Sindicación